INTERNACIONAL
13/05/2021 15:21 CEST | Actualizado 13/05/2021 18:46 CEST

5 datos para entender lo que está pasando entre israelíes y palestinos

La escalada comenzó en Jerusalén, se trasladó a Gaza y amenaza con convertirse en la peor guerra abierta desde 2014.

Anadolu Agency via Getty Images
Una madre besa a sus hijos, muertos en un ataque de Israel, en la morgue del hospital de Beit Hanoun, Gaza, el pasado 10 de mayo. 

Israel bombardea Gaza, las milicias palestinas lanzan cohetes sobre Israel, Jerusalén arde por los colonos y Al Aqsa. El bucle de violencia y dolor en Palestina e Israel es infinito. Más de siete décadas de enfrentamiento abierto que han marcado la historia de toda la región y la geopolítica de las grandes potencias y que sigue irresuelto, sin esperanza, con picos de violencia que nunca se sabe hasta dónde puede llegar. Otra ofensiva, otra intifada, otra guerra. Una bomba de relojería. 

En la oleada de las últimas semanas se han vuelto a superponer problemas crónicos: la ocupación, los lugares sagrados, los colonos, el ejército israelí y su poderío, las milicias armadas palestinas, el bloqueo de Gaza, el enorme cansancio de los civiles árabes, el tacticismo político en Tel Aviv. 

Estas son las claves para entender la nueva crisis, la más grave desde la guerra del verano de 2014. 

1) Primero fue Jerusalén

La ciudad triplemente santa fue el escenario de los primeros enfrentamientos, que han ido creciendo y extendiéndose. Dos hechos fueron las chispas sobre la paja seca de décadas: una nueva victoria colona y otra agresión a los derechos de los fieles musulmanes en pleno Ramadán. 

La Corte Suprema de Israel decidió que cuatro familias palestinas fueran desalojadas de sus casas -viviendas familiares, pasadas de generación en generación- en el barrio de Sheikh Jarrah. Ahora serán colonos judíos los que ocupen esas casas. No es un barrio más, sino un bastión de resistencia, donde los colonos judíos apenas habían entrado, zona simbólica donde en su día se instaló la efímera oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (nunca más se le ha dejado tener representación formal en Jerusalén) donde tienen sus oficinas organismos mediadores como el Cuarteto para Oriente Medio o legaciones diplomáticas ante Palestina como España. 

La estrategia de entrada de colonos en la zona supone un agujero más en el queso gruyer que es la ciudad, más de la mitad ocupada por Israel desde 1967. Y cuenta con el añadido de que en ella se encuentra la tumba de Simón El Justo, un sumo sacerdote de Israel. 

¿Pero cómo la justicia les quita la casa a unos y se las da a otros?

En 1948, en la primera guerra árabe-israelí, numerosas familias palestinas fueron expulsadas de ciudades costeras como Jaffa y Haifa (hoy Israel) y reubicadas en Sheikh Jarrah. Allí, recibieron casas a cambio de su condición de refugiados, en un acuerdo entre Jordania y la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA). Israel aprobó una ley, en 1950, que prohibía a los palestinos acceder a sus propiedades perdidas y, tras la victoria en 1967, añadió otra más que daba la posibilidad a los judíos de reclamar sus hogares en propiedad antes de 1948. Los judíos que han ganado el caso dicen que esa tierra era de sus antepasados y se la tienen que devolver. Unos 210.000 colonos israelíes viven hoy en Jerusalén Este, el sector palestino de la ciudad ocupada y anexada por Israel, donde aún viven más de 300.000 palestinos. 

La ejecución de esta decisión judicial ha sido aplazada precisamente por los incidentes que vinieron como reacción, pero eso no ha calmado los ánimos, porque en mitad de esa tensión, el 10 de mayo, se celebró también la Marcha de la Bandera, un evento nacionalista israelí que conmemora la ocupación del este de la ciudad. Y estamos ahora en la semana del aniversario de la independencia de Israel y de la llamada nakba, la catástrofe palestina que supuso aquel paso y el inicio de la guerra, en 1948. Todo se ha juntado para que la ciudad se tense. 

Pero es que, además, las autoridades israelíes, que mandan también en toda la ciudad vieja de Jerusalén, decidieron imponer limitaciones a las celebraciones de Ramadán. No es una medida anticovid, sino algo que sucede prácticamente en cada gran fiesta musulmana, limitando los accesos a la Mezquita de Al Aqsa, la más venerada, y añadiendo esta vez el cierre de la Puerta de Damasco, acceso principal al viejo barrio musulmán y lugar de encuentro diario para la comunidad. Esto provocó protestas que se sumaron a las que había contra los colonos y que se han cobrado más de 500 heridos y otros tantos detenidos. 

Lo que pasaba en Jerusalén, la intocable, que alberga el tercer lugar santo en importancia para el Islam (la Explanada de las Mezquitas) y el primero para el Judaísmo (el Muro de las Lamentaciones), encontró eco en medio mundo, con manifestaciones en París, Nueva York o Moscú, y también, obvio, en los otros territorios palestinos, Cisjordania y Gaza, donde se sucedieron las manifestaciones solidarias por parte de los palestinos. En la Franja, las milicias palestinas fueron a más. 

2) Gaza entra en juego

Los movimientos islamistas Hamás y Yihad Islámica comenzaron el mismo 10 de mayo a lanzar cohetes contra territorio israelí, en respuesta a lo que sucedía en Jerusalén. Los lanzamientos se fueron intensificando, lo que hizo que Israel, que tiene bloqueada la Franja desde hace 13 años, empezase a bombardear la zona como represalia. Se calcula que los milicianos han disparado unos 1.600 cohetes en este tiempo (de los que el 90% han sido interceptados por la Cúpula de Hierro que protege Israel y hasta 400 cayeron en la misma franja), mientras que las IDF, las Fuerzas Armadas de Israel, han lanzado cerca de 800 bombardeos en la llamada Operación Guardián de los Muros.

El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, aseguró que Hamás, en el poder en la Franja de Gaza desde 2007, había cruzado una “línea roja” al disparar cohetes hacia Israel, y prometió una respuesta contundente. “Si Israel quiere una escalada, estamos preparados y si quiere detenerse, también estamos listos”, respondieron los islamistas, que están demostrando un poderío importante, capaz de mantenerle el pulso a la gran potencia armamentística que tiene enfrente.

Pese a que Tel Aviv sostiene que sus objetivos eran cabecillas de los grupos armados palestinos, se calcula que al menos el 60% de los 67 muertos registrados hasta ahora en Gaza son civiles, entre ellos, 17 menores de edad. Hay 388 heridos, más de cien de ellos niños. Se han dañado hasta escuelas de Naciones Unidas. Hay 350 viviendas destruidas o gravemente dañadas, cientos más con daños moderados y 1.750 personas desplazadas, según la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU

En Israel, los muertos por los cohetes son ya siete, un militar y seis civiles, entre los que hay dos menores. Las alarmas por cohetes han saltado en todo el centro y sur del país, lo que ha obligado a al menos tres millones de personas a ir a los refugios que tienen en sus casas o bloques. 

Las IDF evalúan este jueves la posibilidad de iniciar una invasión terrestre, algo que elevaría notablemente las víctimas en Gaza y que no se lleva a cabo desde la operación Margen Protector, de 2014. Hamás dice estar dispuesto a una tregua, pero no así Israel. Medios como EFE y AP han informado de que una delegación de seguridad egipcia acudió ya este miércoles a la Franja de Gaza, en una visita breve, en la que se reunieron con las facciones palestinas con el objetivo de llegar a un alto el fuego. Históricamente, Egipto ha sido un buen mediador entre las dos partes. El país se quedó con Gaza tras la guerra de 1948 y la perdió en 1967, pero acabó firmando la paz con Israel en 1978. 

En Cisjordania son ya tres los jóvenes muertos palestinos por disparos tras atacar con piedras a soldados israelíes durante las protestas. 

3) Salto a las ciudades mixtas

Esta nueva ofensiva trae una crisis desconocida: está provocando altercados en el interior del propio Israel, en ciudades mixtas, con población judía pero también árabe. Ahora mismo, hay aproximadamente 1,8 millones de árabes israelíes. 

Las imágenes de la ofensiva en Gaza y, sobre todo, de Jerusalén sublevada, han llevado a estos ciudadanos, que siempre se han sentido maltratados, de segunda, a levantarse junto a sus parientes palestinos. “Eso es más grave que la amenaza de Hamás”, resume el exjefe del estado mayor, actual ministro de Defensa y líder del partido Resiliencia, Benny Gantz.

Grupos de judíos y de árabes israelíes se están enfrentando entre sí y con las fuerzas de seguridad, con quema de vehículos y templos, especialmente en la ciudad de Lod, donde una tercera parte de la población es árabe. Un árabe ha muerto ya tiroteado y hay un herido grave. “Es la primera vez que hemos visto a residentes locales utilizando armas, abriendo fuego, y la respuesta de nuestras unidades ha sido utilizar fuego real también para evitar que nadie muriera”, ha reconocido el portavoz de la policía, Mickey Rosenfeld.

Justo en esa ciudad, un padre de 52 años y su hija de 16 murieron cuando un cohete palestino disparado desde Gaza impactó en el vehículo en el que viajaban. Árabes israelíes muertos por un compatriota. Las vueltas y revueltas de este conflicto. Interminables. 

4) Llueve sobre mojado

No hace falta nada mucho para que en esa tierra cansada surjan brotes de violencia. A los hechos concretos de Jerusalén y Gaza se suman más de 70 años de contienda, abierta o soterrada, y peor aún, más de 20 años de proceso de paz fracasado, que apenas ha arañado cambios, y que ha cuajado en un statu quo beneficioso para Israel. Con el muro que separa Cisjordania y el este de Jerusalén cesó el terrorismo de los 90 y primeros 2000, sigue ocupando la capital y en el 62% de Cisjordania manda Tel Aviv, sin poder alguno de la Autoridad Nacional Palestina.

Las colonias siguen creciendo, en ellas residen unos 600.000 judíos de forma ilegal según el derecho internacional, el problema de los refugiados sigue sin resolverse -hay cinco millones en el mundo, la mayor diáspora desde la Segunda Guerra Mundial hasta que estalló la guerra en Siria-, y no hay visos de una solución de dos estados, pese a que la mayoría del mundo reconoce a Palestina como uno de pleno derecho y es observador ya en Naciones Unidas.

A ello se suma la anulación reciente de las elecciones en Palestina, que se iban a celebrar el 22 de mayo, primeras en 15 años. El presidente Mahmud Abbas -de 85 años, sin relevo claro, sin tirón popular- ha alegado a los impedimentos planteados por Israel para votar en Jerusalén Este. Los ciudadanos quieren votar y cambiar a sus ancianos líderes.

En el lado israelí, el cálculo político que echa mas leña al fuego: Netanyahu, procesado por corrupción, que hace una semana tuvo que rendirse porque no es capaz de formar una coalición para gobernar, sabe que no puede dejar su cargo de primer ministro en funciones mientras las espadas estén en todo lo alto, mientras comande una operación militar a gran escala. Todo lo que desgaste al adversario, el experiodista Yair Lapid, le sirve para ganar tiempo y rehacerse, si es que vienen otras elecciones en las que competir. 

5) Lo que dice la comunidad internacional

Tras días de incomprensible silencio, Naciones Unidas y la Unión Europea han pedido “calma” para evitar una “guerra a gran escala”, usando esa fórmula clásica de mostrar su “profunda preocupación”, que no compromete a nada y es ya un chiste para los oídos de los ciudadanos en Oriente Medio. 

El enviado especial de la ONU para el Medio Oriente, Tor Wennesland, fue más claro, pidió que se detenga de forma inmediata los enfrentamientos. “Detengan inmediatamente los disparos. Esta escalada se dirige hacia una guerra a gran escala. Los líderes de todos los bandos deben comprometerse con una desescalada. Una guerra en Gaza sería devastadora y la gente pagaría el precio”, dijo en Twitter.

Los miembros del Cuarteto de Oriente Medio (la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia) habían expresaron el sábado su “profunda preocupación” por la violencia en Jerusalén, horas después de que más de 200 personas resultaran heridas en enfrentamientos. Sin más. 

Mientras, EEUU ha impedido en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución o pronunciamiento de condena (o solidaridad, siquiera), pero sí que ha llamado a los líderes de los dos Gobiernos, con distinto rasero: ha mandado a su secretario de Estado, Antony Blinken, a hablar con el presidente palestino, Mahmud Abbas, y condenar los lanzamientos de cohetes, mientras que ha sido el propio presidente Joe Biden el que ha telefoneado al primer ministro israelí Netanyahu para decirle que están con ellos. Apoyo “sin fisuras”, dijo. “Mi expectativa y esperanza es que esto concluirá más temprano que tarde”, dijo Biden, quien no explicó las razones de su optimismo.

Sólo se mueve la Corte Penal Internacional: su fiscal general está vigilando lo que está aconteciendo en Gaza, Cisjordania y el Este de Jerusalén, tras mostrarse competente para investigar crímenes de guerra en la zona

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