POLÍTICA
05/11/2019 00:56 CET | Actualizado 05/11/2019 02:05 CET

Salimos tan mal como entramos

Un bronco debate 'a cinco' que retrata la España del bloqueo

REUTERS
Debate

170 minutos. Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias y Santiago Abascal encerrados en el mismo plató en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo. ¿Y? Un debate bronco, de reproches constantes, de miradas desafiantes, de posturas ancladas. El retrato de la España del bloqueo.

En este agotador, a ratos trepidante duelo, se ha visto a un Sánchez clamando por que le dejen gobernar como lista más votada después del 10-N (sin revelar posibles socios o abstencionistas); un Casado intentando visualizarse como la otra opción bipartidista (sin conseguirlo); un Iglesias exigiendo el Gobierno de coalición (sin dar tregua al PSOE); un Rivera buscando llamar la atención (y al que sus posibles socios no dan ni validez a sus palabras), y un Abascal vendiendo la imagen de hombre directo (pero diciendo datos falsos y propuestas extremas constantemente, vinculando inmigración con delincuencia). Todo bajo la moderación de Ana Blanco y Vicente Vallés.

La principal baza de Sánchez ha sido apelar al desbloqueo y presionando a PP y Cs por su relación con la ultraderecha. Ha sacado muchas promesas: incluida la de traer de nuevo a Carles Puigdemont para que cumpla cuentas con la Justicia española. Por otro lado, sufría no contestando cuántas naciones hay en España. Su intención era buscar el centro y para ello ha desplegado una contundente batería de medidas contra el independentismo. Con un hándicap, en este tipo de debates el presidente es la pieza a batir.

 

Casado salía a intentar polarizar el debate: oler a bipartidismo. Pero se ha enzarzado con Sánchez a la vez que con Rivera. Intentando forzar en temas catalanes, vendiendo su gestión. Pero se ponía más nervioso cuando salía el gran fantasma: la corrupción. Y sin contestar cuando le hablaban de pactos con la ultraderecha... pero ha salido mejor parado que en abril.

Desde su atril, Iglesias ha aplicado su argumentario favorito durante estos días: el PSOE quiere la gran coalición. Intentando esquivar el tema catalán, y con mala cara cada vez que Sánchez le decía ‘deja vu’ y le citaba a Jaume Asens. Con un lapsus, muy comentado en redes, cuando ha hablado de ‘mamadas’ en lugar de ‘manadas’. Su problema: ¿cómo combinar el intento de un Ejecutivo conjunto con tanta crítica al socialismo? Eso sí, el más solvente a la hora de debatir.

Rivera, por su parte, entraba con merchandising, desde un adoquín hasta un rollo de papel, en una situación desesperada con las encuestas hundidas. Intentado perfil propio y peleándose con todos. Pero sus palabras cada día suenan más endebles por sus giros.

El novato, Santiago Abascal, ha mostrado su faceta extrema, hablando de inmigración o de Cataluña. Pero, desde luego, era el mensaje que esperaban sus seguidores. La derecha tiene claro que unirá sus votos a pesar de sus peleas, hoy la izquierda no sale con esa sensación.

 

Un debate por los indecisos

Un debate trascendental: el momento más esperado en una campaña exprés de tan solo ocho días al repetirse las elecciones. Y con la vista puesta en los indecisos, que decidirán el resultado del próximo domingo. Según el CIS, algo más del 30 por ciento de los que dicen que irán a las urnas todavía no saben qué papeleta escogerán. 

Además, un duelo con una novedad respecto a abril al participar por primera vez el líder de la ultraderecha, Santiago Abascal, al contar ya con representación parlamentaria. Una participación que llegaba marcada por el auge del partido extremista en las encuestas, que podría ser la tercera fuerza este domingo con más de cincuenta escaños.

El panorama actual, a tenor de los sondeos, es una victoria del PSOE -pero estancado en su resultado de abril o con menos diputados-, con un PP subiendo cerca de los cien diputados pero con una tendencia ralentizada durante estos días. Vox sería tercero teóricamente, en virtud de los sondeos, con Unidas Podemos en cuarto lugar. El gran batacazo sería para Ciudadanos, que podría tener hasta menos de 20 diputados.

 

Y esto flotaba ya desde el principio en el plató ubicado en el Pabellón de Cristal, con 19 metros de diámetro. Cinco atriles en tonos blancos y grises. Y los colores decían mucho: desde la corbata en tono morado de Pedro Sánchez (¿un guiño a UP?) hasta el azul dominante en la corbata y el traje de Pablo Casado (puro PP). Abascal jugando a la informalidad sin corbata, mientras que Rivera iba casi como de gala-boda (con corbata con topitos). Iglesias, el único sin chaqueta... pero con corbata (muy La Tuerka).

Ya desde el arranque la tensión ha caldeado el gélido espacio. Y no era para menos: de lleno al tema catalán. Pero con un prólogo del primer minuto con una petición de Sánchez, que no ha tenido respuesta: el compromiso de que si nadie logra la investidura, se permita gobernar a la lista más votada.

¡A zambullirse en el tema catalán! Sánchez ha querido marcar el territorio con otras promesas: incluir en el Código Penal la realización de referéndums ilegales, exigir 2/3 parlamentarios para los consejos de los medios de comunicación públicos y una nueva asignatura en valores constitucionales.

Pero le esperaba un acorralamiento. ¿Cuántas naciones hay en España?, le ha exigido contestar varias veces Casado a Sánchez. Y es que es uno de los flancos más débiles del candidato socialista: que ha pasado del Estado plurinacional que defendía en las primarias a la mano dura en estas semanas.

EFE
Debate electoral

No faltaba de nada: Rivera sacaba un adoquín barcelonés. Tenía para el presidente del Gobierno... pero también para Casado. ¡Y ahora un rollo de papel con las competencias cedidas a la Generalitat por el PP y el PSOE! “No se equivoque de adversario”. le recriminaba el ‘popular’ al ‘naranja’.

Y, mientras, Abascal con el discurso más extremista: detención de Torra y suspender la autonomía catalana. Iglesias intentaba mientras desviar el tema diciendo que el bloque territorial debía ir también sobre temas como la España vacía. El ‘morado’ no aceptaba lecciones de ser español del líder de la ultraderecha. Y avisaba: Sánchez puede utilizar Cataluña para pactar con el PP.

Reproches por todas partes. A pesar de que luego pactan muy fácilmente, ha habido tensión también dentro de la derecha en otros momentos. Rivera quería poner contra las cuerdas recordándole a Abascal que estuvo a sueldo de la Comunidad de Madrid con una fundación en la que solo trabaja él con un sueldo de 80.000 euros. El líder de la ultraderecha intentaba salir del hoy diciendo que precisamente por eso apuesta por eliminar esos chiringuitos, porque los conoce. Y que, por eso, abandonó el Partido Popular para fundar Vox.

El líder de Vox ha dejado frases e ideas de extrema derecha durante todo el debate, diciendo que las vecinas de su barrio no pueden salir a la calle con joyas porque hay menores inmigrantes. Incluso ha llegado a afirmar que el 70% de los miembros de las otras ‘manadas’ son extranjeros. Un dato que es falso. Y daba más cifras al azar no comprobadas como que la sanidad universal para inmigrantes cuesta “mil, dos mil, tres mil millones”.

“La derecha cobarde y la ultraderecha agresiva”

Y Sánchez aprovechaba para reprochar la actitud de Casado y Rivera con Abascal. “Están representando la derecha cobarde ante una ultra derecha agresiva”. El presidente del Gobierno ha evitado bajar al barro con Abascal, pero sí ha llegado un momento, bien pasada la medianoche, de un momento ‘cara a cara’, cuando el líder de la ultraderecha le ha acusado de reavivar los odios.  

Acto seguido llegaba otro de los momentos más tensos: Iglesias contra Abascal. El líder de la ultraderecha le ha recriminado paseos por las herriko tabernas y ha dicho que no aceptaba lecciones de constitucionalismo cuando él había sido señalado por ETA. El secretario general de UP le ha indicado que en sus listas va también un guardia civil amenazado por la banda terrorista y que no presume de ellos, y se dedica a “trabajar”.

¿Y se saca algo en claro de los pactos? Pues no mucho. Sánchez ha repetido que no piensa hacer una gran coalición con el PP, pero no ha aclarado si va a aceptar los votos de ERC y Junts. Su idea: dejar gobernar a la lista más votada. Una promesa ha hecho también: Nadia Calviño será vicepresidenta económica. Desde luego, no parece una gran señal para Unidas Podemos, que no se siente nada cercano a la actual titular de Economía y propuestas como la mochila austriaca.

En ese momento sobre pactos, Sánchez ha insistido en la connivencia de Casado y Rivera con la ultra derecha. Siente envidia, ha proclamado el socialista, de países como Alemania o Francia donde Angela Merkel y Emmanuel Macron no pactan con la extrema derecha. “Se han unido a la ultraderecha -ha proseguido- que justifica las manadas, exaltan el franquismo y la ilegalización del aborto”. 

 Pd: Uno de los momentos de la noche ha tenido como protagonista a Ana Blanco cuando ha dicho que no era una foto de igualdad. Cinco hombres para llegar a La Moncloa.

 
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