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20/11/2020 10:43 CET | Actualizado 20/11/2020 10:43 CET

Con "V" de victoria

La sinfonía de un músico alemán, compuesta más de cien años atrás, se convirtió en el símbolo de la lucha y resistencia contra los nazis.

RapidEye via Getty Images

En 1830 el pintor estadounidense Samuel Morse, en colaboración con el inventor Alfred Vail, desarrolló el primer telégrafo de la historia. A través de señales y utilizando un código de su invención pudieron enviar mensajes a gran distancia. Acababa de nacer el código morse.

Apenas unos años antes, concretamente el 22 de diciembre de 1808, Ludwig van Beethoven (1770-1827) estrenó en el teatro vienés An der Wien su quinta sinfonía en do menor Op 67. Una composición en la que estuvo trabajando de forma interrumpida durante cuatro años, en un momento crucial para el Viejo Continente, inmerso en las guerras napoleónicas y con una Austria agitada y ocupada por las huestes imperiales.

Con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las obras más interpretadas del repertorio sinfónico. Su primer movimiento –allegro con brio– tiene una estructura muy simple pero de un dramatismo tremendo: sol, sol, sol, mi, con una duración de tres corcheas y una negra. Estas cuatro contundentes notas se siguen de fa, fa, fa, re, con la última nota alargada en el tiempo.

El sordo de Bonn dijo –o al menos eso cuenta la leyenda– que representaba el destino llamando a la puerta, cada nota simbolizaba un aldabonazo. Una bella metáfora que resumía a la perfección la situación en la que se encontraba Beethoven cuando la compuso. Recordemos que, por aquel entonces, ya estaba sordo y aquejaba terribles y continuos tinnitus. Dentro de la imaginería romántica de la época, la sinfonía personificaba, de alguna forma, el triunfo de la esperanza sobre la adversidad.

De esta guisa, la sinfonía de un músico alemán, compuesta más de cien años atrás, se convirtió en el símbolo de la lucha y resistencia contra los nazis

La elección de la tonalidad en “do menor” no fue casual, ya que inspiran la dulzura, tristeza y melancolía, sentimientos que probablemente embargaban el estado de ánimo del alemán. Muy alejados de la audacia, alegría y felicidad que transmite una tonalidad en “do mayor”.

Durante la Segunda Guerra Mundial el código Morse y la quinta sinfonía de Beethoven se encontraron. Desde 1940 el sello de las transmisiones extranjeras de la BBC se iniciaba con tres golpes cortos y uno largo –el de las cuerdas y clarinetes tocando al unísono–, la “quinta” en estado puro. 

Este inicio, traducido al código telegráfico era “- - - .”, lo cual equivale a la letra “V”, la de la victoria. Con el famoso Ta ta ta Taan se intentaba alentar la moral de los soldados que combatían en el frente. De esta guisa, la sinfonía de un músico alemán, compuesta más de cien años atrás, se convirtió en el símbolo de la lucha y resistencia contra los nazis.

Los nacionalsocialistas instrumentalizaron la música de Beethoven y su figura con fines propagandísticos, les interesaba tanto el aspecto humano como el del compositor

Además, siempre que podían, los británicos garabateaban la letra V en sus mensajes telegráficos. Trataban de “salpicar con la V de un extremo de Europa a otro”. 

Mientras tanto, los nacionalsocialistas instrumentalizaron la música de Beethoven y su figura con fines propagandísticos, les interesaba tanto el aspecto humano como el del compositor. 

Para ellos era un titán, un héroe con mayúsculas, que a pesar de su sordera había conseguido imponerse dentro del universo sinfónico. Una virtud que entroncaba, a su forma de ver, con el ideario nazi.

En alguna ocasión Beethoven explicó que la inspiración para escribir ese inicio le llegó mientras escuchaba el canto de un verderón (Chloris chloris) mientras paseaba por el Prater de Viena. ¡Bendito verderón!

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