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28/06/2020 08:30 CEST | Actualizado 28/06/2020 08:30 CEST

Contextualizando a Colón (y a Colau)

Poner esa placa es una vez más tratar a la gente como si fueran medio tarados que necesitan la tutorización moralista de una alcaldesa.

Getty Images
Ada Colau y la estatua de Cristóbal Colón en Barcelona. 

La alcaldesa Ada Colau declaró el pasado viernes que, en medio de la ola de derribos de estatuas, ha optado por mantener el monumento a Colón de las Ramblas barcelonesas, si bien añadiéndole una placa en donde se contextualice su relevancia histórica, relacionándola con las circunstancias que le dieron lugar. Como una forma de pedir disculpas, como queriendo explicar por qué no se derriba a pesar de merecerlo. Entendemos a la primera edil: Colón no llegó a América predicando el relativismo cultural, los conceptos de género fluido no binario ni el antiespecismo, cosa que al parecer debería haber hecho en 1492 para que Colau no se viera ahora en la necesidad de matizar su monumento poniendo una placa a los pies.

A poco que se piense, resulta que poner esa placa es como advertir en el folleto de una lavadora de que no debe usarse para el cuidado de los bebés. Obligará a poner placas a todas las estatuas del mundo, todos los cuadros, el trazado y los nombres de las calles, avisos previos en todas las obras de la historia de la literatura, consentimientos informados previos a la exhibición de cualquier película o concierto. Porque no hay ni un solo elemento cultural, desde la instauración del domingo como día de descanso hasta la implantación de ascensores en los edificios, que no sea el resultado de circunstancias políticas, sociales, económicas, en definitiva, relaciones de poder y explotación propias de cada momento.

A poco que se piense, resulta que poner esa placa es como advertir en el folleto de una lavadora de que no debe usarse para el cuidado de los bebés.

Poner una placa en el monumento a Colón es simplemente el reconocimiento de un fracaso general en la educación de la ciudadanía, que debería salir de la ESO conociendo la tabla periódica, fundamentos de cálculo de probabilidades, quién fue Blas de Lezo, Poeta en Nueva York de Lorca, el Libro del desasosiego de Pessoa y el carácter contextual circunstancial de todos los hechos históricos sin necesidad de que nadie se lo recuerde con plaquitas. Poner esa placa es una vez más -y ya van…- tratar a la gente como si fueran medio tarados que necesitan la tutorización moralista de una alcaldesa.

Un hecho como el descubrimiento de América tiene tal magnitud, cambia de forma tan abrupta la historia del género humano, y repercute de una forma tan intensa sobre todo lo bueno y lo malo que pasó después, que juzgarlo como positivo o negativo es como discutir la responsabilidad moral del homo sapiens en la extinción del hombre de Neandertal. Ocurrió, y todos, incluidos los comunes, somos su resultado. Destacar una valoración u otra no solamente es anacrónico, también oculta arrogancias y automatismos ideológicos tan coyunturales como la gesta histórica que se pretende valorar.

Poner una placa en el monumento a Colón es simplemente el reconocimiento de un fracaso general en la educación de la ciudadanía.

Porque todo es fruto de circunstancias concretas. Incluso Colón. Incluso -¡sorpresa!- Colau. ¡Ella también! De acuerdo, pongamos una placa a los pies de la estatua de Colón en Barcelona, pero entonces sobreimpresionemos un texto cada vez que aparezca Ada Colau hablando en televisión. Propongo el siguiente: “Las declaraciones de esta persona deben entenderse en el contexto ideológico de una izquierda sentimental y adanista, aliada de la burguesía catalana en su lectura interesada de la historia de España”. Hay que contextualizar a la alcaldesa de Barcelona antes de que los bienpensantes del siglo XXV le pongan una placa a su improbable estatua.

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