Las enseñanzas de los animales para vivir el confinamiento

Lecciones que tenemos al alcance de la mano, unidas a una gran cantidad de amor incondicional.

Los animales nos dan lecciones en múltiples aspectos de nuestra vida. Ponen de manifiesto cosas que para nosotros tienden a pasar desapercibidas. Además de los numerosos beneficios que tienden a reportarnos en nuestra salud, el modo en que están afrontando el confinamiento es una lección vital en la que tenemos que reparar y analizarla.

La ruptura con la vida tal y como la teníamos concebida no solo la hemos experimentado nosotros, si no que nuestros compañeros de vida, los animales, también han visto cómo su rutina se rompía. Esos primeros momentos supusieron una gran sintomatología de estrés debido al hecho de tener que reorganizar de forma repentina el día a día, lo que se vio reflejado en una gran búsqueda de ayuda profesional. Esta experimentación de estrés fue visible también en los animales, quienes en los primeros momentos se mostraron más inquietos, revoltosos y con una actividad en casa algo desmesurada. Teniendo en cuenta esta similitud, la actitud y comportamiento que están mostrando las mascotas en la gestión del confinamiento puede servirnos como una gran lección.

Con gafas de perro: el placer de las pequeñas cosas

Fíjate en los animales a la hora de comer o jugar. La variedad de estos estímulos es reducida, su comida es prácticamente igual todos los días y, sin embargo, la disfrutan cada vez que comen. ¿Su mayor placer y diversión? Jugar con lo más sencillo que exista, aunque sea un simple palo.

Esto contrasta altamente con la vida que nosotros llevábamos antes del confinamiento. ¿Cuántos caprichos te comprabas? ¿Cuántas cosas adquirías a pesar de tener algunas iguales en casa? Las personas habíamos generado una “necesidad” material que, llegado el confinamiento, no podemos adquirir. Los animales nos enseñan que el placer no se experimenta por la variedad ni cantidad de materiales, de estímulos (de caprichos), si no en la actitud que nosotros mismos empleemos a la hora de interactuar con las cosas más sencillas.

Con gafas de perro: te demuestro la importancia de la escucha

Los animales no hablan, al menos en el mismo nivel que lo hacemos las personas. Pero nos reconforta desahogarnos con ellos. Sin embargo, en muchas ocasiones, cuando expresamos nuestros sentimientos a personas allegadas, éstas tienden a expresar multitud de frases y palabras y la sensación de reconforte no es la misma. ¿Cómo puede ser?

Los animales nos muestran la importancia del silencio. Un silencio que muestra la escucha activa, comprensión, unión. Los animales perciben cómo nos encontramos y se colocan junto a nosotros. Comenzamos a hablar y ellos, sin expresar palabra, nos miran y nos prestan una atención que nos resulta apasionante. Ellos toleran el silencio, no les incomoda. Lo que contrasta enormemente con nosotros: calificamos el silencio como algo negativo y tendemos a rellenarlo con palabras vacías.

Con gafas de perro: expreso en todo momento cómo me siento

Los animales, a través de su expresión corporal y comportamiento, indican cómo se sienten. No sólo expresan la alegría al vernos, sino que de la misma forma y con la misma intensidad expresan tristeza o miedo. Expresan cualquier emoción, sin distinguir en función de su cualidad. De esta forma, permiten que su entorno cercano, ya sea personas o demás animales, perciban su estado y reaccionen en función de éste. Los animales no entienden de emociones buenas o malas; ellos tienen un estado emocional y lo expresan, permitiendo que el resto sea consecuente con él.

Las personas, sin embargo, tendemos a limitar la expresión de emociones en función de cómo las percibimos: positivas o negativas. De esta forma, no solemos encontrar reparos en expresar cómo nos sentimos cuando radiantes de felicidad o amor; pero nos escondemos, y limitamos a momentos de soledad, cuando nos encontramos tristes o con miedo. Esto provoca, primero, que entendamos las emociones de manera distinta en función del placer o displacer que nos provocan, en lugar de entenderlas como estado ante una situación. Además, el hecho de no expresar socialmente ciertas emociones provoca que no demos la oportunidad a nuestro entorno de percibir esas emociones, de captarlas, y por tanto no puedan actuar en consecuencia a nuestro estado emocional.

Con gafas de perro: guardo tiempo para no hacer nada

Nuestros animales están acostumbrados a tener una rutina, especialmente en torno a la comida y a los paseos, si es el caso. Dentro de esa rutina también guardan tiempo para no hacer nada. Es un tiempo que emplean fuera del periodo de sueño. Se tumban, se quedan mirando a un infinito que atrapa su atención y así pueden pasar minutos y minutos. Además, muchas veces de repente, esa atención se convierte en curiosidad por elementos aparentemente insignificantes, como puede ser una pelusa. Es entonces cuando descubren nuevas formas de moverse, de jugar, de entretenerse.

Las personas, sin embargo, tendemos a establecernos rutinas fijas, inflexibles, por la que ocupamos todo nuestro tiempo. Esto realmente esconde una incomodidad hacia nosotros mismos, hacia pasar tiempo con nosotros mismos y nuestros pensamientos. Además, impedimos tiempo de relajación y reducción de la actividad que permita que nos aburramos y que desarrollemos la creatividad. Establecernos rutinas es tan importante como establecer tiempo sin nada que hacer, y este sentido nuestros animales son unos grandes maestros.

Los animales pueden ser una fuente de aprendizaje muy importante para nosotros. No solo nos aportan amor y lealtad incondicional, sino que podemos adquirir grandes lecciones de ellos. Seguro que más de una vez te has descubierto a ti mismo mirando a tu mascota, a tu compañero, sin darte cuenta del tiempo que llevabas. Y el solo hecho de mirar te reportaba satisfacción.

Si esa mirada la hacemos consciente, si no solo observamos cuando nuestra mascota está pasiva, sino cómo reacciona a distintas situaciones, aprenderemos mucho. Su capacidad de estar centrados en el presente, de no estar preocupados por el futuro de forma constante es una de las grandes capacidades que más les benefician a la hora de gestionar este confinamiento.

Ahora que tenemos la oportunidad de pasar más tiempo con ellos, hemos de aprovecharlo para tener en cuenta las grandes lecciones que nos dan. Lecciones que tenemos al alcance de la mano, unidas a una gran cantidad de amor incondicional.