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25/12/2019 07:30 CET | Actualizado 25/12/2019 07:30 CET

Diario de a bordo (6): Impresiones de la Antártida

Nadie puede venir a estas tierras y regresar como vino, esta tierra te toca el corazón y conecta con tu alma.

Homeward Bound

Viento en popa a toda vela saltando las olas a lo largo del Cabo de Hornos nos adentramos en el Mar de Hoces, dejamos la Antártida atrás. Blanca, inmensa, serena y silenciosa, llena de vida. De una belleza tan potente y tan real que irremediablemente te hace pensar, tomar conciencia del impacto que nuestro modo de vida tiene en nuestro planeta y de la necesidad de preservar este lugar tan especial como único. La Antártida es uno de los últimos lugares de naturaleza salvaje en nuestro planeta.

En estas latitudes gélidas sus habitantes viven y conviven, sin miedo y sin prisa, como lo han hecho desde hace millones de años. Los pingüinos, las focas, los leones marinos, las ballenas y las aves antárticas son dueños de esta tierra con la cual viven en sincronía y en sintonía. 

Los sonidos de este lugar mágico son los de las voces de sus habitantes, los acordes del viento y del hielo que forman una pieza en perfecta armonía donde también hay espacio para el silencio. Cada uno de sus habitantes es parte de un paraíso tan especial como único donde las fuerzas de la naturaleza están al mando. Los cielos al atardecer son de mil colores, tranquilos. La Antártida es un lugar donde la prisa no existe y donde sus habitantes se adaptan a las inhóspitas condiciones que cambian continuamente.

Nadie puede venir a estas tierras y regresar como vino, esta tierra te toca el corazón y conecta con tu alma. 

Es uno de los últimos lugares de naturaleza salvaje en nuestro planeta.

Su localización geográfica y las características inhóspitas de su clima, han permitido a la Antártida protegerse de la mano del ser humano, sin embargo, eso está cambiado. Hoy en día la Antártida está sufriendo tanto los efectos de nuestro modo de vida como los efectos del cambio climático:  sus corrientes marinas mas profundas se están calentando, sus glaciares se están retrayendo y la temperatura en la península sube a un ritmo desproporcionado afectando a la flora y fauna. La conexión entre los procesos oceánicos y atmosféricos, hace que los cambios mencionados no sólo afecten a la Antártida sino a todo el planeta.  

En estas últimas horas de nuestro viaje en el programa Homeward Bound apoyado por Acciona, más que nunca, la Antártida me susurra sobre la necesidad de vivir en sintonía con ella, con nuestro planeta y con el resto de sus habitantes. Me recuerda lo minúsculos que somos y también de lo destructivos que podemos ser.  Así como también la necesidad de cambiar nuestro modo de vida y nuestra forma de usar los recursos de nuestro planeta. No tenemos alternativa sino una imperativa necesidad para nuestra supervivencia y para la continuidad de nuestra existencia como la conocemos. El cambio está en nuestra mano.

 

Patricia Menéndez es doctora en matemáticas y estadística y profesora en la Universidad de Monash en Melbourne (Australia).