POLÍTICA
23/05/2020 09:10 CEST

Cómo la crisis del coronavirus ha cambiado a la casa real

Zarzuela intensifica y adapta su comunicación para mostrar cómo los reyes siguen el desarrollo de la pandemia de covid-19.

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Felipe VI y Letizia conversan el pasado 27 de marzo con los representantes de Cermi.

La crisis del coronavirus ha trastocado la vida de los reyes. Felipe VI y su familia pasan los días confinados en los 3.000 metros cuadrados del Pabellón del Príncipe, la mansión donde viven dentro del complejo de Zarzuela. Su trabajo también ha añadido el prefijo ‘tele’. Basta echar un vistazo a la cuenta oficial de Twitter para comprobarlo.

Fuentes de la casa real se afanan en explicar que los reyes también están sujetos a las restricciones de movilidad. No pueden salir a la calle con total libertad: “Ni ellos, ni nadie”. Por eso, Felipe VI ha encontrado en las videoconferencias un buen aliado para seguir con su trabajo. “También en el teléfono, pero ha funcionado mejor la videoconferencia para estar en contacto con la realidad”, precisan esas fuentes. 

Los huecos en la agenda de Felipe VI y Letizia se ocupan “por demanda social”. Es decir, son instituciones, administraciones y sociedad civil quienes, habitualmente, piden encontrarse con los miembros de la familia real. Ahora, según la casa, el virus ha puesto todo “patas arriba”. Casi como la agenda que mantienen y que les ha llevado a saludar a personas tan dispares como el cantante David Bisbal, empresarios o deportistas como Rafael Nadal y Pau Gasol.

Los reyes han contactado en menos de dos meses con Cruz Roja, Mercamadrid, UGT, CC OO, CEOE, ministros, presidentes autonómicos y alcaldes, directores de hospitales, ONCE, Asociación Española Contra el Cáncer, Salud Mental España, Unicef, Cofradías de pescadores gallegas, Cáritas, Asociación de Mujeres Víctimas de Trata y Explotación Sexual y un largo etcétera que completan más de 200 organizaciones.

Felipe VI y Letizia se acercaron este jueves de madrugada a las instalaciones de Mercamadrid. Ambos salen cada vez más de palacio, ataviados con guantes y mascarilla, según el país va recobrando el pulso en plena pandemia. Mientras estuvieron en la mayor plataforma de distribución y comercialización repartieron saludos con los codos. Incluso el rey emuló a su padre soltando algún chascarillo a un empleado.

“Esta institución va acompasada con la sociedad. Y desde el minuto uno, los reyes están en eso. No hay actos de otro tipo. Ni hubiera sido posible ni deseable hacer otras actividades más que estar en esto”, cuentan fuentes de casa real.

La Guardia Real se puso a disposición del Ministerio de Defensa y se integró en la Operación BalmisUna fuente de Zarzuela

“Esta crisis obliga a los reyes a estar en su residencia y eso ha limitado sus actividades bastante. La epidemia ha impedido que hicieran un viaje de Estado a EE UU previsto en abril. Su agenda, que está bastante llena de actos institucionales, se ha visto interrumpida. Lo único que han procurado es sustituir esos actos en los que salían y viajaban por unos contactos que mantienen durante todo el día con los sectores más implicados y afectados por la pandemia. Han celebrado videoconferencias y han entrado en contacto con sectores estratégicos de todo tipo”, resume la periodista especializada en casa real Carmen Enríquez. 

La avalancha de citas por videoconferencia en la agenda tuvo un momento cumbre el 26 de marzo: la visita ‘sorpresa’ del rey al hospital de Ifema para agradecer el trabajo de todo el personal, médico y técnico, que hizo posible el funcionamiento del centro por el que han pasado más de 3.000 pacientes afectados por el virus. Fuentes de casa real salen al paso de las críticas que ha recibido el rey “por no visitar enfermos”. Y explican que el rey no puede hacerlo, igual que no pueden hacerlo sus familias. 

Los cambios en el personal

El círculo que acompaña a los reyes en palacio también está afectado por casuísticas parecidas a las del resto de españoles. “Laboralmente nos hemos acogido a lo que afecta a todos lo demás: teletrabajo y cambio de labores”, precisan fuentes de casa real.

El rey decidió que los equipos de seguridad que le siguen, compuestos por guardia civil y policía nacional, prestaran servicio junto a sus compañeros en labores de ayuda. “La Guardia Real se puso a disposición del Ministerio de Defensa y se integró en la Operación Balmis”, explica Zarzuela. El resto de personal que trabaja para la casa del rey, como los responsables de protocolo o de administración, sigue su trabajo desde casa y prepara los contactos diarios del rey.

GTRES
Los reyes en videoconferencia los destacadas científicos el pasado 29 de abril.

“Problemas de comunicación” 

La periodista Carmen Enríquez asegura que para la casa real es complicado demostrar la utilidad de la institución en esta crisis: “Es un reto muy difícil para ellos demostrar ser útiles. Si trascendiera qué están haciendo los reyes... qué han abordado, sería diferente. Pero ha habido una falta de comunicación. No ya por Zarzuela, sino por los medios, que no han recogido casi nada”.

La experta en comunicación política e institucional Verónica Fumanal, exasesora de Pedro Sánchez —antes de que fuera presidente del Gobierno— y del exlíder de Ciudadanos Albert Rivera —antes de que abandonara Cs—, coincide y considera que la manera en que el rey se dirige al público es “del siglo pasado”.

Fumanal compara en seguida la comunicación de la casa real con la de otras monarquías europeas. Y cita a la princesa sueca Sofía Hellqvist, de 35 años y casada con el heredero Carlos Felipe de Suecia, y cómo ha consolidado su popularidad tras enfundarse un mono azul de enfermera para trabajar en el hospital de Estocolmo y ayudar a atender a los enfermos de coronavirus. 

En España, la princesa de Asturias, Leonor de Borbón, de 14 años, apareció junto a su hermana, la infanta Sofía, un año menor, en un vídeo animando a los niños que habían perdido a sus abuelos por culpa de la covid-19. “No hace falta ser mayor para darse cuenta de la enorme dificultad”, dijo Sofía de Borbón.

El vídeo de las hijas de los reyes llegó después de que se viera casi un mes antes a los hijos de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton aplaudiendo a los sanitarios

El problema es que la casa real publicó el mensaje de las menores el pasado 23 de abril a las 20.00, justo cuando la mayoría de los españoles aplaudían en ventanas y balcones al personal sanitario que está en primera línea.

El vídeo de las hijas de los reyes llegó, además, después de que se viera casi un mes antes a los hijos de Guillermo de Inglaterra y Kate Middleton, y los de Eduardo de Inglaterra, aplaudiendo a los sanitarios en Nortfolk. Una estampa que se publicó en Instagram y que desprende más espontaneidad que la de Leonor y Sofía de Borbón.

La casa real británica ha sido pionera en la forma en la que se ha dirigido a los ciudadanos. Isabel II retransmitió por primera vez en televisión su coronación, en 1953. Más de medio siglo después la soberana británica se ha estrenado en las pantallas de Piccadilly, en Londres, donde hasta el 19 de abril los pocos londinenses que paseaban por la ciudad se han topado con la reina y tres fragmentos del discurso que la soberana dirigió al país por la pandemia.

Solo en Twitter

Zarzuela solo tiene perfil oficial en Twitter y la crisis del coronavirus ha excitado la cuenta de Felipe VI y su familia. La catarsis que ha provocado la pandemia está trastocando la comunicación de la casa real, dirigida a mostrarse útil ante unos ciudadanos que, en algunos casos, dedicaron una estruendosa cacerolada al rey la noche que dirigió su mensaje a los españoles.

@CasaReal parece un álbum de fotos. Casi cada día refleja el trabajo de los reyes con instantáneas. Un chequeo de la cuenta en una plataforma de medición —Burrrd— desvela cómo a pesar de que se abrió en 2014, año en que abdicó Juan Carlos I, “hospital”, “videoconferencia”, “fundación” y “visita” se han colado entre las 20 palabras más utilizadas en todo este tiempo por la casa real la red social.

En enero la casa real publicó 78 tuits frente a los 133 de abril. El incremento, del 70,51%, es la diferencia entre un mes sin crisis sanitaria y otro con un país enfrentado a una emergencia sin precedentes desde la Guerra Civil. Y eso ha tenido una repercusión. #EsteVirusNoNosVencerá, #LaUniónHaceLaFuerza #Covid19 se han colocado por delante de #MensajeNavidadRey o #COP25Madrid como las etiquetas más usadas en casi seis años de reinado en la red social.

La publicación con más impacto en estos años (27.600 me gusta) es una del pasado 24 de marzo en la que @CasaReal anunció la llegada de 50.000 tests de detección del coronavirus que prometió Jack Ma, el presidente del gigante chino del comercio Alibaba, a Felipe VI tras conversar por teléfono.

La familia real española, sin embargo, “empezó esta crisis con otra que sacudió aún más su debilitada imagen pública”, explica Fumanal. La experta se refiere a las informaciones que a principios de marzo, antes de que se decretara el estado de alarma, vinculaban a Juan Carlos I con una cuenta bancaria en Suiza con dinero procedente de Arabia Saudí en forma, supuestamente, de comisión. Su gestor bancario en el país centroeuropeo, Arturo Fasana, reconoció ante la Fiscalía helvética que el rey emérito le entregó un maletín con 1,7 millones de euros

Cacerolada

El rey tardó cuatro días en dirigirse al país desde que el Gobierno decretó el estado de alarma. Y, cuando lo hizo, no mencionó los escándalos que persiguen a su padre y que alentaron a los ciudadanos a cambiar aplausos por cacerolas para pedir que Juan Carlos I ingrese dinero en la cuenta de la sanidad pública.

La casa real aprovechó el ruido mediático del estado de alarma para anunciar la noche del 15 de marzo, un día después de que entrara en vigor, que Juan Carlos I se quedaba sin asignación y que su hijo, el rey Felipe, renunciaba a su herencia. La presión subió hasta tal punto que, como desgrana Fumanal, la casa real hizo una gestión “muy radical”.

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Felipe VI, el pasado 26 de marzo, en Ifema.

Al tomar esa decisión, el Felipe VI reconoció, de alguna manera, el origen cuestionable de la fortuna de su padre y sobre el que algunos partidos reclaman una investigación en el Congreso que la Cámara ha rechazado en dos ocasiones. “Están en horas bajas”, resume Fumanal, quien añade que para Felipe y Letizia “llueve sobre mojado”.

“Con ese comunicado sobre el rey Juan Carlos, pensé que era un cataclismo. Y a los dos días a alguien se le ocurre que el rey debe dirigirse a los españoles. Y ese discurso estaba lleno de tópicos. No llegó al pueblo. Solo cuando ha hablado de forma un poco más informal, cuando estuvo visitando al mando operativo, por ejemplo, ha sido más convincente. Pero esta comunicación no está provocando ni afección, ni proximidad, ni nada”, opina Enríquez.

La periodista, ya retirada de la primera línea, se pregunta: ”¿Cuál es la única forma de mostrarse cercana y útil ahora? Con la pandemia, cercana poquito. Y útil... Pienso que se podía haber gestionado mejor esa sensación de utilidad”.

Fumanal apunta que los reyes deben afrontar una renovación total de su imagen que vuelva a legitimar su acción institucional. Por eso la cuenta de Twitter echa humo estas últimas semanas, para mostrar a una familia comprometida con su país. Una familia que está al lado de la gente y que intenta ayudar ejerciendo de interlocutores con empresarios y sindicatos y con el resto de la sociedad civil.

“No puede ser que cada año tengan que afrontar una crisis reputacional relacionada con la corrupción de miembros de la familia... En las fotos antes eran muchos, pero ahora se circunscriben a los reyes y sus hijas. Ellos están tomando muchas medidas para cortocircuitar lo que les podría afectar a ellos... pero, sin una estrategia con iniciativa, se reduce a apagar fuegos”, explica la experta en comunicación política e institucional.

Si hay algo claro es que la vida de pública y privada de la familia real genera interés. Y, aun así, no ha sido hasta finales de marzo cuando Newtral y un estudio de cine y televisión afincado en Los Ángeles anunciaron una serie documental sobre ellos; la primera producción internacional con la monarquía española de protagonista en más de cuatro décadas de reinado.

Una corona usada por la política

El nombre del rey se escucha cada vez más en el Congreso. No solo porque haya partidos de izquierda que piden una investigación sobre los cuentas de Juan Carlos I, si no porque hay partidos de derecha que están “patrimonializando” al jefe del Estado, como explica Fumanal, quien añade: “La casa real es de todos o lo será la república. No puede haber una casa real de parte”.

Desde que Vox entró con fuerza en la vida pública del país, las alusiones de su líder, Santiago Abascal, a Felipe VI son constantes. El jefe de la extrema derecha usa el nombre del monarca para defenderle de supuestos ataques del Gobierno y de los partidos que conforman la coalición del Consejo de Ministros: PSOE y Unidas Podemos, a quienes acusa de querer provocar “un cambio de régimen”. 

La esencia de nuestra monarquía está en la unión de un rey con su pueblo. Cuando esta unión se rompe se pierde la razón de ser de la instituciónJuan Carlos I, en 1974

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reconoció en una de sus alocuciones sobre el coronavirus que el impacto nacional de las noticias sobre rey emérito es “grande”. Y remitió a las distancias que ya ha marcado
la casa real.

Ya en 1974, antes de ser rey, Juan Carlos I sabía cómo llegan los reinados a su ocaso y lo contó ante la cámaras: “La esencia de nuestra monarquía está en la unión de un rey con su pueblo. Cuando esta unión se rompe y el rey no sabe interpretar sus deseos y necesidades, se pierde la razón de ser de la institución”. Esas palabras las recoge la serie documental La Transición, de TVE. “Tengo la impresión de que no se ha roto el vínculo entre la monarquía y los españoles, pero los vínculos no son fuertes. Y el Gobierno no contribuye a generarlo”.

Entonces, hace más de cuatro décadas, el rey emérito trataba de ganarse el apoyo de los españoles ante la inminente muerte del dictador Franco que le llevaría a la jefatura del Estado. Ahora, su hijo Felipe de Borbón intenta ganarse el respaldo de los españoles para afrontar un futuro incierto.  

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