Cómo lograr dormir a tu bebé sin llantos

Los consejos de tres asesoras del sueño infantil para que tu hijo duerma mejor.
Un recién nacido llorando.
Un recién nacido llorando.

Por sus ojeras los conocerás. Y por sus miradas de envidia a otros padres que pasean bebés profundamente dormidos en sus carritos. Y por su historial en Google de madrugada, buscando todas las explicaciones posibles a por qué sus hijos no duermen y métodos para lograr que concilien el sueño, desde el Estivill al oompa loompa.

Muchos padres, sobre todo primerizos, se enfrentan a una bofetada de realidad cuando su retoño, al que imaginan que se le caerán los párpados y empezará a bostezar cuando quiera acostarse en esa cunita que con tanto cariño le han comprado en realidad, en lugar de dormir, muta en un gremlin que, o bien se vuelve hiperactivo o bien se pone a llorar escandalosamente.

Evitar llegar a ese punto en el que el niño se pasa de rosca es posible si se sabe cuáles son sus ventanas de sueño, un concepto que muchos padres desconocen.

Si es la primera vez que escuchas esa expresión, tres expertas en sueño de bebés dan las claves de qué son y cómo manejarlas.

Qué son las ventanas de sueño

Las ventanas de sueño hacen referencia al “tiempo que un bebé o niño pequeño puede permanecer despierto entre siesta y siesta. Son muy importantes para saber el momento idóneo en el que tienen que dormir”, define Olga Sesé, de BabyREM Coach.

“El objetivo de controlar el tiempo de vigilia es conseguir que el bebé se quede
dormido rápidamente y con el menor llanto posible”, apunta Amelia Hunter, de Baby Sleep Solutions.

Como recuerda Ana Planelles, de Ducha, cena y a dormir, “son rangos que se van aumentando a medida que crecen”: “Cada edad tiene su rango, pero cada bebé es un mundo, no tiene por qué tener la misma ventana siempre ni igual que la de el bebé de su clase de la misma edad”.

Por ejemplo, un recién nacido no aguanta más de 45 minutos o una hora sin dormir, por lo que mantenerlo despierto más allá puede ser sinónimo de drama. Según van cumpliendo meses los bebés van ‘aguantando’ más despiertos hasta solo necesitar una siesta o ninguna al día.

“Es importante que el bebé no supere las ventanas de sueño que le toca por edad. Si nos pasamos, el bebé comenzará a general cortisol y esto quiere decir que se sobreactivará, estará más irritable y le costará más dormirse”, advierte Sesé.

También es posible que el niño concilie el sueño de una manera rápida pero se despierte “antes de tiempo, llorando, enfadado e irritable” si ha estado despierto tiempo de más, agrega Hunter. Por eso, conocer sus ventanas de sueño “ayuda a conseguir una sincronización para que el peque pueda dormirse con facilidad y calma”.

Cómo saber si el bebé tiene sueño

No todos los bebés expresan que tienen sueño como a sus padres les gustaría, pero sí muestran ciertas señales de cansancio que dan una buena pista de que sería hora de iniciar una siesta o acostar por la noche. Algunos ejemplos pueden ser, como cita Sesé, frotarse la cara, tocarse las orejas o lloriquear.

Planelles —que señala que ayudan mucho porque “acostar a un bebé cuando su cuerpo lo pide es mucho más sencillo”— divide las señales de sueño en tres tipos, según su ‘urgencia’:

Las tempranas: Cejas rojas, inactividad, cansarse rápido de un juego, bizquear si son muy pequeños, mirada perdida. Indican que unos 20 minutos después el bebé debería estar dormido.

Las inmediatas: Primer bostezo, rascarse los ojitos, las orejas, buscar el pecho o los brazos, estar medio mimosos o quejicas. El bebé debería dormir en cinco minutos.

Las tardías: Son las más fáciles de identificar. Se ponen tensos, lloran, no encuentran cómo estar cómodos, no quieren nada. El bebé debería haber estado durmiendo hace un tiempo.

Hunter las divide de manera parecida, según la “intensidad” de esas señales de sueño:

Nivel 1 o “Estoy cansado/a”: mirada fija y perdida, cejas rosadas, párpados
enrojecidos.

Nivel 2 o “Estoy preparado/a para dormir”: bosteza, se frota partes de la
cara como los ojos o la oreja y algunos bebés empiezan a mostrar signos de irritabilidad.

Nivel 3 o “Estoy pasado/a de vueltas”: irritabilidad acompañada de llanto,
arquea la espalda, estira las piernas y nada parece ayudar a entrar en un estado de calma.

¿Y si, según las ventanas, le tocaría dormir pero no hay manera?

Esto es algo común en bebés y niños hipercansados. “Su sistema nervioso está en estado de alerta”, explica Hunter.

“Si es por la noche, hay que mantenerse firme con la decisión y acompañarle y ayudarle hasta que se duerma. Si es una siesta, intentarlo por un rato, si no es posible, se terminó la siesta y se vuelve a intentar al ratito, si no quiere dormir esa siesta tampoco, ya no hay, esperar a la siguiente”, sería el modo de proceder de Planelles, que recomienda además crear un ritual previo a dormir para que el bebé vaya anticipando lo que va a ocurrir.

Sesé optaría por “retrasar o espaciar la ventana de sueño 30 minutos y si pasado 30 minutos de volver a intentarlo no lo conseguimos de ninguna de las maneras, nos la saltaremos y pasaremos a la siguiente”. “Si la siguiente fuera el momento de ir a dormir por la noche podríamos adelantar la hora de ir a la cama”, añade.

¿Y si el bebé da señales de querer dormir pero no es su hora?

Parece la cuadratura del círculo, pero además de esas ventanas de sueño hay que tener en cuenta si las siestas del bebé “han sido muy cortas o poco reparadoras”, aconsejan desde Ducha, cena y a dormir. “En ese caso habría que respetar las señales. Las ventanas de sueño suelen tener un margen de un par de horas, así que es fácil estar dentro de ellas”, añade.

“Si ya está llegando la hora y muestra muchos signos de sueño, es preferible seguir su ritmo biológico y ponerlo a dormir”, coinciden desde BabyREM Coach.

También puede ser un signo de que el sueño nocturno es muy fragmentado, advierte la asesora de Baby Sleep Solutions: “Es algo que solemos ver en casos de bebés con una privación de sueño que les ha llevado a un estado de hipercansancio y a cierto desequilibrio del sueño, con lo que seguir un horario marcado por sus periodos de vigilia es muy complicado”.

¿Hasta qué edad hay que guiarse por las ventanas de sueño?

“Son muy útiles hasta que dejan la siesta”, resume Hunter. Eso sí, cuando ya no la duerman “sigue siendo importante respetar las horas totales de sueño en las 24 horas del día para procurar que sus necesidades de descanso se cumplan”.

Como subraya, los niños no suelen dejar la siesta sin más, sino que muchos necesitan dormirla puntualmente durante un tiempo hasta que desaparece por completo, algo que suele suceder entre los tres y cuatro años.

Bebés y padres haciendo la siesta