Le va mejor a los mentirosos y otras ocho verdades sobre las mentiras

Según uno de los mayores expertos de España en comunicación no verbal.
Varias marionetas de Pinocho, el personaje mentiroso de los cuentos.
Varias marionetas de Pinocho, el personaje mentiroso de los cuentos.

Todo el mundo miente pero pocos conocen las señales de la mentira. Si hay alguien experto en ellas ese es José Luis Martín Ovejero, experto en análisis del comportamiento no verbal. Entre otros méritos, se ha formado en detección de la mentira, por los responsables de las unidades de Análisis de Conducta de Policía Nacional y Guardia Civil y es capaz de leer a los políticos solo por sus gestos, como hizo hace unos días con Pedro Sánchez en su breve conversación con Joe Biden.

En Miénteme... si te atreves, libro que ha visto recientemente la luz, recopila algunas claves para conocer las señales de engaño y detectar así a los mentirosos. El experto comparte con El HuffPost algunas de ellas y derriba algunos mitos de lo más arraigados.

Que la persona no mire a los ojos no quiere decir que mienta

Esas frases tan comunes como ‘si no mira a los ojos’ o ’si mira hacia un lado es que la persona está mintiendo son tópicos muy extendidos que “hay que desterrar completamente”, en opinión de Martín Ovejero. “Han hecho mucho daño por ejemplo a la gente tímida a la que le cuesta mantener una mirada directa”, agrega.

Como apunta, hay más de 30 años de investigación acerca de si desviar la mirada hacia arriba y hacia un lado está asociado a la mentira pero “no existen resultados concluyentes”. De hecho, es algo que se suele hacer a la hora de intentar recordar algo “porque el cerebro necesita concentrarse” y así aparta su atención de la persona que tiene delante.

Tampoco si se cruza de brazos

“Este es el mayor tópico sobre comunicación no verbal”, sostiene este experto acerca de si cruzarse de brazos significa un rechazo o una barrera. No hay investigación científica que lo respalde y puede ser incluso “una postura de comodidad”, por ejemplo, cuando una persona está sentada en una silla sin reposabrazos.

Sí admite que hay “tópicos con fondo de verdad”. En lo que hay que fijarse es en la reacción del cerebro ante un estímulo externo, como por ejemplo “si en una entrevista de trabajo el candidato está sentado tranquilamente con los brazos en los de la silla y cuando le hacen una pregunta muy incómoda o que le intimida se cruza de brazos”. Ahí sí hay un cambio de actitud que quizá esconda algo más, aunque no hay que olvidar que “el análisis es más complejo que lo que algunos defienden”.

Y si insiste en un “te juro que es verdad”, depende

“Tenemos que partir de cuáles son los patrones habituales de comportamiento y lenguaje de la persona”, expone Martín Ovejero. “Si la persona normalmente cada cuatro palabras intercala un ‘te lo juro’, no le daría más importancia. Pero si nunca lo dice y para reforzar una afirmación de la que cree que puedes dudar, utiliza este refuerzo de la credibilidad, ojo”, explica.

“La clave es la ruptura de patrones”

“Si además de ésta se encienden muchas alertas, vamos a tener cuidado”, aconseja. “La clave es la ruptura de patrones. El cerebro actúa de una determinada manera y, cuando la rompe, hay un porqué”, sostiene.

La mentira es contagiosa

Martín Ovejero pone el ejemplo de cuando, hablando con alguien, detectamos un engaño, como contarnos que estuvo en el cine en un momento en el que le vimos en una tienda, y luego dice que no vio a tal persona pero nosotros sí sabemos que estuvo con ella, el cerebro ‘caza’ esos engaños y piensa “si tú me engañas asiduamente y sin pudor, cuando me preguntes alguna cosa comprometida para mí, pues miento”.

Dicho de otro modo, la persona que ve que le están colando mentiras, se siente más liberada para soltárselas al otro.

Le va mejor en la vida a los mentirosos (pero con matices)

“Hay estudios sobre las relaciones sociales y las personas mentirosas, sobre todo en el caso de las mentiras benevolentes, que señalan que les suele ir mejor”, apunta.

“Imagina una cita a ciegas de ocho o nueve personas. ¿Quién cae mejor, el que si dices ‘me encantan los helados’ te dice ‘a mí también’ y entabla conversación sobre ellos aunque no le gusten o el que responde ‘a mí no, y además engordan’?”, plantea el experto.

“Entre uno y otro triunfa, en líneas generales, el que hace que fluyan las relaciones sociales”, añade. Como recalca, no es el caso de “mentirosos profesionales”, sino de esas personas que dicen alguna mentira que no va a ninguna parte pero hacen que fluya esa interacción social.

Mienten más los extrovertidos

En comparación con los introvertidos, los extrovertidos suelen ser más mentirosos, pero por una cuestión de probabilidad. “Es como cuando dicen que los políticos mienten más. Rompo una lanza: es que son los que hablan más”, señala.

“Cuanto más hablas, más fácil es meter algún engaño. ¿Quién es más fácil que rompa una ventana, el que tira tres veces con el balón o el que está todos los días varias veces dando pelotazos?”, compara.

Al mentiroso se le desenmascara con preguntas

Cuando sospechemos que nuestro interlocutor está mintiendo, Martín Ovejero recomienda una estrategia de dos pasos: “Primero, escucho, escucho, escucho y no interrumpo. Presto atención y valoro, veo si hay contradicciones, en qué puntos incide, cuáles pasa por alto, y me fijo en las señales del lenguaje y del comportamiento de las que hablo en el libro”.

En segundo lugar, hay que tomar la iniciativa: “Empezamos a preguntar. Lo que más teme un mentiroso son las preguntas porque le sacan de la zona de confort”. El cerebro, como tiene que construir la historia, trabaja mucho más “y trabaja mal en multitarea porque no parte de un recuerdo”. Construir esa historia en la que le pueden pillar “tiene un plus de esfuerzo cognitivo pero también emocional: va a dejar esas señales de engaño”.

Portada de 'Miénteme... si te atreves'.
Portada de 'Miénteme... si te atreves'.

En definitiva, y como le gusta decir: “La verdad no le teme a las preguntas. La mentira sí”.

Los polígrafos pueden funcionar (y no)

En su opinión, todo suma, y no les da ni una fiabilidad del 0% ni del 100%. Como recuerda, el polígrafo funciona mejor en la medida en que la persona sometida a esa prueba la tema. La máquina no detecta en sí la mentira, pero sí cambios fisiológicos si la persona de repente tiene un pico de palpitaciones, por ejemplo, en alguna pregunta que le ponga en aprietos.

“La verdad no le teme a las preguntas. La mentira sí”

“El que llega y dice ‘valiente tontería, no sirve para nada’ no tiene miedo a la prueba” y por tanto puede salir indemne pese a que mienta.

Mentimos más y mejor con mascarilla

El experto bromea con lo mucho que le preguntan acerca de si se ha quedado sin trabajo desde que tenemos que llevar mascarilla, puesto que “lo más fiable en la detección de mentiras es el rostro”.

La mascarilla cubre la mitad del rostro, pero éste “de nariz para arriba dice mucho” y da mucha información. Como señala, los estudios aseguran que se miente más y mejor con mascarilla, porque “las personas se sienten más protegidas y que es más difícil ser pilladas”.

No confíes en tu cerebro nunca más