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07/08/2019 07:20 CEST | Actualizado 07/08/2019 07:20 CEST

'Celtiberia Way': Lugares no lugares

Arquitectura efímera, la destinada a ser destruida después de su presentación.

Pabellón Alemán de Mies Van Der Rohe (Barcelona, 1929. Foto: Pepo Segura); Pabellón de La República de Josep Lluís Sert (París, 1937. Foto: Maqueta del Museo Nacional Reina Sofía de Madrid); Pabellón de España de Corrales y Molezún (Bruselas, 1958. Foto: Maqueta ekainj); Pabellón de Madrid de Alberto Campo Baeza (Guadalajara, México, 2017. Foto: César Béjar).

Arquitectura inasequible y emocionante. Arquitectura efímera, la destinada a ser destruida después de su presentación, tras el breve instante que permanece en pie para representar la idea que venía a transmitir con tan sólo su presencia. Como si de un espacio performativo se tratara. Efímero y memorable. Físico aunque irreal. Un lugar no lugar. 

El hecho creativo de la arquitectura tiene en este caso, el de la arquitectura efímera, algo de excitante y de trágico. La creación y su destrucción en un mismo proceso. Quizá sea por esta condición por lo que tiene tanto atractivo para los arquitectos y para el observador. Un espacio escenográfico total, de naturaleza casi teatral -o audiovisual-, para comunicar una idea, para actuar en una única función. Luego aplausos, telón -o fundido a negro- y silencio. 

Hay referentes muy cercanos de este tipo de creaciones, bien porque los tenemos aquí, a mano, o bien por recientes en nuestra memoria. Fueron, como todos, concebidos como arquitectura efímera: Pabellones como el Alemán de Mies Van Der Rohe en Barcelona (Exposición Universal 1929), el de La República de Josep Lluís Sert en París (Exposición Universal 1937), el de España de Corrales y Molezún en Bruselas (Exposición Universal 1958), y el de Madrid de Alberto Campo Baeza en México (Feria Internacional del Libro, Guadalajara, México 2017).

Exterior e Interior del Pabellón de Madrid en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México, 2017) (Fotos: César Béjar).
Exteriores e interiores del Pabellón de España en Bruselas en 1958 (Fotos: Reginald Hugo de Burgh Galwey, y otros autores).

En ocasiones estas obras sobreviven a su destino*: La Torre Eiffel de París y el Atomium de Bruselas, por ejemplo. O renacen para una segunda vida, como el Pabellón Alemán y su posterior réplica en los años ’80 en Barcelona con su actual actividad; el de La República, también reconstruido en Barcelona como espacio cultural; y el Pabellón de Madrid, trasladado ahora al centro artes escénicas de la Universidad de Guadalajara (México) como espacio denominado Foro de Madrid. 

De todas ellas, además de su legado, siempre queda alguna otra huella destacada: La silla Barcelona, también diseñada para el Pabellón Alemán por Mies Van der Rohe y la diseñadora Lilly Reich; la réplica del Guernica de Picasso en el Pabellón de La República, que ocupa el lugar donde fue colgado por primera vez en su historia el Guernica original, pintado a contrarreloj para la inauguración del pabellón, al que estaba destinado, y que a día de hoy puede ser vista en la visita al pabellón reconstruido en su actual ubicación; y la silla Torres Clavé, diseñada también para el pabellón original, son unos cuantos ejemplos de ello. 

Es importante comprender este ciclo vital en este tipo de creaciones arquitectónicas. Volver a ser ya ‘sólo’ una idea. Una representación, un ideal. Un ideal que ha de servir de inspiración para reformularse en el futuro, entonces sí, como una idea con una función inmortal. 

Exterior e interior del Pabellón de La República de 1937 en París (Fotos: colección MNCARS). Picasso fotografiado por su mujer Dora Maar pinta el Guernica en el estudio de la Rue des Grands Augustins de París (Foto: Colección MNCARS, Dora Maar). Exteriores (Foto: Dídac Guxens).
Exteriores (Fotos: Dídac Guxens) y biblioteca (Foto: UB) del Pabellón de La República en la actualidad en Barcelona. Silla Torres Clavé (Foto: ESdesign).
Vista exterior y espacios interiores del Pabellón Alemán de la Expo de 1929 de Barcelona en la actualidad, y silla Barcelona (Fotos: Pepo Segura).

Los edificios, y estos en particular, hablan y nos cuentas cosas. Cada uno de ellos nos cuenta una idea del mundo. Así, o les damos un lugar en el mundo, o los destruimos con todos los honores para dejarlos desaparecer en paz, con el fin de que no se diluya en su propio deterioro la idea que vino a contarnos. Como cualquiera desearía cuando acaba una función. Cualquier función. Aplausos, telón –o fundido a negro- y silencio. Inasequible. Efímero y memorable. Como un sueño. Lugares no lugares. 

*El Pabellón Alemán de la exposición Universal de Barcelona de 1929 diseñado por Mies Van Der Rohe fue desmantelado, sus partes metálicas vendidas in situ y el mármol transportado de vuelta a Alemania para ser reutilizado o vendido. (En los años 80 fue construida una réplica en su ubicación actual en Barcelona). El Pabellón de La República en París de 1937 de Josep Lluís Sert, reconstruido en Barcelona, funciona como biblioteca, sala de exposiciones y donde, al visitarlo, puede verse colgada la réplica del Guernica ocupando el lugar donde fue colgado el original, el lugar donde se vio por primera vez en su historia esta obra de Picasso. El Pabellón de España en Bruselas de 1958 de Corrales y Molezún, reconocido con el primer premio de arquitectura en la expo, medalla de oro, compitiendo con el Atomium, hoy símbolo de la ciudad de Bruselas, fue desmontado, trasladado y reconstruido, alterando su configuración inicial, y permanece abandonado y corroído en un rincón del antiguo reciento ferial de Madrid (en la Casa de Campo). El Pabellón de Madrid en la feria Internacional de Libro de Guadalajara, México, de 2017 de Alberto Campo Baeza se donó a la Universidad de Guadalajara, México, con el propósito de instalarlo en el Centro de Artes Escénicas de la UdeG, en Zapopan, frente a la Biblioteca Pública del Estado, con el nombre de Foro de Madrid. 

 

Este artículo forma parte de la serie ‘Celtiberia way’

Como bien sabemos en este rincón del planeta, en esta isla entre el atlántico y el mediterráneo, en esta aldea bárbara también conocida como Celtiberia, siempre se nos ha dado muy bien expresarnos artísticamente, probablemente nuestra mejor baza en los últimos dos mil años.

Así que una forma de observar el mundo que nos rodea podría ser a través de la mirada de los artistas, en cualquiera de sus formas de expresión. Que es mucho lo que nos puede contar de nosotros mismos.

 

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