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16/05/2019 07:26 CEST | Actualizado 16/05/2019 07:26 CEST

De la variedad diatópica murciana del español

M. V.
Fiestas de Primavera en Murcia. 

De Cora, mi nueva amiga originaria de Gran Canaria recién instalada en Montpellier, he aprendido chacho (usado como vocativo o, en algunos casos, como interjección) y fleje (cuantitavo equivalente a mucho). Nunca había podido presumir de contar con canario alguno en mi entorno cercano. A cambio de ilustrarme en la variedad diatópica canaria del español, le he enseñado a Cora muestras léxico-semánticas que pertenecen a mi variedad diatópica murciana. Precisamente de eso vengo a hablar hoy; del acho, del pijo, del copón y de la locución al final, capullos.

El pasado martes 23 de abril, en plenas Fiestas de Primavera, Murcia celebró su tan anhelado Bando de la Huerta o lo que viene siendo el mayor foro de diversión de la capital levantina que tendría en los San Fermines o en la Fiesta de la Mercè sus equivalentes. Ese día, gran parte de la ciudad, empezando por sus parques y su mítica zona de tascas, amanece con decenas de miles de personas vestidas con un atuendo que pretende remitir a lo más profundo de nuestras raíces agrícolas, esto es, la huerta; la misma que abastece gran parte de Europa de hortalizas y limones.

Habida cuenta de que nunca fui muy aficionado al Bando por parecerme una macro-orgía repleta de excesos innecesarios y frívolos, no pensaba sumarme al evento este año. Sin embargo, las previsiones de lluvia y la propuesta de iniciar la festividad en casa de mi amiga Alba con una comitiva de murcianicos competentes me pareció una alternativa positiva. Todo esto sirvió para decantarme sin contar con la noticia que me tenían reservados Alba y Pablo quienes me informaron de que estaban embarazados. Me alegro mucho por dos personas que considero bellas en los dos sentidos dela palabra. Sin embargo, el cortocircuito que causó en mí el notición tuvo que ser solventado mediante algún Martini que otro, ¡pijo! El pijo murciano no designa únicamente a la persona de indumentaria y comportamiento altamente chic dado que sirve de interjección similar a coño, de sinónimo de pene y de en absoluto como en ¡qué pijo!

Cuando, por fin, el buen tiempo murciano habitual volvió a dejarse ver, fue el momento de echarse a la calle para caminar en dirección de las tascas donde muchas tenían montadas barras afuera con DJ y música a toda castaña convirtiendo la casi-totalidad del casco histórico de la ciudad en una macro discoteca donde las leyes se habían suspendido hasta el amanecer siguiente. Seguramente, durante esas horas de locura bailada, bebida, fumada y hasta esnifada y meada, Murcia, cada vez más sucia, se convertía en el lugar en donde pasárselo bien en Europa. Es posible que cueste creerlo sobre todo por aquellos lugares donde no se repara en ningunear la séptima ciudad de España y su región. Pero Murcia brilla por su gente, su escena rock indie, su comida y su ambiente y en del día del Bando se alcanzó el paroxismo anual, ¡copón! El copón murciano actúa también como interjección para denotar algo exagerado, excesivo o grandioso.

Durante esas horas de locura bailada, bebida, fumada y hasta esnifada y meada, Murcia, cada vez más sucia, se convertía en el lugar en donde pasárselo bien en Europa.

La luz del sol fue volviéndose progresivamente más tenue y con ella la densidad de la masa huertana cada vez más desencajada y rendida ante la música del DJ de turno. En el cruce de las calles Balsas y Agüera, justo entre el Black Tag y la Sidrería, se olía un ambiente eléctrico y repleto de esa alegría que fácilmente se palpa por la ciudad de Murcia durante la primavera la cual, en realidad, dura seis meses al igual que el verano árido. De hecho, todo hijo de vecino sabe que Murcia Ciudad desconoce aquellas estaciones asociadas al frío o a algún sentimiento afín a la saudade portuguesa que denominamos otoño e invierno. Musicalmente, no hubo para todos los gustos, pero sí para diferentes estilos, desde música latina hasta clásicos de la España pre-democrática mediante Raphael, entre otros míticos. Cuando, por fin, fueron bajando los últimos rayos de sol y comenzó a imponerse inexorablemente la oscuridad, tocó sacar a relucir ese lado noventero bakala que todos los nacidos en los años 1970 y 1980 llevamos dentro por mucho que vayamos a conciertos de AC/DC o Viva Suecia en la actualidad. Pont Aeri y maravillosas cantaditas con BPM endemoniado se apoderaban de quienes permanecían allí fieles a la bandera (la de los cuatro castillos) aunque con el fajín desajustado, así como las miradas. El sol se ponía en Murcia y con él las mesas de mezclas abandonaban las terrazas de las tascas.

A la mañana siguiente, de vuelta en el piso de Chema, en el barrio de Vista Alegre, un largo momento tras una siesta de medio día, la puerta de su habitación se abrió por lo que comencé a pedirle explicaciones sobre su retirada de la noche anterior: “Acho, ¿cómo acabaste al final?” acho equivale al chacho de mi amiga Cora. El caso es que obtuve como única respuesta la visión de una chica que salía del dormitorio para emprender el camino de su marcha. Más tarde le pregunté a Chema sobre semejante prodigio. Él no supo contestarme. Normal, pensé yo, lo que ocurre en el Bando de la Huerta, se queda en el Bando de la Huerta. Así que, al final, ¡capullos!, lo que viene ser lo mismo que nada.

Murcia, qué hermosa eres, ¡pijo!

 

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