¿Debemos gritar más fuerte contra Vox?

Este es el método que más se practica, a pesar de que una y otra vez comprobamos que no da resultado.
Acto de Vox en Vallecas. De fondo, una vecina se asoma junto a un cartel contra el partido de ultraderecha.
Acto de Vox en Vallecas. De fondo, una vecina se asoma junto a un cartel contra el partido de ultraderecha.
NurPhoto via Getty Images

Sorpresa: la mejor forma de combatir a la extrema derecha por parte de los demás partidos no es gritar muy fuerte “no a la extrema derecha” y seguir comportándose en asuntos de corrupción, de política territorial o económica como hasta ahora. Sin embargo, éste es el método que más se practica, a pesar de que una y otra vez comprobamos que no da resultado. La extrema derecha ha conseguido colocarse como solidísima segunda fuerza política en Francia. Por primera vez tenemos miembros de Vox en puestos ejecutivos de un gobierno autonómico. Y todos sabemos cuál es la casilla a la que vamos a mirar en primer lugar ante los resultados electorales andaluces del 19 de junio. ¿Será que no estamos gritando lo suficientemente fuerte “¡no a la extrema derecha!”? ¿Y si imprimimos también camisetas?

“La mera sugerencia de que quizá el comportamiento de los demás partidos pueda tener una mínima culpa en este problema ya es considerado directamente una postura filovoxiana”

Quizá debido al auge de las redes sociales, quizá debido a la crisis de la prensa escrita, el análisis político que encontramos en los medios sobre esta cuestión es desesperantemente pobre, centrado la mayoría de las veces en unas misteriosas esporas caídas del cielo que hacen que la población mundial se esté volviendo fascista. Todo lo que sea ir un milímetro más allá del reproche moral hacia dirigentes y votantes, todo lo que intente comprender las causas que nos pongan en la pista de las soluciones, es visto como una postura tibia que no está dada a la escala del problema, —la maldad humana, sin más—. La mera sugerencia de que quizá el comportamiento de los demás partidos pueda tener una mínima culpa en este problema ya es considerado directamente una postura filovoxiana.

Todo votante decide su voto con un componente a favor del partido elegido y un componente en contra de los descartados. Estos porcentajes varían entre votantes y entre partidos. En el voto a Vox desempeña un importantísimo papel el rechazo a los partidos tradicionales. Los votantes del partido de Abascal votan mucho más en contra de algo que a favor del algo. En este macabro partido de fútbol, Vox está sentado tranquilamente dentro de su propia área contemplando muerto de risa el entusiasmo con el que los demás partidos marcan goles en propia puerta que suben a su marcador. No lo olvidemos: Vox es sobre todo un partido carroñero, una formación política coprófaga. Y ante una plaga de este tipo adoptar medidas de extrema higiene propia es más eficaz que exhortar al enjambre a que se vaya.

“Los votantes del partido de Abascal votan mucho más en contra de algo que a favor del algo. En este macabro partido de fútbol, Vox está sentado tranquilamente dentro de su propia área muerto de risa”

“¡Alerta antifascista!” clamó en su momento Pablo Iglesias. Pero no se refería a que la izquierda desde entonces iba a defender radicalmente la integridad territorial del Estado como principal riqueza de la clase obrera española o a que la mujer iba a volver a ser el sujeto político del feminismo ministerial. Eso sí que hubieran sido medidas contra Vox. Se refería a que había que poner pancartas en las ventanas ante cada mitin de Abascal. Eso sí que le beneficia. Ante el alarmante auge de la extrema derecha, los demás partidos ofrecen el argumento menos convincente desde Pericles: “hagamos lo que hagamos deberéis seguir votándonos, porque, si no, viene Vox”. Y si hace falta, se graba una versión de “Imagine” con muchas figuras de la canción cantando un verso cada una. Yumeiseiaimadrimeeer… Seguro que así Vox se desploma en las encuestas.

Acto de Vox en Vallecas