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14/08/2020 10:33 CEST | Actualizado 14/08/2020 10:33 CEST

COVID-19: la pandemia que desafió a Taleb

¿Es el COVID un cisne negro? ¿Cuántos cisnes blancos se presentan y podrían desatarse como cisnes negros? ¿Puede un cisne blanco, por no atajarlo, convertirse en un cisne negro?

Andrey Donnikov via Getty Images
Un cisne negro caminando sobre la nieve. 

En las últimas semanas, desde el comienzo de la pandemia, mucho se ha discutido sobre el origen y la naturaleza de un virus que, a ojos de los datos que recogen los principales organismos multilaterales, ha provocado una de las mayores crisis de nuestra historia reciente. Ante una pandemia sin precedentes, lo que muchos se preguntan es si este suceso, a priori inesperado, se podía predecir, así como haber evitado. Y es que, hipótesis como la generada en torno al magnate de la informática tras su charla TED, Bill Gates, tratan de justificar una posible prevención que, en aras de contener la crisis que hoy nos acontece, no se dio por parte de ningún gobierno.

Para muchos economistas, estas teorías, por conspiranoicas que sean, tienen su justificación en las últimas declaraciones del matemático Nassim Taleb; creador de la teoría del cisne negro y un gran pensador, y estudioso, de los sucesos aleatorios. De acuerdo con Taleb, el coronavirus, al igual que aquellos que tratan de demostrar que la charla de Bill Gates es una muestra más de que dicho suceso podía haberse previsto, no es, de acuerdo con su teoría, un cisne negro. Es decir, para el matemático y creador de la teoría, el COVID no es un suceso aleatorio de gran impacto, el cual únicamente puede estudiarse y analizarse con retrospectiva. Sino que, en base a sus declaraciones, se muestra como una pandemia que, de haber tomado medidas, podía haberse previsto; pues grandes personalidades, algún día, dijeron que dicho suceso, tarde o temprano, podía darse.

Bien, podemos matizar mucho dicho supuesto; empezando porque, como dijo un amigo y compañero economista hace unas semanas, ni el propio Taleb, siendo gestor de inversiones, supo colocar posiciones para aprovecharse de los efectos de una pandemia que, aprovechándose de los cortos, podía haber retornado mucho capital en forma de rendimiento al matemático. A la vez que, dicho sea de paso, decir que, tarde o temprano, la crisis llegará a la economía global -atendiendo al comportamiento cíclico de la economía, así como a la teoría del ciclo económico-, presenta una probabilidad de que dicho suceso ocurra muy elevada. Por tanto, partiendo de estas dos hipótesis, puede cuestionarse que dicho suceso podía preverse con exactitud; pues, atendiendo a que, en el mejor de los casos, dicho suceso pueda darse, predecir el momento exacto, por mucha que se precie la teoría de la conspiración, era un suceso que, esta vez, se presenta como algo altamente improbable. 

La cuestión de si el COVID ha supuesto un cisne negro o no, ha enfrentado a economistas en todo el planeta.

Como vemos, el COVID ha abierto un debate que, contando con el creador de la teoría, se presenta muy interesante. Pues, la cuestión de si el COVID ha supuesto un cisne negro o no, ha enfrentado a economistas en todo el planeta. Sin embargo, en lo que discutimos si dicho suceso podía predecirse o no, delante de nuestros ojos se muestran otro tipo de sucesos que, sin ser un cisne negro, se dan en el planeta, cual cisne blanco, sin merecer atención por la imperativa necesidad de atender al fenómeno que hoy se muestra en la tribuna pública: el COVID. Sucesos que, de igual forma, están creando problemas de calado para la economía, generando tensiones y problemáticas que, en un futuro, podrían tornarse como grandes crisis que, atendiendo a la tesis de Taleb, podrían haberse evitado y, sin embargo, tratamos de convertirlos en cisnes negros.

En este sentido, si el cisne blanco que, para Taleb, era el COVID, se hubiese atajado con métodos de prevención, hoy no estaríamos ante la mayor pandemia de nuestra historia. Sin embargo, el no atajarse llevó a la economía a una crisis sin precedentes, así como a la sociedad investigadora a calificar la pandemia como un cisne negro. 

Ahora bien, sucesos como la guerra comercial y la disputada lucha por liderar el orden mundial; el declive demográfico europeo y el problema de las pensiones; los elevados niveles de endeudamiento en el planeta; la expansión cuantitativa sin límites de los bancos centrales; así como otra serie de sucesos que, pasando desapercibidos, se están dando en el planeta. Sin embargo, como diría el filósofo y periodista de The New York Times o The Wall Street Journal, Henry Hazlitt, el hecho de que dichos sucesos no se encuentren bajo el foco mediático, de que no sean vistos por la sociedad, nos llevan a desatender y postergar su resolución a cuando, una vez pasada la pandemia, le toque.

Pues, desde hace años se está hablando, por ejemplo, del declive demográfico de Europa. Sin embargo, pese a llevar 40 años con una tasa de reemplazo de la población por debajo de su nivel óptimo para garantizar la sostenibilidad futura de la población, el año pasado alcanzamos el mínimo histórico en lo que a cifras de natalidad se refiere. 

Una generación que, ante lo sucedido, quedará marcada, a la vez que transferirá los cambios sociales y económicos a generaciones futuras.

Todo lo comentado, puede parecernos un escenario contrafáctico extremadamente improbable; pues, aunque el ser humano sea un sujeto curioso e interesado por lo desconocido, también cuenta con la tranquilidad, dando por hecho, de que el planeta no sufrirá cambios drásticos tras décadas de paz y estabilidad ininterrumpida. Sin embargo, el COVID, entre otras cosas, ha puesto de manifiesto la debilidad de los gobiernos para atender crisis de gran magnitud, como la ocasionada por la pandemia, o la que podría causar el desate de alguno de los problemas que, siendo cisnes blancos, podrían acabar desatando una crisis propia de un mismísimo cisne negro. Pues, aunque nos cueste creerlo, hemos sido testigos de cómo el planeta ha sufrido un shock que, a ojos de los sociólogos, dejará secuelas en una generación de habitantes que, para los libros de historia, será la generación COVID. Una generación que, ante lo sucedido, quedará marcada, a la vez que transferirá los cambios sociales y económicos a generaciones futuras.

Esta situación debería llevarnos a pensar si con tantos gobiernos y tantas herramientas democráticas que tenemos, el planeta cuenta con sistemas de prevención para evitar que dichos sucesos puedan darse con la frecuencia suficiente como para devastar el planeta. Muchos cisnes blancos se presentan por el horizonte que, por verlos, pasan desapercibidos y no se les atiende. Cisnes blancos entre los que, valga la redundancia y como decía Taleb, se encontraba el COVID. La pregunta ahora es: ¿actuaremos en base a lo ocurrido? O, ¿Cuál será el próximo cisne blanco que, tras su estallido, devastará la economía, convirtiéndose, entonces, en el nuevo cisne negro impredecible?

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