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08/12/2019 08:54 CET

Las cifras detrás del supuesto aumento del consumo de heroína en España: "Una alarma sin fundamento real"

Entidades de referencia en la lucha contra la drogadicción piden no dejarse llevar por la "psicosis" y descartan que haya un repunte.

EFE

La muerte de una joven de 17 años en Coslada (Madrid) por sobredosis en las últimas semanas y la visibilización de los llamados ‘narcopisos’ en grandes ciudades han vuelto a poner la heroína en el punto de mira. De nuevo se habla de una droga que causó estragos en la España de los 80 y 90. Pero ¿qué hay detrás de ese miedo? Expertos y organismos especializados en lucha contra la drogadicción transmiten un mensaje tranquilizador: no hay ningún dato que muestre motivos para la alarma. Y piden no dejarse llevar por el pánico al pasado. 

El debate, sin embargo, enfrenta cifras con sensaciones. La Fiscalía de Madrid, en su Memoria Anual de 2019, reconoce “una problemática difícil de investigar” en relación al tráfico y consumo a nivel urbano. En concreto, señala que “los narcopisos se están extendiendo por todo Madrid”, citando varios distritos, “y ha comenzado a incrementarse alarmantemente el consumo de heroína”.

La “psicosis” de los años 80

Esa misma opinión la comparten vecinos de las zonas en riesgo, tanto en Madrid como en el barrio del Raval de Barcelona, escenario de numerosas trifulcas y operativos policiales relacionados con el tráfico de sustancias ilegales. “Estamos hartos”, repiten indignados. No tienen datos en los que apoyarse, solo su percepción. Y miedo, que también lo tienen. Sienten otra vez los ecos de lo que supuso la heroína en la España de finales del siglo XX. Miles de muertes y toda una generación consumida entre jeringuillas y cucharillas. 

Del otro lado están las cifras, enfrentadas a esa “psicosis” de la que hablan los expertos. La palabra clave la pronuncia Elena Presencio, directora general de Proyecto Hombre. Para ella, “la alarma puede deberse a una cierta psicosis asociada a la imagen de los años 80-90”. Pero, ¿de dónde proviene? Considera que “del impacto de noticias producidas en el exterior, como en EEUU, donde sí hay una verdadera pandemia capaz de generar efecto contagio en la opinión pública”.

Como ella, también mira más allá de nuestras fronteras la directora técnica de la Fundación de Ayuda contra la Drogradicción (FAD), Eulalia Alemany, quien habla del “caso de alerta que se vive en Reino Unido en relación a esta sustancia” como otro factor condicionante del pánico. Sin embargo, pide consultar los datos oficiales para no caer en el alarmismo: “La estadística muestra que ese temor no tiene fundamento real; el consumo de heroína está en mínimos históricos. Ningún estudio, como el recientemente publicado ESTUDES (Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España), evidencia el menor síntoma de repunte”, confiesa.

MINISTERIO DE SANIDAD
Cuadro de consumo de sustancias en ESTUDES

Desde el Ministerio de Sanidad la radiografía es idéntica. Marta Molina, directora del Observatorio Español de Drogas y Adicciones, habla del mencionado ESTUDES: “En él se recoge el testimonio de 38.000 estudiantes de entre 14 y 18 años. La tendencia es que la heroína desciende y su visibilidad es cada vez menor, está menos al alcance que hace años”. En concreto, solo el 0,8% de los encuestados reconoce haber probado esta sustancia en su vida, dato que se reduce al 0,3% en el último mes.  

Tampoco figura ningún signo de crecimiento en el otro referente estadístico del Ministerio, el llamado EDADES (Encuesta sobre Alcohol y Drogas en España), para la población de 15 a 64 años. La heroína apenas aparece consumida “alguna vez en la vida” por un 0,6% de los encuestados, en los mismos parámetros que las últimas dos décadas.

Hoy la heroína no es un problema real

El Ayuntamiento de Madrid, a través de la Subdirectora General de Adicciones, Beatriz Mesías, transmite la evolución descendente de la tasa de heroinómanos atendidos en su red de Centros de Atención de Adicciones. “En 2015 el 10,5% de pacientes nuevos para la red tenían como droga principal la heroína; en 2018 el número de pacientes nuevos que iniciaban tratamiento por heroína fue del 5,9%”.

Mesías, en cambio, sí entiende en parte la preocupación social por la imagen de los narcopisos en barrios y distritos de la capital. Se trata de puntos, aclara, “que ya fueron muy castigados por este problema en los años 80 y 90 con consecuencias muy graves para la salud”. Y refiere, en concreto, “los servicios puestos en marcha en San Blas-Canillejas, Latina (barrio de Caño Roto), Embajadores o Villa de Vallecas”, barrios deprimidos. Mismos que aparecen en la memoria anual de la Fiscalía.

En estos centros, aclara la subdirectora, se llevan a cabo “intervenciones de reducción del daño en personas consumidoras de drogas crónicas, muchas de ellas ya tratadas en la red, que acuden a estos barrios por el desplazamiento de los puntos de venta de droga al interior de la ciudad desde los poblados”.

Ningún dato evidencia el menor síntoma de repunte de su consumo

Las distintas voces consultadas por El HuffPost descartan la palabra maldita (“alarma”) cuando se habla de heroína, pero no cuando se trata de otras sustancias. Elena Presencio apunta al alcohol, “el gran problema de nuestro país”, al que “se le quita importancia por su imagen social y legal”.

No en vano, el 77′9% de los estudiantes confiesan consumirlo. “Y en Proyecto Hombre notamos un incremento en los pacientes atendidos por alcoholismo”. Por ello, pide, “no generar alarma sobre algo que no está en cuestión ahora como es la heroína, y sí hacia lo que es una realidad”.

Marta Molina transmite otra preocupación: el cánnabis, cuyo consumo sí ha subido en los últimos años (del 31% al 33% en dos años, según ESTUDES y del 31 al 35 en EDADES). “Ahí sí podríamos hablar de alarma social”.

El cierre es claro “Hoy la heroína no es un problema real”, mensaje compartido entre las cuatro responsables. ¿Y si hubiera ese tan temido repunte? Eulalia Alemany llama a la cautela: “España está súper preparada y el conocimiento de esta enfermedad es muy alto, no nos pillaría por sorpresa en ningún caso”.

"Pero la vigilancia sigue. No nos podemos confiar".

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