Cinco razones para ver 'Mare of Easttown'

La miniserie tiene como protagonista a Kate Winslet, pulcra y creíble hasta límites insospechados en su papel de Mare Sheehan, inspectora de policía en Easttown.
Kate Winslet en una escena de 'Mare of Easttown'.
Kate Winslet en una escena de 'Mare of Easttown'.

Aducir cinco razones para visionar esta miniserie es, como mínimo, una necedad, ya que a buen seguro cualquier espectador sería capaz de enunciar una decena de ellas sin pestañear. Mare of Easttown se ha convertido en el fenómeno de la temporada, en ese acercamiento a la realidad sin retoques que tanto nos gusta al público y que solo degustamos de cuando en cuando.

La miniserie, creada por Brad Ingelsby y dirigida por Craig Zobel para HBO, tiene como protagonista a Kate Winslet, pulcra y creíble hasta límites insospechados en su papel de Mare Sheehan, inspectora de policía en Easttown. Analicemos por qué esta producción es merecedora de toda loa que le sea otorgada.

1. Por su protagonista y su trama

La vida de Mare en una pequeña localidad de Pennsylvania es un auténtico caos. Hace años Kevin (Cody Kostro), su hijo mayor, se suicidó a causa de los trastornos psicológicos que sufría. Esto obligó a Mare a hacerse cargo de su nieto Drew (Izzy King), mientras la madre del niño ingresaba en rehabilitación contra la drogodependencia. El desgaste que supuso la pérdida de su hijo desembocó en que Mare y su marido Frank (David Denman) pusieran fin a su matrimonio. Una vez se hizo efectivo el divorcio, la madre de Mare, Helen (Jean Smart), se trasladó a vivir con ella y con su nieta Siobhan (Angourie Rice).

Por si la situación familiar fuese poco complicada, la profesión de Mare tampoco contribuye a darle tregua. Inspectora de policía, se ve envuelta en un caso de difícil solución, la muerte de Erin McMenamin (Cailee Spaeny), una adolescente madre de un bebé a quien todo el pueblo, absolutamente todo, ha visto la noche de su muerte. Mientras indaga quién puede ser el asesino, Mare deberá enfrentarse a un día a día repleto de responsabilidades, conflictos y juegos de culpabilidad, en el que nadie es bueno, pero en el que ninguno parece enteramente malo. Solo una mezcla perfecta de tiempo, astucia y humanidad darán con la clave.

2. Porque es una heroína real vs el “efecto Tomb Rider”

Hace tiempo que no sabemos distinguir realidad y artificio y, por ello, la existencia de Kate Winslet resulta altamente necesaria. Porque Winslet lucha contra lo que he tenido a bien denominar “efecto Tomb Rider”, es decir, el personaje femenino de altísimas capacidades físicas que, por algún grotesco giro de guion, parece concebido como hombre, pero acaba siendo interpretado por una mujer. Mare no abusa de estereotipos, ella es una mujer que necesita café, que se estropea un tendón si cae desde una altura o que se desgarra el brazo si es tiroteada. No es un superhombre, es una heroína de verdad. Cuando cruza un río lo hace fatigosamente, porque sabe, lo sabemos todos, que cruzar un río a pie y contracorriente es agotador. Su expresión, sus facciones y sus reacciones son enteramente lógicas, incluso avejentadas, sin un ápice de esa artificialidad tan habitual que nos saca de la historia.

“No es un superhombre, es una heroína de verdad”

3. Personajes que palpitan

Mare es dura y hermética, incluso frisa el desastre, pero no es una femme fatal. Pocos estereotipos audiovisuales son más dañinos que el de la mujer fatal, la embaucadora, la pérfida que engaña a los hombres y que, lo que es peor, los lleva por el camino de la perdición. Al igual que el de Mare, la serie está plagada de personajes femeninos buenos y malos, que se enfrentan a la vida real: que deben radiarse por su cáncer, que son viudas que soportaron lo indecible o divorciadas que no tienen una buena relación con sus madres. Hay mujeres engañadas que dan una segunda oportunidad a sus maridos y adolescentes impulsivas que, sin embargo, son símbolo de la maternidad responsable. En la variedad está el gusto.

Del mismo modo, la serie está repleta de personajes masculinos atractivos en su absoluta cotidianeidad. Trabajan, conversan, beben cerveza, conducen un SUV, se divorcian, se vuelven a casar; algunos quieren a su familia y otros no, todo con total normalidad. Obviamente, toda regla tiene su excepción, pero incluso los personajes masculinos más fascinantes están dotados de una naturalidad apabullante. Ese es el caso del detective Colin Zabel (Evan Peters), un joven comisario que toma el mando del caso y que, pese a su pulcritud, es capaz de regalarnos una escena de ebriedad emblemática en el interior de un bar. También excepcional es Richard Ryan (Guy Pearce), escritor y profesor universitario de ida y vuelta de todo que encuentra en una abuela inspectora una tregua a su vida.

4. Guion sin fisuras ni Deus ex Machina

La existencia de un juego de relaciones próximo a la vida real implica, irremediablemente, que el guion vire constantemente de dirección. Al tiempo que los personajes construyen la realidad, los espectadores somos conscientes de sus avances. No vemos más allá de lo que dicta el sentido común, de la información de la que disponemos y, lo que es más importante, de la lógica real. No hay un salvador in extremis ni una figura providencial de cuya intervención dependa la resolución final.

5. Bonus Track

Reducir esta serie a cinco puntos clave es un anatema, pero compendia los motivos por los que no se la deben perder. Pero si necesitan más argumentos, aquí se los ofrezco: la dirección fotográfica de Ben Richardson; el magnífico montaje de Amy E. Duddleston; el trabajo soberbio de los niños de la serie; la actual negociación de una segunda temporada y, por supuesto, la integración de todos los grupos humanos habidos y por haber de forma impecable.

Podría añadir más datos, pero Mare of Easttown es eso y mucho más: es una serie en la que cada capítulo se traduce en un sinfín de intrincadas relaciones humanas y todo lo que estas implican. Y no es poco.