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29/01/2020 03:23 CET | Actualizado 29/01/2020 03:23 CET

Diario de una 'startup': el fin (15)

¿Puede que si hubiéramos hecho menos costosa la creación de una cuenta hubiera funcionado la cosa?

Gwengoat via Getty Images

Durante un par de años he ido contando en este blog las andanzas de una startup (www.okakiben.com) que fundé junto a mi hermana en 2017. Recuerdo que le mandé a la entonces directora de El HuffPost un correo en el que le indicaba que publicar esta peripecia en mi blog podía resultar interesante para cualquiera que tuviera una idea parecida y pudiera aprender de nuestros errores, y que en el improbable caso de que nos fuera bien, el blog despertaría aún más interés. Me comprometí también a dar cuenta de nuestros errores.

Puesto que lo prometido es deuda, es justo que explique aquí qué ha pasado. No es fácil porque durante el par de años que la empresa se ha mantenido con vida he aprendido muchas cosas, pero sigo sin saber muchas otras.

Uno de los más respetados gurús de Silicon Valley, Paul Graham, tuiteó que la que quizás sea la empresa más exitosa que ha salido de su incubadora estaba aparentemente al borde del desahucio, cuando en realidad estaban a solo cuatro retoquillos de despegar como un cohete:

Es altamente improbable que algo así fuera nunca nuestro caso, pero no descarto que sea del todo imposible. ¿Puede que si hubiéramos hecho menos costosa la creación de una cuenta hubiera funcionado la cosa? ¿O si hubiéramos salido en una tele nacional (me consta que la app ha tenido por lo menos dos menciones en teles locales y bastantes más en prensa), lo que casi ocurrió? Estos proyectos navegan siempre en la incertidumbre y creo que jamás obtendré las respuestas. 

Es mucho más probable que nuestra limitada experiencia como emprendedores y el no haber intentado lo suficiente cosas que hubieran podido funcionar fueran determinantes en que hayamos acabado pidiendo una suspensión de pagos para esta empresa al acabar 2019.

Y otra debilidad estructural de nuestra sociedad fue el estar distribuidos sus socios en varios países. Erróneamente creí que algo así nos podía beneficiar al intentar cosas en un lugar distinto si no funcionaban en el inicialmente previsto. Para una multinacional puede que eso tenga sentido, pero para un grupo de siete amigos que necesitan lo que los franceses llaman force de frappe sobre el terreno no lo es, especialmente para esta idea, que tiene una componente “localista”.

Evolución de usuarios de la app. 

Creo sinceramente que la idea es buena, pero no estoy seguro de que pueda funcionar a falta de la densidad necesaria de personas que crean lo mismo en cierto lugar. Por pura coincidencia, tuve la ocasión de hablar recientemente, poco antes de suspender pagos, con uno de los fundadores de Glovo. Me explicó, cosa que ignoraba, que ellos habían intentado ya algo muy parecido en 2016 (antes incluso de que nosotros constituyéramos nuestra sociedad) pero desistieron por la poca fiabilidad de los cocineros, especialmente en lo relativo a los tiempos de entrega.

Ellos llegaron probablemente más lejos con esta idea de lo que nosotros hayamos podido lograr con nuestros modestos medios y las casi mil descargas conseguidas con un crecimiento estrictamente lineal (y nunca exponencial). Sirvan estas líneas, al contrario, para agradecer a esas casi mil personas su interés, y a los cocineros sus “bentos”. Hemos tenido ocasión de comer algunos platillos realmente deliciosos gracias a la app, lo que fue una de las sorpresas más positivas de todo este asunto, al que al final habré dedicado un año de mi vida a tiempo completo y algún dinero. Costoso, pero no ruinoso.

2020 será un año para nuevos viajes y nuevos proyectos. Estoy montando ya una web con unos amigos, que invito ya a visitar a todos los lectores de este blog.

Mucha suerte a todos los que intentéis algo parecido.

 

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