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22/02/2020 10:07 CET

De simple accidente a crisis ambiental y sanitaria: los interrogantes del vertedero de Zaldibar

¿Se pudo prevenir el hundimiento? ¿Por qué no se había sancionado a la empresa? ¿Qué tipo de material guarda? ¿Cuáles son los efectos en la salud?

El pasado 6 de febrero, en un vertedero de Zaldibar (Vizcaya), se produjo un corrimiento de tierras. Se calcula que se esparcieron medio millón de toneladas de residuos por la carretera y el monte cercanos. Un vertido que, además de causar problemas de tráfico, sepultó a dos trabajadores que aún siguen desaparecidos. Un accidente fatal, se decía en las primeras horas, esas en las que se prestó la atención justa al asunto. 

Una quincena de días después, estamos ante una auténtica crisis ambiental y sanitaria que tiene en vilo a los vecinos de los municipios de la zona -Zaldibar, Ermua y Eibar, que suman 46.000 habitantes-, que nadie sabe cuándo va a acabar, que se ha convertido en un toma y daca político en mitad de la precampaña de las elecciones vascas del 5 de abril. La sensación, tras días de lentitud, de explicaciones justas, de versiones diversas, es de que se oculta más de lo que se cuenta. Imposible no caer en ese miedo. En manos de las autoridades y de la empresa está revertir ese malestar pero de momento, las preguntas son más que las respuestas.  

¿Estaba todo en orden con la administración?

El vertedero donde han ocurrido los hechos, gestionado por Verter Recycling, es una instalación gigantesca donde se llevan residuos no urbanos, es decir, no se apilan basuras de domicilios sino materiales de construcción, restos siderúrgicos, de fábricas papeleras, lodos... Los trabajadores de la planta sostienen que diariamente se recibían unos 200 camiones con restos. 

Entre ellos se encontraban toneladas de amianto, uno de los componentes del fibrocemento, un material de construcción que en España fue comercializado por la empresa Uralita, de ahí que comúnmente se conozca con ese nombre de marca. Está compuesto por fibras microscópicas que pueden permanecer en suspensión en el aire el tiempo suficiente para que representen un riesgo respiratorio. Hoy ya no puede usarse por esta razón. 

El Gobierno vasco ha dicho que no había sospechas de inestabilidad del terreno ni de sobrecarga, pero las investigaciones de la prensa local no lo dejan tan claro: en la Declaración de Impacto Ambiental de 2007 consta que la zona es compleja, indica Naiz; se detalla que el vertedero tiene 205 metros de desnivel, con “fuertes pendientes, superiores al 20%”, y por ello ordena construir un dique de más de 230 metros de longitud y 100 metros de altura para contener la masa de residuos.

Este mismo aviso se hace en la nueva autorización ambiental, redactada en 2016, aunque se reconoce entonces que el “impacto sobre el suelo” no es “significativo”. Sin embargo, en la inspección más reciente, de 2019, se denuncia un relleno no autorizado y se habla de la posibilidad de no renovar esa autorización, porque no cumplía con los estándares ambientales mínimos. Las razones hay que buscarlas en la nota que los funcionarios le ponen al recinto: en cuatro años, de 2015 a 2019, pasó de tener la máxima calificación posible a la mínima, sin que por ello se redujese el volumen de residuos. Al contrario. 

Pese a ello, el consejero de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda del Gobierno vasco, Iñaki Arriola, del PSE, ha afirmado que los informes que tenían en su poder no advertían de ningún problema de estabilidad en el vertedero. “No había ningún indicio de que se pudiera producir un derrumbe”, dijo en una entrevista concedida a la Cadena SER.

¿Por qué nadie escuchó los avisos?

El informe último se elaboró el 27 de agosto de 2019 y se comunicó a la empresa el 16 de septiembre de ese año, añade El Español, un tiempo en el que se multiplicaron las quejas de trabajadores y la sensación de que algo no iba bien. El Correo ha revelado por ejemplo que uno de los desaparecidos, Joaquín Beltrán (el otro es su compañero Alberto Sololuze), llevaba días preocupado por una posible tragedia y, de hecho, llamó por teléfono a otro empleado para que se alejara de la zona cuando comenzó a notar el movimiento de la tierra. “Estaba alerta, porque lo temía”, relatan sus colegas, aunque justo él no pudiera ponerse a cubierto. 

Este mismo diario ha publicado que la empresa sabía de esos miedos de sus trabajadores, hasta el punto de que había contratado a dos topógrafos de la empresa Infotop apenas unos días antes del suceso, al apreciar unas grietas que iban en aumento. 

Un juzgado ha abierto diligencias por un presunto delito doble, ambiental y laboral, mientras que el Gobierno vasco tiene en marcha ya un expediente sancionador a la empresa. ¿Por qué no se hizo antes, si se detectó una merma importante de la seguridad? El Ejecutivo regional ha explicado que estaban trabajando en ello, pero lo cierto es que no se había dado paso alguno.

¿Por qué, al menos, no se pusieron límites?

Los sindicatos denuncian estos días que, a la espera de ese expediente o sanción, de que se le exigiera a la empresa que “revirtiera” sus fallos, al menos se podía haber ordenado una limitación en los residuos que iban al vertedero, para no acrecentar esas tensiones del terreno. 

Los datos oficiales indican que en 2017 acogió 379.689 toneladas, pero es que en 2019 la cifra ya era de 510.994, un incremento de un 40% largo en dos años. La proporción es aún mayor si se mira en concreto el amianto: de 2.954 toneladas se pasó a 4.235, prácticamente la mitad más. El tiempo es que se pusieron a prueba las costuras de la instalación es, justo, el mismo en el que sus notas a ojos de los inspectores bajaron en picado. 

El vertedero tenía licencia de actividad hasta 2046, pero todo está ahora en el aire tras el accidente. Y se abre un debate importante: el de dónde llevar todos estos residuos, ahora que ese agujero ya no está disponible. Ese, y el de por qué seguimos generando tanta basura, peligrosa y no peligrosa, y cómo es mejor deshacerse de ella. 

¿Qué había realmente dentro?

Una de las claves sin resolver aún, más allá de estas deficiencias, es el tipo de materiales que custodiaba el recinto, que no se corresponden con lo autorizado. La viceconsejera vasca de Medio Ambiente, Elena Moreno, ha confirmado que se estaban tratando residuos peligrosos y que eso es ilegal, toda vez que se trata un vertedero para residuos no peligrosos, según su ficha técnica. Por eso una de las dudas es saber realmente qué hay ahí metido. 

El amianto, matizan, estaba en Zaldibar legalmente, porque si se guarda siguiendo los protocolos previstos no se entiende como peligroso. Lo ha terminado siendo al salir disparado por el monte y sobre la autopista AP-8, que conecta Bilbao y San Sebastián y que tuvo que cortarse por el vertido. 

El gabinete del lehendakari Íñigo Urkullu sólo ha concretado que “en Euskadi no hay hoy vertederos aptos para estos residuos”, pero sigue sin dar la lista de qué residuos son. Esto hace que se disparen las especulaciones y que se lancen nombres de sustancias sin confirmación, pero con un importante poder de amedrentamiento. 

¿Cuál es el verdadero riesgo de la contaminación?

Una de las preguntas más sencillas de contestar, a priori, es por qué se ha producido un incendio, si lo que ha habido es un corrimiento de tierras: “cuando hay presencia de metano se pueden levantar llamas fácilmente”, dicen los expertos. Vale. Pero los vecinos, que no tienen por qué ser científicos, lo que se preguntan es: ¿qué compuestos hay en la zona para que ardan? ¿Lo hacen por el movimiento, por roce, porque entran en contacto unos con otros? ¿Y por qué ha tardado hasta 12 días en ser sofocado -aunque incluso en la noche del jueves se reavivó de nuevo-, por qué ha costado tanto, más allá de la explicación de que se produjo en una zona “de difícil acceso”?

A esas preguntas se suma la derivada: ¿por qué ese fuego ha liberado toxinas y qué efecto pueden tener en la tierra, el agua, el aire... en la vida de la zona? Dicha combustión, según las autoridades vascas y de la Diputación de Vizcaya, han provocado un incremento de las dioxinas y furanos, en proporciones 40 veces superiores a los normales. Pueden generar desde afecciones cutáneas hasta daños en el sistema endocrino, pasando por el cáncer

Pese a ello, se insiste en que la calidad del aire es correcta, aunque se han mantenido hasta la noche del jueves una serie de precauciones básicas: el agua de las canalizaciones oficiales se podía beber con seguridad, pero era mejor evitar el consumo de la de pozos propios (algo bastante común en los caseríos de la zona); era aconsejable airear las casas lo menos posible y mantener las ventanas cerradas, sobre todo por las noches; no se recomendaba hacer ejercicio “hasta nuevo aviso” y las actividades al aire libre en los colegios, como los recreos, se habían vetado. Todo ha quedado ya levantado, con lo que ahora se respira -literal y metafóricamente- mejor, y hasta se van a poder llevar a cabo las fiestas de carnaval con normalidad. 

No obstante, también hay confusión a este respecto, ya que el Ayuntamiento de Zaldibar ha llegado a recomendar no beber agua del grifo en el anexo barrio de Eitzaga, tras haber recibido recomendaciones de técnicos en este sentido.

La incertidumbre también viene de la carretera: aunque se decidió reabrirla tras limpiar el máximo posible de residuos, ya han tenido que interrumpir el flujo de tráfico en varias ocasiones por miedo a nuevos derrumbes. Se ha anunciado la construcción de un muro de contención, que debe estar acabado la semana que viene, con el que se busca aumentar la seguridad. 

¿Cómo ha afectado a los rescatadores?

Unas 60 personas trabajaron en la zona en el primer momento, el día del accidente, sin protección contra el amianto, hasta que esa madrugada les ordenaron evacuar la zona por el riesgo. Medio día se tardó en reactivar los trabajos, hasta que las medidas de seguridad fueron aceptables. 

El Sindicato Profesional de la Ertzaintza (SIPE) ha pedido al Departamento de Seguridad vasco que haga exámenes médicos específicos a los agentes que han participado en el dispositivo, porque desconocen el efecto que el amianto ha tenido sobre ellos. En las primeras horas, denuncia, no hubo protocolo alguno, los agentes trabajaron sin mascarillas y luego dejaron sus trajes en los lugares habituales, al lado de los de los demás colegas. Una situación que se extiende al personal de Bomberos o Protección Civil que también trató de mover los residuos en busca de los dos trabajadores perdidos.

Ahora es una empresa externa especializada en estas limpiezas la que está pilotando el caso, se está “cribando a mano y con la unidad canina”, pero el dispositivo se ha tenido que parar y reanudar hasta en tres ocasiones por el peligro de nuevos deslizamientos y de los propios materiales, ignotos, que guarda la planta.

De ahí que los nervios crezcan sobre todo entre las familias de los dos trabajadores que, si bien no tienen esperanzas de encontrarlos con vida, al menos aspiran a recuperar sus cuerpos cuanto antes. Los allegados y amigos se están quejando de la escasa información y contacto con las autoridades.  Incluso la visita de Urkullu a la zona, el miércoles pasado, fue bastante fría. Algunos de los familiares han indicado al diario Berria que se sintieron aún peor tras el contacto con el lehendakari y hasta el mandatario se ha disculpado por su falta de empatía con ellos.

Su Gobierno insiste: dar con los empleados es su “prioridad absoluta”, pero hay que tener en cuenta que los trabajos se desarrollan en zonas “sensibles” donde hay que evitar nuevos desastres. 

¿Cómo puede afectar a las elecciones vascas?

Los comicios vascos están a la vuelta de la esquina, el 5 de abril, y el Gobierno no contaba con una tragedia así en precampaña. La oposición está aprovechando la falta de explicaciones y las lagunas para cargar contra Urkullu, quien no habló del tema hasta pasados cuatro días del hundimiento, el lunes, en el mismo instante en que se creó la mesa de seguimiento del caso. Inicialmente dijo que no se iba a dejar llevar por la presión de las redes sociales y que acudiría a Zaldibar cuando fuera oportuno. Fue, finalmente, rozando la semana. 

Ya en la Diputación Permanente del Parlamento Vasco, el presidente tuvo que dar su versión de lo ocurrido, y defendió que desde el primer momento, el Gobierno Vasco y las demás instituciones han actuado “de forma coordinada, tratando de dar respuesta progresiva y específica a todas las consecuencias derivadas de una situación de máxima relevancia, urgencia y complejidad”.

No obstante, ha pedido disculpas por los errores que se hayan cometido, algo que lamenta “mucho” pero que justifica en que se trata de una situación “inédita”. Dependiendo de lo que se alargue la crisis y de las novedades que haya, su imagen se pueden resentir de cara a la cita electoral, cuando las encuestas le dan ganador. 

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