INTERNACIONAL
24/05/2021 12:17 CEST | Actualizado 24/05/2021 22:46 CEST

Las claves del desplante de Bielorrusia a Europa con el arresto del periodista Protasevich

Lukashenko, el último dictador del continente, obliga a un avión civil a aterrizar en su capital por una falsa amenaza para detener a uno de sus opositores.

Aleksandr Lukashenko ha dado una bofetada inaudita a la Unión Europea con la detención del periodista crítico Roman Protasevich. El último dictador de Europa, en el poder durante los últimos 26 años largos, ha sobrepasado todas las líneas rojas: ha hecho aterrizar a un avión que iba de un país de la UE a otro país de la UE, con la excusa de una amenaza para la seguridad del vuelo, y se ha llevado a un informador que dejó claro a los demás viajeros, mientras se lo llevaban, que se enfrentaba a la pena de muerte. ¿Pero cómo va a actuar Europa ante esta osadía? ¿Qué caminos hay para pedir responsabilidades e impedir que se repita un caso así?

Los hechos

Domingo, 23 de mayo. Minks, capital de Bielurrusia. Un avión de la compañía Ryanair, irlandesa (también comunitaria, por tanto), aterriza en la ciudad, de emergencia. Hay una “potencial amenaza de seguridad”, según las autoridades locales, y es necesario interrumpir el vuelo, que tenía origen Atenas (Grecia) y debía llegar a Vilna (Lituania). El Boeing 737-800, una avión civil, comercial, fue escoltado a tierra por un caza de combate por orden directa del presidente bielorruso, Lukashenko, un dato que ha publicado la propia agencia de noticias oficial, dejando claro que quería que así se supiera. Una vez en tierra, los servicios especiales bielorrusos aseguraron que no habían encontrado explosivos en el aparato. 

Sin embargo, además de revisar los equipajes, los enviados del dictador se llevaron a seis personas: el periodista Roman Protasevich, de 26 años, en el exilio desde 2019, perseguido por “extremista”; la novia de este, y cuatro ciudadanos rusos más de los que no han trascendido datos. El arresto del reportero fue publicado por el Ministerio del Interior bielorruso en su canal oficial de Telegram, pero esa publicación ha sido borrada poco después. No hay más datos sobre su paradero y tratamiento. La Asociación de Periodistas Bielorrusos y la organización de derechos humanos local Viasna han confirmado el arresto y denuncian la ausencia de detalles sobre su estado o su capacidad para tener una justa defensa. 

Los demás pasajeros, 170 de 12 nacionalidades diferentes, viajaron a Vilna sin más incidentes tras siete horas de espera en la mista de Minsk. 

Por qué se persigue al informador

Protasevich fue director y uno de los fundadores de Nexta y Nexta Live, ambos canales de Telegram que han ayudado a movilizar a la oposición al presidente, especialmente en las manifestaciones que tuvieron lugar en el verano de 2020, cuando reventó el cansancio contra el líder, hasta ahora popular por su gestión económica, pese a sus violaciones en materia de derechos humanos. Si el primer canal tiene 1,2 millones de seguidores, el segundo supera los dos millones. Personas que pueden leer lo que se veta en su país. Peligroso. 

El detenido lleva viviendo en Lituania desde hace tres años y ha logrado el estatus de refugiado político. Sin embargo, en su país, se le busca por “organización de disturbios y acciones colectivas que vulneran gravemente el orden público” y por “cometer acciones deliberadas destinadas a incitar la enemistad social”. Por todo ello, podría pasar hasta 15 años preso. El periodista lleva meses en una lista negra elaborada por los servicios secretos de Lukashenko, donde se elevan informalmente las acusaciones a colaboración con actividades terroristas. 

Ahora se encontraba en Grecia siguiendo una visita de Svetlana Tijanóvskaya, el mayor demonio contra el dictador, la líder de la oposición, exiliada ella misma a Lituania para salvar su vida

Cómo lo han cogido

El arresto es completamente irregular y ahora mismo está rodeado de misterio. Diversos grupos opositores se hacen eco de mensajes que mandó el periodista a sus amigos, antes de embarcar en Grecia, en los que se mostraba nervioso porque notaba cómo un hombre que hablaba ruso le seguía por el aeropuerto y que había intentado sacar fotos a sus documentos. Rusia es el gran aliado con el que cuenta el régimen bielorruso, el que ha ayudado a Lukashenko a mantenerse en el poder y a perseguir a la disidencia. 

Los diarios lituanos, de donde ahora era ciudadano, están publicando los detalles más concretos del momento del arresto. Hablan de cómo Protasevich, cuando se dio cuenta de que habían aterrizado en Minsk, “entró en pánico”, que sacudía su cabeza “nervioso”, según el relato de los viajeros que sí llegaron sin más incidentes a destino. Otro pasajero ha contado a la agencia AFP que “no gritaba, pero estaba claro que tenía mucho miedo. Parecía que si la ventana hubiera estado abierta, habría saltado”. Sabía lo que se le venía encima. “La pena de muerte me espera aquí”, lo oyó decir otra viajera. 

Cuentan que buscó en sus bolsos un teléfono y un ordenador y se lo dio a la joven que lo acompañaba, pero al final ha sido identificada como su novia y detenida también, con lo que su previsión no ha servido de nada. Sus compañeros de Telegram confirman que le quitaron los privilegios para gestionar uno de los canales en cuanto supieron de su detención, para evitar que las fuerzas bielorrusas se hagan con información sensible. 

Qué se va a hacer

Ahora es el momento de actuar en una vía doble: la de los derechos humanos y la de la legalidad internacional. Los grupos opositores ya están tratando de lograr información sobre el terreno, de acceder al periodista, suministrarle un abogado y conocer su estado y los cargos que se le imputan, por más que sea complicado, casi imposible, en un país represor.

Y luego está la investigación de lo ocurrido, donde entra de lleno la UE y su reacción. Los líderes de la Unión Europea han aprobado este lunes nuevas sanciones a Bielorrusia y han pedido la “liberación inmediata” del periodista. 

En concreto, han prohibido el espacio aéreo comunitario a las compañías de Bielorrusia, así como prohibirles aterrizar en aeropuertos de la UE y han pedido a las compañías europeas que eviten sobrevolar sobre ese país. También se han comprometido a ampliar la lista de sanciones a Bielorrusia, que actualmente contiene a 88 personas y 77 entidades, entre ellas el presidente Alexandr Lukashenko. Esta nueva lista se deberá acordar “tan pronto como sea posible”, pidieron los Jefes de Estado y de Gobierno en sus conclusiones sobre Bielorrusia aprobadas en el primer día de la cumbre de dos jornadas que se celebra en Bruselas de forma presencial.

“El Consejo Europeo condena enérgicamente el aterrizaje forzoso de un vuelo de Ryanair a Minsk, Bielorrusia, el 23 de mayo de 2021, poniendo en riesgo la seguridad aérea y la detención por parte de las autoridades bielorrusas del periodista Román Protasevich y (su pareja) Sofía Sapega”, han dicho los líderes europeos.

Y pidieron también a la Organización Internacional de la Aviación Civil que “investigue urgentemente este incidente sin precedentes e inaceptable”. 

“Secuestro”, “inaceptable”, “escandaloso”, “ilegal”, son algunas de las palabras con las que mandatarios de la UE han definido esta crisis. 

Lo cierto es que la UE ya estaba “preparando un tercer paquete de sanciones contra el régimen de (Alexandr) Lukashenko en Bielorrusia” antes de este incidente, dijo a Efe el alto representante de la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, el viernes pasado.

El Ministerio de Asuntos Exteriores checo ha sido el más rápido en moverse, porque ha convocado este lunes a consultas al embajador bielorruso como forma de protesta. Reino Unido, ya fuera de la UE, y EEUU también han pedido explicaciones inmediatas. 

Qué sanciones hay ahora mismo

Desde octubre de 2020, la UE ha ido imponiendo de manera progresiva medidas restrictivas contra Bielorrusia. Dichas medidas se han adoptado en respuesta al “carácter fraudulento” de las elecciones presidenciales de agosto de 2020 y a la “intimidación y represión violenta” contra manifestantes pacíficos, miembros de la oposición y periodistas.

La UE no reconoce los resultados de las elecciones en Bielorrusia y las condena, “por no considerarlas ni libres ni limpias”, insiste la Comisión. 

El régimen de sanciones se aplica ahora a un total de 88 personas y siete entidades. Entre ellas figuran el presidente Lukashenko y su hijo y asesor en materia de seguridad nacional, Viktor, así como otros personajes clave del poder político y de la Administración del Estado, miembros de alto nivel del sistema judicial y varios agentes económicos destacados. “Las personas objeto de las sanciones han sido identificadas como responsables de la represión e intimidación contra manifestantes pacíficos, miembros de la oposición y periodistas a raíz de las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia, así como por conducta irregular del proceso electoral”, añade.

La duda es qué nuevas sanciones pueden ser paralizantes para que arrestos como el de este domingo no se repitan porque las aplicadas hasta ahora, claramente, han sido insuficientes. 

Lo que dice Bielorrusia

Para el régimen, todo es perfecto. “No cabe ninguna duda de que las acciones de nuestras autoridades competentes estaban en pleno cumplimiento con las normas internacionales establecidas”, ha dicho el portavoz del Ministerio de Exteriores de Bielorrusia, Anatoli Glaz, en un comentario publicado en la página web de la diplomacia bielorrusa.

El portavoz aseguró que el Gobierno podrá “garantizar plena transparencia y, si fuera necesario, aceptar expertos y mostrar todos los materiales a fin de descartar insinuaciones” de la comunidad internacional, adelantándose a las voces que piden cuentas desde Occidente. El Gobierno ha dicho que el hecho de que entre los pasajeros hubiera un “extremista” no influyó en la decisión de “ayudar al avión de pasajeros que informó de problemas”.

No hay constancia de que Ryanair avisase de problema alguno, por el momento. La aerolínea irlandesa señaló en un comunicado que la tripulación “fue notificada por el servicio de control de tráfico aéreo de Bielorrusia de una potencial amenaza de seguridad a bordo y fue instruida a desviar (el avión) hacia el aeropuerto más cercano, Minsk”.

Las autoridades de Bielorrusia han creado una comisión para investigar las circunstancias del desvío del avión, y pretende publicar “próximamente” el resultado de las pesquisas, dijo el Ministerio de Transporte a la agencia rusa RIA Nóvosti. Pero ya afirman cosas tan extrañas como que va a abrir una causa penal por el “hecho de informar falsamente a sabiendas del peligro” de una supuesta bomba. ¿Quién dio el aviso falso, si fueron sus autoridades las que forzaron el aterrizaje?

“Llama la atención la premura de declaraciones abiertamente belicosas de varios países e instituciones europeas. La situación se está atizando de un modo claro y directo. Es deliberadamente politizada, se escuchan acusaciones sin fundamento alguno (...)”, afirmó Glaz, quien acusó a la comunidad internacional de no querer “entender objetivamente” la actuación de Bielorrusia.

Rusia, por su parte, ha ya dicho que lo hecho, bien hecho está. Ha calificado de “brillante operación especial” el arresto del informador y en sus medios afines aplauden a un Lukashenko que “jugó de maravilla”, dicen sus comentaristas. 

La prensa, en la diana

Cientos de periodistas han sido detenidos y casi una veintena se encuentran en prisión desde el estallido de las protestas en la antigua república soviética, motivo por el que ha sido catalogado como el lugar de Europa más peligroso para la prensa por Reporteros sin Fronteras.

Esta semana fueron detenidos varios de los trabajadores y reporteros del popular portal opositor tut.by, cuyo acceso fue bloqueado en el marco de un caso penal por evasión de impuestos.

Según informó la prensa local, esta semana murió en extrañas circunstancias en prisión el conocido opositor Vitold Ashurok, que cumplía una condena de cinco años por participar en protestas contra Lukashenko.

Esta misma semana, Lukashenko promulgó una ley de seguridad nacional que amplía las facultades de la Policía y otras fuerzas del Estado, que podrán utilizar armamento militar para reprimir desórdenes masivos. 

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