INTERNACIONAL
25/04/2021 09:57 CEST

Continuidad o derrota: por qué Cuba no va a deshacerse aún del legado de los Castro

La salida de Raúl como máximo líder del Partido Comunista, relevado por Díaz-Canel, reabre el debate sobre la necesidad de reformas en una isla en crisis.

Ariel Ley Royero / AP
Raul Castro levanta el brazo de Miguel Díaz-Canel, tras el relevo en el Partido Comunista de Cuba.

En vez de “patria o muerte”, el lema de los actuales dirigentes de Cuba podría trocarse en “continuidad o derrota”. En la semana en la que Raúl Castro (89 años) ha abandonado el liderazgo del Partido Comunista y lo ha dejado en las manos del presidente Miguel Díaz-Canel (60), el debate sobre un posible cambio de rumbo se hace obligado. Es la primera vez en seis décadas que no hay un Castro que mande en el partido único y el país, sumido en una crisis económica y sanitaria gravísima y con movimientos sociales que reclaman cambios, nota el temblor. 

Pero, ¿puede llegar Cuba a deshacerse del legado de Fidel y Raúl y su castrismo? Y, de ser así, ¿cuándo, en qué tiempos? Los expertos coinciden en que, hoy por hoy, la Cuba comunista no peligra, en que no estamos ante un punto de inflexión definitivo. El desgaste que soporta la población necesita respuestas, pero de ahí al viraje brusco va mucho trecho. 

Carlos Malamud, investigador principal de América Latina del Real Instituto Elcano, recurre al clásico lampedusiano: “está por ver si va a ocurrir en Cuba como en Sicilia, que vaya a cambiar todo para que no cambie nada”. “De alguna manera, el congreso del PPC, bajo la figura de la continuidad, nos remite a esa idea”, reconoce. De hecho, son dos los lemas que más se han manejado en este encuentro: “el partido es el alma de la revolución” y el clarificador “somos continuidad”. Malamud recuerda que en las discusiones previas al encuentro, en toda la isla, “había muchas declaraciones inclusive de jóvenes delegados que hacían alusión a la dirigencia histórica, a lo que significaba el castrismo”, por lo que ni con nuevas generaciones se espera un cambio notable. 

“Lo que estaba claro es que el castrismo no iba a ser cuestionado en el congreso, que su proyecto no iba a ser modificado porque desde la perspectiva de la cúpula dirigente cubana el proyecto revolucionario no está en cuestión”, señala. Ni siquiera en 2019, cuando Raúl llevó a cabo una reforma constitucional, se superó ese continuismo, siendo un paso insólito. “Eso no quiere decir que no se hayan movido cosas o no se vayan a mover. La realidad -que es muy dura en la isla por problemas estructurales, con una situación económica pavorosa y con la pandemia golpeando muy fuerte- hace evidente que el inmovilismo no cabe, pero las respuestas que se van a dar se van a mantener dentro de una cierta tónica, limitadas”, explica. Por ejemplo, que puede estar bien hacer pequeñas reformas económicas, pero siempre que no estimulen la desigualdad entre los ciudadanos.

La realidad -que es muy dura en la isla, con una situación económica pavorosa y con la pandemia golpeando muy fuerte- hace evidente que el inmovilismo no cabe, pero las respuestas que se van a dar van a ser limitadasCarlos Malamud

“El temor de la dirigencia cubana es que este proceso se les salga de control, y eso es algo que no están dispuestos a tolerar bajo ningún concepto”, ahonda. El propio Raúl Castro, sucesor de su idolatrado hermano Fidel, lo explicó en el congreso del PCC: de deben dejar atrás actitudes de “inercia” e “inmovilismo”, incluso “comunicar” mejor, concedió, pero no un cambio de régimen. “Hay límites que no podemos rebasar porque las consecuencias serían irreversibles y conducirían a la destrucción del socialismo”, defendió. 

De ahí que Malamud ratifica que “no es lo esperado” que vaya a haber un cambio drástico en el país caribeño, pero asume que a veces hay sorpresas, que “a veces los cambios pasan de un día para otro y tienen la fuerza de un ciclón y lo barren todo, y a veces los procesos son mucho más lentos y mucho más tranquilos”. Esto último es lo esperable en Cuba.

“Va a depender mucho de cuál sea la mecha que haga estallar todo. Hasta ahora, todo el edificio se sostenía en base al papel de los Castro, y es verdad que es la primera vez que un Castro no está al frente ni del Gobierno ni del partido, pero todavía hay un Castro que sigue estando ahí. Esa barrera que marca la deferencia con el viejo líder está presente aún, y es muy fuerte. No es lo mismo que este gobernando Díaz-Canel, con todos los poderes que se quieran, pero con la figura de Castro proyectando su poder por detrás y respaldándolo, que si Raúl no estuviera”, recuerda.

Repite: hay un “temor reverencial” de muchos delegados jóvenes por la dirigencia histórica, esa lealtad no se desvanece, y además, “aunque ahora se puedan romper inercias y ataduras”, queda por ver el papel de los que se van, de Raúl y de otros barbudos como José Ramón Machado Ventura o Ramiro Valdés, “si se van a convertir en jarrones chinos o no, que no parece”. Díaz-Canel, ahora presidente y secretario, sumando más poder que nunca, tiene por delante dos caminos: seguir como hasta ahora o “salir de la zona de confort para librar batallas por impulsar cambios”, lo que sería “una grata sorpresa”, reconoce el investigador. 

“Sigue el clan”

El americanista Sebastián Moreno comparte esa visión poco revolucionaria. “Sigue el clan”. Reconoce que Díaz-Canel no tiene la “legitimidad y superioridad moral” de los veteranos que hicieron la revolución en 1959, pero en el partido no hay brecha generacional; los más nuevos son plenamente leales al pasado y, aunque hay algunos más “reformistas”, como mucho se podrá “debatir sobre cierta descentralización de la economía o permitir que el sector privado trabaje sin restricciones, en busca de un modelo mixto,”, pero siempre sabiendo que “el riesgo de perder poder político está ahí y no se puede rozar ese escenario”. 

“La situación actual -relata- es grave: hay un empeoramiento de la escasez ya general de productos básicos, como alimentos o medicamentos, a lo que se suma una crisis de liquidez por el endurecimiento de las sanciones por parte de Donald Trump (el expresidente de EEUU) y por el coronavirus, que llegó tarde pero ahora está haciendo daño”, con casi 100.00 infectados y mil nuevos casos diarios esta semana. Se calcula que los pasos para una apertura económica prometidos en 2011 no se han cumplido ni en un 70%, mientras que la economía se contrajo un 11% el pasado año, en gran parte, por la ausencia de turistas por el virus.

En medio de estas dificultades, Moreno espera “una mayor demanda de libertades, de respuestas por parte de las autoridades. “Los cubanos se sienten muy orgullosos de su ciudadanía, pero se han cansado de que arriba se viva en una realidad paralela. Ellos son los que aguantan las colas cada vez más largas para lograr bienes, los que están empezando a irse más, aunque no sea a los niveles de la crisis de los balseros de los 90”, indica. 

San Isidro y los raperos: algo se mueve

La llegada de Internet a los móviles cubanos en 2018 ha ayudado a que los ciudadanos organicen su desencanto y lo muestren. Desde agrupaciones vecinales hasta grupos de artistas y defensores de los animales están empezando a organizar quedadas, si no masivas, sí significativas, frescas, insólitas, para reclamar que las costuras se deshilachen un poco, al menos. “Si no agitación, hay efervescencia”, resume el experto. Ahí, dice, sí se nota una brecha generacional entre la cúpula que manda y los chicos que se saben beneficiarios de la revolución pero que, también, son víctimas de sus límites. 

Malamud y Moreno citan el Movimiento San Isidro como ejemplo. Se trata de un grupo de periodistas, académicos y artistas que en Twitter se muestran como una iniciativa que trata de empoderar “a la sociedad hacia un futuro con valores democráticos”.“Unidos para promover la libertad y la cultura”, añaden.

Están usando las redes sociales para contar la vuelta de tuerca represiva de las fuerzas del estado contra la disidencia interna, denunciar arrestos injustificados o “secuestros”, publicar fotos de policías y militares para su identificación o ataques contra obras de arte contestatarias, y también para convocar pequeñas protestas, acciones desde las puertas y los balcones de las casas, movimiento, como su nombre indica. 

No sólo ellos. Recientemente, un grupo de músicos entre los que se encuentran Yotuel, Gente de Zona, Descemer Bueno, Maikel Osorno y El Funky, ha lanzado una canción titulada Patria y vida en la que -con letra entre otros de la española Beatriz Luengo- dicen cosas como “No más mentiras / Mi pueblo pide libertad / no más doctrinas. / Ya no gritemos patria o muerte sino patria y vida. / Y empezar a construir lo que soñamos / lo que destruyeron con sus manos”. 

Malamud recuerda que los raperos han forzado al Gobierno a dar una respuesta oficial, con otro vídeo semejante “pero de contenido y estética muy diferente, chocaba bastante que el de los revolucionarios oficialista fuera todo en tonos pastelitos y kitsch y música melódica”. “Si han tenido que recurrir a esta estrategia de contestar a un vídeo con otro vídeo es porque les está haciendo bastante daño”, sostiene.

Y todo, en un contexto en el que América Latina bulle, en el que los movimientos contestatarios contra gobiernos de todo signo se multiplican y apenas la pandemia los ha podido parar. 

El nuevo papel de EEUU

Y, en mitad de todo, el gran adversario: EEUU. Es evidente que las relaciones de Cuba con el nuevo presidente de EEUU, Joe Biden, no serán tan terribles como con su antecesor, Donald Trump, quien los cargó de sanciones, les impidió la llegada de cruceros y les cerró las oficinas de Western Union por donde entraban muchas de las remesas de los exiliados. 

En su día, como vicepresidente, el demócrata fue un protagonista central en el proceso de apertura con Cuba iniciado por Barack Obama, que cuajó en el histórico viaje a La Habana en 2016. “Biden sabe que sin un compromiso serio por parte de las autoridades cubanas para un proceso de reacercamiento todo va a ser en vano y, lamentablemente, de momento el Gobierno cubano sigue creyendo que la verdad histórica lo respalda y el único que tiene que mover ficha es EEUU”, explica Malamud. 

No se han dado paso, insiste, para cumplir los compromisos de reformas tanto políticas como económicas pactadas con Washington, así que Biden tampoco pondrá en su agenda levanta el embargo, viejo desde la década de los 60 del pasado siglo. “La relación bilateral va a cambiar, pero tampoco aquí habrá cambios radicales”, reconoce el analista. 

De hecho, Jen Psaki, la portavoz de la Casa Blanca, ha repetido ya en varias ocasiones la misma fórmula para referirse al país: “Un cambio en la política hacia Cuba no está actualmente entre las prioridades del presidente Biden”. Habrá que ver, pese a todo, cómo influye la presión que están ejerciendo los exiliados, la mayoría en Florida, que apoyaron a Trump en las elecciones de noviembre y que ahora reclaman a Biden que mantenga la presión para forzar cambios en la zona. 

La salvadora vacuna

Cuba tiene, también, dos vacunas contra el coronavirus en la última fase de estudio. Soberana 02 y Abdalá, se llaman. La medicina cubana de nuevo asombrando al mundo y, para el Gobierno, de nuevo una oportunidad de tener brillo internacional. Pero también un motivo de polémica: cuando los casos han ido creciendo, se ha multiplicado el malestar interno por no buscar vacunas en otros aliados (China, Rusia), mientras se testa el antídoto propio. “La vacuna usada como remedio... y como propaganda”, resume Moreno. “Contar con la vacuna cubana sería desde un punto de vista propagandístico muy m importante, pero es evidente que si hubieran empezado con otras ya estarían en una situación bastante diferente a la que tienen ahora”, añade Malamud. 

No obstante, fuera de sus fronteras, lo que suena entre los cercanos a Cuba es que su intención es la de liberar la patente y entregarla gratis a los países más necesitados, a los que están llegando más tarde los viales. La disyuntiva entre vender las vacunas y lograr el dinero que tanta falta les hace o regalarla y ganar en imagen.

Un dilema complicado que también puede afectar a la situación interna y a las decisiones por tomar en esta nueva etapa. Mientras se llega a ese río y se cruza ese puente, poco cambia y nadie sabe hasta cuándo seguirá sin cambiar. “60 años trancado el dominó”, como cantan los raperos disidentes.  

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