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10/12/2019 05:21 CET | Actualizado 10/12/2019 05:21 CET

Contra la desaceleración, más integración

Es un proceso en el que ganaremos todos.

Ghing via Getty Images

La llegada de la economista búlgara Kristalina Georgieva como directora-gerente del Fondo Monetario Internacional en reemplazo de la francesa Christine Lagarde, vino acompañada de malas noticias para la economía mundial: el mundo entero está en desaceleración.

¿Cuán grave es la situación? Según Georgieva, alrededor del 90% de los países experimentarán el fenómeno en mayor o menor grado. La nueva directora de las finanzas mundiales cita tres factores fundamentales para explicar el frenazo: las disputas comerciales (con China-Washington a la cabeza), la geopolítica y el Brexit. 

En América Latina a estos tres factores se suma el fin del “boom de los commodities”, que tanto contribuyó al crecimiento de la región en la primera década y media de este siglo y, más aún, al avance de muchas conquistas y reivindicaciones sociales en la mayoría de los países. 

Todo esto ocurre al final de un año en el que varios países de la región atraviesan, además, grandes desafíos sociales y políticos, que pueden determinar en buena medida su futuro rol en el contexto de las relaciones intrarregionales. 

El resumen, estamos en una situación difícil y ante un reto que no es menor: recuperar la senda del crecimiento, el desarrollo y la inclusión de los más necesitados, en un contexto económico de desaceleración y un panorama político complejo.

Buscando respuestas y posibles vías de acción, consulté el “Monitor de Comercio e Integración 2019: Cuesta arriba: América Latina y el Caribe frente a la desaceleración del comercio mundial”, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 

El equipo de investigadores del BID pone la lupa en los intercambios comerciales y los mecanismos de integración latinoamericana. El diagnóstico es claro: el comercio se contrajo de manera notable entre la segunda mitad de 2018 y la primera de 2019 (una tendencia que se espera que continúe en el segundo semestre). 

En el caso concreto de los países miembros de FONPLATA (Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay), el documento habla del “desplome”, “colapso” y “restricciones” en el comercio intrarregional, especialmente de materias primas y manufacturas.

El panorama es un poco más alentador en cuanto al intercambio de servicios, especialmente empresariales, de tecnología y de conocimientos, en los que los flujos de intercambio son positivos para casi todos los países.

Estamos en una situación difícil y ante un reto que no es menor: recuperar la senda del crecimiento, el desarrollo y la inclusión de los más necesitados.

Aunque aún no tan significativo -en términos de volumen- como el sector manufacturero, los números apuntan a una tendencia positiva en cuanto a los esfuerzos de muchos países por diversificar su economía y sus fuentes de ingreso. 

A eso ha contribuido, entre otras cosas, el tener sectores productivos operando bajo estándares internacionales y con la flexibilidad suficiente para responder a las coyunturas. Como el caso reciente de la peste porcina en China, a la que Argentina, Brasil y Uruguay pudieron reaccionar rápidamente, y lograron posicionarse como los principales exportadores de carne vacuna al gigante asiático.

Aunque se prevé los precios de los productos básicos (commodites) se mantendrán estables o tenderán a la baja, lo que indican las proyecciones del Foro Económico Mundial es que la mayoría de los países miembros de FONPLATA seguirán experimentando cifras positivas de crecimiento en 2020. 

Sin embargo, el informe del BID destaca la importancia de activar “nuevos motores” para el crecimiento de los países. En ese sentido, recomienda impulsar la “integración productiva” y la creación de “cadenas regionales de valor”, especialmente para las manufacturas y los procesos basados en recursos naturales. 

En otras palabras, en un contexto global de desaceleración económica, la prioridad, dice el BID, es minimizar los riesgos externos, fortalecer los mecanismos de integración y mejorar el acompañamiento al sector privado.

Para lograrlo es indispensable, además, seguir invirtiendo en infraestructura para la integración para reducir los costos logísticos. Esta infraestructura para la integración es la especialidad del trabajo que hacemos en FONPLATA desde hace 45 años. 

Ante una economía que se desacelera, la respuesta debe ser acelerar la integración. Es un proceso en el que ganaremos todos y que nos ayudará - una vez que mejoren las condiciones- a incorporarnos más rápido a la autopista del crecimiento y el desarrollo.

 

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