La psicología que explica por qué ante el pánico nos da por comprar

El impulso de almacenar provisiones es 'normal', pero no hace más que empeorar la situación.

Papel higiénico, pasta, comida enlatada, desinfectante... Son solo algunos de los artículos que están desapareciendo de los supermercados en mitad de la histeria por el coronavirus.

Las imágenes están circulando por las redes y los supermercados ya han tenido que pedir responsabilidad a los clientes.

Si bien esta histeria colectiva es una reacción comprensible ante una situación incierta, está afectando a la vida de la gente y podría ocasionar graves impactos en la cadena de suministro.

Algunas personas empiezan a tener problemas para acceder a sus medicamentos y se teme que esta histeria colectiva afecte sobre todo a los miembros más vulnerables de la sociedad: las personas con ingresos bajos, los mayores y las personas con discapacidades y enfermedades crónicas. ¿Entonces, por qué está ocurriendo?

La ansiedad que produce el coronavirus es totalmente normal y el impulso de almacenar provisiones parece razonable, pero es importante recordar que no hace más que empeorar la situación. No solo porque agoten los productos y otras personas se queden sin acceso a estos, sino porque también afecta negativamente a quienes llenan la despensa.

El psicoterapeuta Nick Blackburn asegura que muchas personas intentan “solucionar” su ansiedad comprando suministros, pero al llegar a la tienda, ven cómo van desapareciendo los productos y eso les genera más ansiedad.

A esto se le suman los comentarios mordaces que reciben por hacerlo, ya sea en el propio supermercado o en las redes sociales. “Así no van a conseguir que estas personas se sientan mejor”, señala Blackburn.

Puede que la ansiedad sea uno de los motores de la histeria que se está viviendo en los supermercados, pero la terapeuta Hansa Pankhania considera que también influyen la impotencia, el miedo y la pérdida del control.

“Cuando no se tiene el control sobre el mundo externo, la gente busca el control en su microcosmos: el hogar y la rutina. Llenar la despensa es su forma de lograrlo”

Cuando llenan la despensa, sienten que así hacen algo por sí mismos en una situación que más allá de eso solo les provoca impotencia. Cuando no se tiene el control sobre el mundo externo, la gente tiende a buscar el control en su microcosmos: el hogar y la rutina. En este caso, llenar la despensa es su forma de lograrlo.

El factor del miedo es comprensible habiendo gente que ha muerto por este coronavirus. Si a eso le sumas el miedo a quedarse sin suministros, surge el instinto básico de supervivencia: “Si no tengo comida, me voy a morir”.

“Las noticias están saturadas de personas que mueren o enferman”, comenta. “Escuchando esa clase de noticias día sí y día también, nuestro instinto de supervivencia se activa todavía más. Por lo general, a los seres humanos no se nos da muy bien lidiar con la incertidumbre y esta es su forma de sentirse seguros”.

¿Puede en algún caso esta histeria en los supermercados ser la opción sensata? Ratula Chakraborty, profesora de Gestión empresarial en la Universidad de East Anglia, explica que en el caso de familias con miembros vulnerables o ancianos sí que es una buena opción.

“Sin embargo, lo que estamos viendo es que la gente se lleva todo lo que puede, y eso sí que es una reacción inapropiada. Al hacerlo, están transmitiendo ansiedad a otras personas porque no van a poder comprar sus cosas, y se produce un efecto dominó”, advierte.

Helen Dickinson, directora ejecutiva del British Retail Consortium (BRC), señala que los comerciantes estan afrontando un incremento de la demanda de determinados productos “que no tiene precedentes más allá de los periodos navideños”. Hasta ahora, esta demanda se ha centrado en productos de higiene y alimentos no perecederos.

Si desabastacer el supermercado no es la solución, ¿qué hay que hacer?

Hay que afrontar la epidemia con otras estrategias, sugiere Blackburn. La primera es muy simple: recurre a fuentes de información veraces en las que puedas confiar, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Sanidad.

En segundo lugar, intenta no estar en contacto con personas que solo transmiten su ansiedad. “Quienes hablan de lo preocupados que están no son fuentes de información ni de noticias”, advierte. Lo que consiguen es echar más leña al fuego. Dicho eso, es importante mantener el contacto con amigos y familiares para decirles cómo te encuentras y saber cómo se encuentran ellos. “Algunas personas solo quieren hablar del miedo que tienen y así logran calmar su propia ansiedad”, sostiene.

Por último, planifica con tiempo. “Supongo que si la compra está planificada, no cuenta como histeria”, comenta. “Quizás no sea posible planificar con tanta antelación como nos gustaría, pero hay que intentar centrarse en lo que es necesario comprar ahora”. Tener un plan en mente alivia la ansiedad.

Haz la compra, desde luego, pero con cabeza. Es posible que haya gente que se tenga que aislar un par de semanas si corren el riesgo de contraer el COVID-19. El sentido común dicta que solo hacen falta dos o tres semanas de suministros en casa. Eso equivale a un paquete grande (o dos) de papel higiénico, unas cuantas latas y quizás un paquete de pasta y otro de arroz. Si se acaba, puedes pedir suministros por internet o comida a domicilio.

Las personas con problemas de salud previos quizás tengan que quedarse en casa más tiempo. Si es el caso, habría que asegurarse de que hay familiares y amigos preparados para llevarles suministros si los necesita. Establece turnos con un amigo o un familiar para garantizar que esas personas tendrán suministros todas las semanas.

“No hace falta comprar para seis meses, solo necesitas dos o tres semanas”, comenta el profesor Chakraborty. “Haz una vida normal en la medida de lo posible”.

Todos tenemos la responsabilidad social de velar por el bien de los demás. Acaparar todo el jabón de manos y el papel higiénico de las tiendas no es la forma de hacerlo. “La gente tiene que tener un poco de cabeza al comprar lo que necesita”, añade.

Este artículo fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido y adaptado del inglés por Daniel Templeman Sauco.

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