Dejad de tratarme como si fuera prescindible cuando habláis del coronavirus

Tengo que valorar mi salud porque otras personas no lo harán. Tengo que tomarme en serio el riesgo porque otras personas no lo hacen.

“No te preocupes, no es para tanto, solo afecta a la población de riesgo, como los ancianos y las personas con enfermedades previas”.

No paré de recibir mensajes de este estilo durante las primeras semanas del COVID-19. Lo han dicho muchas personas desde muchos lugares. En Twitter, en la tele, en el periódico... Ninguno de los emisores parecieron considerar la posibilidad de que su mensaje llegara a un miembro de esa población de riesgo ni se pararon a pensar en que estaban tratando a esas personas como prescindibles.

De hecho, este sentimiento de ser prescindibles e invisibles ha circulado en muchos grupos de personas con discapacidades a raíz del coronavirus.

Hoy mismo me he desinfectado un trozo de piel con alcohol y me he inyectado una sustancia inmunosupresora. Lo hago con regularidad desde que iba al instituto.

Estos medicamentos, junto con otros que tomo (incluida una dosis baja de metotrexato, que es un tipo de quimioterapia) sirven para suprimir mi sistema inmunitario.

Tengo que tomar estos medicamentos porque padezco una enfermedad autoinmune y mi sistema inmunitario confunde mis tejidos sanos con patógenos (virus e infecciones) y se ataca a sí mismo. Cuando mi sistema inmunitario está sobrecargado, enfermo. Debilitar mi sistema inmunitario le da a mi organismo la oportunidad de defenderse de sí mismo, pero también debilita mi capacidad de luchar contra los verdaderos patógenos, como el coronavirus.

“Se ha hablado de las personas con discapacidades y de los mayores como si fuéramos prescindibles”

La perspectiva que me da mi experiencia me hace tener en cuenta varios datos, pero sobre todo que soy más vulnerable al coronavirus y que me afectaría mucho más que si tuviera un sistema inmunitario sano para defenderme.

Lo bueno es que en cierto modo, estoy más preparada: llevo siendo inmunodeficiente desde mucho antes de que saltara la alarma por el COVID-19; siempre llevo encima toallitas húmedas y desinfectante de manos, me lavo e hidrato las manos de forma meticulosa varias veces al día, me aseguro de tener suficiente jabón y productos de limpieza, nunca meto las manos en los cuencos de muestras gratuitas y sí, también he aprendido a no tocarme la cara.

Cuidar de tu salud me parece similar a conducir un coche. Aunque seas un buen conductor, puedes sufrir accidentes porque no todo el mundo lo hace igual de bien. Aprendí hace mucho tiempo que tengo que tener cuidado y adoptar estas precauciones porque otras personas no lo van a hacer. Tengo que valorar mi salud porque otras personas no lo harán. Tengo que tomarme el riesgo en serio porque otras personas no lo hacen. Además, la forma en que la gente ha hablado del coronavirus también me ha recordado que tengo que valorar mi vida, porque a mucha gente le doy igual. Se ha hablado de las personas con discapacidades y de los mayores como si fuéramos prescindibles.

No me refiero a las decisiones increíblemente difíciles que están tomando los médicos en Italia y otros países para distribuir de la mejor manera posible los insuficientes recursos de los que disponen. Me refiero a los tuits que dan por hecho que no va a morir nadie importante, al presidente Trump negando por completo la gravedad de la situación, al bloqueo realizado por el senador Lamar Alexander a una ley que garantizaría la baja laboral de dos semanas a los trabajadores durante emergencias sanitarias y a los empresarios que se niegan a conceder la baja laboral, especialmente a las personas con ingresos bajos como las que trabajan en restauración y a los empleados del hogar, que también deberían poder quedarse en casa si enferman.

“Si te preocupa la gente, preocúpate también por los más vulnerables. Estamos aquí y no somos prescindibles”

También me refiero al hecho de que de repente ya sea posible trabajar desde casa o asistir a clase desde el ordenador, pese que a muchas personas con discapacidades y enfermedades crónicas se nos ha negado la posibilidad en el pasado. Todas esas acciones nos dicen que no importamos tanto como para realizar un esfuerzo.

Hablo también de la falta de pruebas de detección del COVID-19. Hablo de quienes ignoran los consejos de los especialistas (no necesitas llevar mascarilla si no has contraído el coronavirus, quédate en casa y lávate las manos) porque no les da miedo “una gripe”. Hablo del acopio masivo de productos, que hará que los más vulnerables no tengan acceso a ellos a medida que los vendedores suban los precios siguiendo la ley de oferta y demanda.

Y sí, hablo de la falta de seguridad social para todos en plena pandemia y de la importancia de una sanidad pública.

Seis de cada diez adultos en Estados Unidos tienen una enfermedad crónica, según los CDC, y cuatro de cada diez tienen más de una. Yo soy una de esas personas con varias enfermedades crónicas (comorbilidad, si queréis poneros técnicos).

Hace mucho tiempo que soy consciente de que soy la persona que más se preocupa por mí misma, mi salud y mi bienestar teniendo en cuenta que estoy inmunosuprimida. No obstante, descubrir la ingente cantidad de personas que no desinfectan sus móviles y sus pomos (o peor, que se preguntan si de verdad hace falta lavarse las manos después de ir al baño) no me inspira mucha confianza en que las demás personas vayan a cuidar las unas de las otras.

Las personas a las que más va a afectar esta pandemia son las más vulnerables, las personas con discapacidades o con enfermedades crónicas, las que no tienen acceso a agua limpia y jabón y las que tienen que seguir utilizando el transporte público, las que tienen miedo de tomarse un día libre, las que tengan miedo de buscar asistencia sanitaria para que no las deporten o las que no tengan acceso a la sanidad. Estas son las personas más perjudicadas cuando decides no prestarle atención a esto, cuando piensas que a ti no te va a pasar nada, cuando te opones al derecho a la baja laboral y cuando ignoras lo que dicen los médicos sobre “frenar la curva”.

“Esta es una de las situaciones en las que nuestras acciones afectan a mucha más gente”

Sí, vas a tener que cambiar tu rutina por el bien de otras personas, y va a ser especialmente duro en Estados Unidos, ya que no estamos tomando las medidas de otros países, como garantizar la baja laboral, suspender el pago de los alquileres y otras medidas para evitar que las personas infectadas salgan de casa.

Si estás enfermo, quédate en casa. Yo misma he pasado temporadas encerrada en casa por enfermedad y sé que es un asco estar en aislamiento durante mucho tiempo. Encuentra alguna serie de Netflix a la que engancharte, come espaguetis o haz limpieza de tu bandeja de entrada, pero quédate en casa. (Ya sé que es muy fácil decirlo y muy difícil de hacer para aquellos que viven de lo que generan cada día y van a perder dos semanas de ingresos, y no se me ocurre ninguna solución excepto seguir presionando al Gobierno).

Esta es una de las situaciones en las que nuestras acciones afectan a mucha más gente: tu decisión de salir de casa cuando no te encuentras bien, de no lavarte las manos después de tocar las barandillas públicas o de quitarle importancia a la pandemia porque a ti no te va a afectar. Es muy probable que estos comportamientos tengan un impacto muy real en personas como yo, que tenemos un sistema inmunitario débil.

Lo mejor que puedes hacer para mantener sanos a los demás es tomar precauciones. Infórmate sobre el distanciamiento social. Evita ir a lugares abarrotados, lávate las manos con frecuencia y quédate en casa. Te estoy pidiendo ayuda para que me mantengas a mí y a otras personas a salvo.

Hazles ver a las personas que no están inmunodeprimidas que nosotros también importamos y toma los pasos necesarios para que veamos que no estamos solos en la lucha contra este virus.

Si te preocupa la gente, preocúpate también por los más vulnerables. Cuida a los demás cuidándote a ti, ahora y cuando el COVID-19 frene su expansión. La forma de hablar sobre ello importa. Estamos aquí y no somos prescindibles.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Estados Unidos y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.