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24/04/2019 15:07 CEST | Actualizado 24/04/2019 15:07 CEST

De cuando Alberto Rivera llevó a Rufián al debate y otras astracanadas

ASSOCIATED PRESS
Rivera, a su llegada al debate. 

Los ‘momentazos’ de Gabriel Rufián, el pintoresco y desafiante diputado de ERC en el Congreso, parecían difíciles de superar. Recordando por encima, aparte de las astracanadas de profesionales del insulto como Rafael Hernando (PP), que ha sido exhumado con su reciente frase sobre el quinto gin tonic, aparece con el trofeo ex aequo del posado mágico parlamentario la exdiputada podemita Carolina Bescansa, con su bebé en el escaño. Tierna imagen reivindicativa que, como la exhibición de fotos, camisetas, una impresora o esposas policiales por parte del exhibicionista republicano separatista catalán se impuso sobre los demás temas en algunos debates en Cortes.

Ese instante ‘Ryanair’, cuando los tripulantes de cabina hacen propaganda de sus rasca rasca, y pregonan las virtudes de los abalorios, perfumes y canapés, volvió a la actualidad política en el primero de los debates (lunes por la noche en La 1, cuando Albert Rivera se postuló no solo para presidente del Gobierno sino para disputarle el fichaje de Supervivientes y otros reality show bussines a la sin par Isabel Pantoja. Fue cuando colocó en el atril-mesa camilla una foto enmarcada de una reunión oficial entre el presidente del Gobierno de España y el presidente de Cataluña, Quim Torra, en una circunstancia excepcional.

Esa foto de Sánchez –que pudo haber sido una irresponsabilidad táctica- fue utilizada al modo rufianesco, en dos de sus sentidos, por Rivera: para ganar titulares y para enviar el torticero mensaje de que Sánchez se había plegado a las imposiciones de Torra y los otros insurgentes. Lo cual, a la vista de los datos, es absolutamente falso y fantasioso. Casado participó, como es natural, en esta estrategia de agitación, propaganda e intoxicación, al asegurar que el secretario general socialista había aceptado los 21 puntos  que le entregó por escrito el delegado títere de Puigdemont.

Una mentira morrocotuda tipo barón de Munchaussen. Torra le dio a Sánchez un documento con un listado de asuntos. Igual que millones de niños, y de mayores, entregan a los Reyes Magos antes de la madrugada del 6 de enero de cada año unas cartas con un montón de deseos, que, por regla general, Sus Majestades Mágicas dejan sin atender por falta de espacio en sus camellos. Lo mismo que le ocurre a Papá Nöel, que ni con ayuda de Amazon puede dar avío a tanto pedido.

Albert Rivera se postuló no solo para presidente del Gobierno sino para disputarle el fichaje de 'Supervivientes' y otros 'reality show bussines' a la sin par Isabel Pantoja.

Si la mera entrega de esa exigencia epistolar tuviera algún valor práctico, me imagino que todos los españoles imitaríamos  a Torra y enviaríamos una carta, e-mail o tuit a Sánchez, o a quien le sustituya a fin de sustituir a la ONCE como la ilusión de todos los días.

Los debates dejan unos preciosos días a los electores para que busquen en Google su propios instrumentos para desvestir a los reyes de este mambo. Acusa Casado a Sánchez de haber congelado las pensiones, cuando lo cierto es que Sánchez es inocente de este cargo… Las congeló, por exigencias de Bruselas, José Luis Rodríguez Zapatero y, como consta en el BOE, por un solo año. Otra cosa es que su sucesor, Mariano Rajoy, hiciera suyo y muy suyo el acuerdo y lo prorrogara mientras pudo hacerlo, hasta encontrar el truco de aumentarlas un 0.25% que tuvo el mismo efecto que la congelación. Lo mismo que esa cantinela, ya destrozada por la realidad, de que la política social de Rodríguez Zapatero fue la única y principal causante de la mayor crisis que recuerda Europa desde la invasión de los bárbaros en el Imperio Romano, o al menos desde la II Guerra Mundial. Más verdad verdadera es que con Mariano Rajoy la deuda se disparó, y que las oleadas de privatizaciones para hacer caja y tener superávit artificiales de Aznar y Rato dejaron a la economía nacional como un huevo sin yema. La crisis azotó de forma desigual a los distintos países de Europa: España recibió un castigo mayor porque había cometido pecados económicos mayores: privatizar sin tino el 100% de las industrias más rentables, presumir de construir más viviendas en un año que Alemania Francia y Gran Bretaña juntas… etc.

Ahora vuelve a reproducirse el esquema: Casado y Rivera avisan que se está incubando otra crisis; y es verdad, es otra crisis económica mundial que volverá a azotar a las economías europeas, a la norteamericana, y a las del resto del mundo. Pedro Sánchez o quien gobierne en España no tendrá la culpa, que estará repartida entre quienes no han aprovechado la Gran Recesión para volverle a poner las bridas al capitalismo. Uno de los responsables será ese Donald Trump al que admiran, sotto voce, sus émulos españoles, “por su coraje y valentía”. Un ‘coraje’ y una ‘valentía’ que afectarán a todas las economía de los países que no cuenten, como EEUU, con reservas petroleras suficientes de crudo. El nuevo e innecesario acoso al régimen iraní ya ha provocado un aumento ‘bélico’ del precio del petróleo, que pronto repercutirá en todos los sectores industriales de los países desarrollados o en vías de desarrollo, mientras USA hará caja vendiendo con sobreprecio las reservas estratégicas que ha ido acumulando.

En los dos debates algunos hemos sacado la conclusión de que el mayor problema de los partidos es que las mentiras que se les ocurren en un momento determinado, o las ‘realidades alternativas’, las pasan al archivo de documentación sin ningún asterisco o nota a pie de página que diga de modo confidencial que es material de un solo uso destinado, como el plástico, a contaminar el océano. Pero ocurre que esas mentiras o trucos de charlatanes se reutilizan como si fueran verdades absolutas, y entonces, se lanzan en los debates y, claro, hay unos minutos de gloria y botafumeiro (en Santiago se usaba para disimular el olor a sudor de los peregrinos) pero que solo dura hasta que se abren las puertas del templo. O de Google. Y entonces, San Google bendito hace otro de sus milagros y deja al rey desnudo.

Sereno y conciliador, Pablo Iglesias, resurgido de sus cenizas y gran revelación de la noche, llamó la atención por “maleducado” e “impertinente” a Rivera,

Pedro Sánchez, por supuesto, ha dado muchos tumbos, ha zigzagueado hasta el mareo, ha sido incoherente e imprudente, ha parecido a veces una veleta movida por las encuestas. Excesivamente pragmático, quizás. Pero Casado y Rivera lo están poniendo en un trono procesional y entregándole en bandeja el centro político. La gente está harta de soluciones milagreras y de medias verdades. Sabe que es imposible atender a los ancianos y dependientes sin presupuestos sociales; sabe que la sanidad pública gratuita y para todos es imposible sin un respaldo económico; sabe que las pensiones se mantienen con dinero y no como las carpas de río con miguitas de pan duro; sabe que nunca, nunca, nunca, la bajada política de impuestos ha traído otra cosa que no sea un día de ilusión, vino y rosas, y décadas de deuda y miseria y crac económico.

En fin, insistir como tema fundamental en que Sánchez es un rehén de los separatistas y que la prueba es que los separatistas le van a votar, aunque hasta la fecha no hayan conseguido ninguno de sus propósitos, es como si el hecho de que los presos, sean maltratadores, violadores, estafadores, pedófilos, homicidas, ladrones… por el hecho de votar a un partido, porque los delincuentes también tienen ideología, demostraran por aplicación de la primera propiedad transitiva que a quien votan también es un delincuente o un posible cómplice. Porque los presos votan; en la prisión de Salto del Negro (sic, pero le pueden poner ‘Salto del Subsahariano’), en Gran Canaria, el voto por correo se ha duplicado, y  esto, según fuentes de dentro, se ha notado especialmente en el ‘grupo de tratamiento de maltratadores’ donde se ha corrido la voz de que una determinada formación podría rebajar las penas impuestas al amparo de las leyes de violencia de género.

Con el segundo debate, en Atresmedia, Rivera interrumpía constantemente a Sánchez, impidiendo su libertad de expresión, sacaba más fotos, cachivaches y gráficos, parecía borracho de Red Bull, hasta el punto de que un profesoral, sereno y conciliador Pablo Iglesias, resurgido de sus cenizas y gran revelación de la noche, le llamó la atención por “maleducado” e “impertinente”. Pablo Casado estuvo en su papel, mojado; erre que erre, compitiendo en radicalismo con Vox y sobreactuando con Sánchez, con el habitual rosario de tremendismos,  como encarnación del mal absoluto. En el plató solo faltaban espejos.


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