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03/04/2020 10:44 CEST | Actualizado 03/04/2020 10:44 CEST

Diario del confinamiento. El mundo a nuestros pies

Manu Villena

Diario del confinamiento. Día 14

Hoy he propuesto una conferencia en zoom sobre arte y pandemias. He preparado todo; imágenes, esquemas y demás, y me he conectado con el ordenador bueno. Todo pintaba bien pero, como zoom es ETA, se han cruzado las líneas y me ha conectado con una reunión que no era la mía sino un encuentro de Amancio Ortega, otra persona que no estaba presente y Pedro Sánchez. Yo veía la pantalla con las fotos de ellos dos y mi fea cara y pensaba ”¿por qué no me echan?”. Pero parece ser que ellos pensaban que yo era Ren Zhe, el dueño de Huawei, que estaba convocado a esa reunión sobre donaciones para solventar la crisis. En su lugar había aparecido yo. Me han saludado y Ortega seguía diciendo:

- Yo, con todo mi amor por la patria, estoy dispuesto a donar un millón a la sanidad pública.
- Hombre, Amancio -decía Sánchez- teniendo en cuenta tu volumen de facturación yo creo que un millón de euros no es demasiado.
- ¿Euros? Yo no he dicho euros, es un millón de liras turcas.
- Amancio, esto es una burla al...

Al fondo se oía a Pablo Iglesias pegar gritos mientras Amancio decía:

- Mira, te lo convierto en dinares de Marruecos si me legalizas la esclavitud. Sales ganando porque así los que me cosen la ropa serían españoles y te cotizarían aquí.

Yo no prestaba atención porque estaba muy preocupado por mi conferencia. No sabía cómo escapar de aquello pero me ha sacado Carolina como si sacase a Neo de Matrix y me ha llevado a mi conferencia. Había terminado. La había dado brillantemente el presidente de Huawei y ha recibido una impresionante ovación, estaba exultante. Hemos hablado brevemente y hemos decidido intercambiar la vida de ambos: ahora yo soy el presidente de la multinacional china y él el galerista más sexy del país. 

Os escribo desde el avión privado que nos lleva hacia nuestra nueva vida.

Besos a todos.

Diario del confinamiento. Día 15

Al final he dicho que no a poseer Huawei. No me veía en ese mundo de opulencia y lujo desenfrenado, así que hice volver el jet privado, que aterrizó en nuestra azotea a las 7 de la mañana. No sabíamos que lo que íbamos a dormir era poco más que una siesta larga. Han llamado a la puerta a las 10 de la mañana. Eran los que querían diseccionar a ET y venían a hacerme unas pruebas. Carolina y yo hemos notado rápidamente que la cosa era importante por algunas sutilezas en su lenguaje y, sobre todo, porque venía Pedro Sánchez con ellos. Me ha saludado muy amablemente en chino y se ha quedado detrás de los científicos. 

Me lo han explicado claramente: creían que yo era el paciente cero del coronavirus. Venían de analizar a Ortega Schmidt y se lo habían tenido que explicar todo con fotos para que lo entendiera bien, así que me lo han razonado igual a mí.

- Nosotros pensar que tú este. Me han enseñado una foto del mono de Estallido. Lo he entendido bien, pero Schmidt por lo visto ha pensado que le estaban diciendo que desciende del mono y se ha liado a tiros. 

Ha resultado que sí, que soy el paciente cero, que si me ve un zombie se me cuadra, que la peste negra es Chanel nº7 comparado con lo que he ido sembrando, que si voy a un lazareto evacuan a los enfermos de lepra para que no los contagie, que si voy a la cueva de la madre de Ben Hur salen de allí corriendo. 

No os alarméis, he pasado ya la enfermedad, así que me han sacado unos litros de sangre para vacunas, nos han regalado unos trajes de protección que aparecen en la foto de abajo y se han ido. Cuando nos hemos dado cuenta se habían dejado en la cocina al presidente. Lo hemos invitado a abandonar nuestro hogar pero ha dicho que no, que fuera estaba la realidad, así que le hemos preparado el sofá por patriotismo y aquí lo tenemos, cenando con nosotros. 

Y así ha pasado otro monótono día.

Buenas noches.

Pd. Todo el diario es rigurosamente cierto pero hoy he de decir que estoy convencido de que los críos y yo pasamos el coronavirus en enero. Carolina no porque es extraterrestre, pero aquello no fue una gripe.

Diario del confinamiento. Día 16

La historia de hoy es muy corta. Gracias. Muchas gracias en nombre de Carolina, Hugo y Martina por jugar con nosotros a este juego de tablero invisible. Todo este caudal de cariño y risas que compartimos nos hará a todos invencibles.

Cuidaos.

Manu Villena

Diario del confinamiento. Día 17

Hoy me ha llamado el presidente chino Xi Jinping. Es poco sabido pero trabajamos juntos en un pub de Torrevieja cuando éramos casi críos, de hecho es el padrino de mi hija Martina y yo lo soy de Mingze, su hija. Hablamos todos los mese por Skype pero con lo del coronavirus ha ido muy liado y hacía ya demasiado. Después de ponernos al día (su mujer está haciendo un curso de orgiami a distancia con Gerardo Orizabal) me ha vacilado de lo bien que funciona su cibercomunismo digital en situaciones de crisis, poniéndome como ejemplo el control del covid-19.

- Jimi (yo lo llamo así) todos sabemos ya que mentisteis con los muertos, que se especula debieron ser 40.000 solo en la región de Hubei, no quiero imaginarme en toda China. Haciendo eso despistasteis a todos los médicos y científicos del mundo y nos condenasteis a muerte y ruina económica.

Él insistía en la transparencia y yo le decía que lo que los regímenes totalitarios pretenden siempre es presentarse como la máxima eficiencia frente a la debilidad de las democracias, pero el oscurantismo y la represión no son deseables, y mucho menos su control facial como paso previo al control total del big data y, por tanto, la muerte de la libertad individual en pos de una sociedad unitaria, sumisa y teledirigida. Me ha dicho que me podía demostrar que él tenía razón pero ya me estaba cansando y le he dicho:

- Cuando me enseñes un conejo de mil kilos me lo creo.

Hace unos minutos han llamado a la puerta de la calle. Al bajar me he encontrado a dos agentes secretos chinos con un elefante y me han dicho:

- Señor Ruiz, aquí tiene su conejo de mil kilos.
- Pero esto es un elefante.

Inesperadamente el elefante, en perfecto castellano, me ha dicho:

- No, soy un conejo, pero que no me peguen más.

Ahora tenemos un elefante en el salón que come zanahoria y se empeña en saltar todo el tiempo.

Y así ha transcurrido otro monótono día.

Diario del confinamiento. Día 18

Sé que es muy pronto, pero lo que ha ocurrido hoy es de extrema gravedad. 
Como sabréis, algunos amigos, entre ellos Óscar SecoMontserrat Gómez Osuna y Adrián Piera estamos mostrando cada día una obra de nuestras colecciones. Estábamos Carolina y yo viendo cuál sacar hoy y, de repente, mi amigo Cornelis cuelga este cuadro. Inmediatamente lo identifico, era Jardin primaveral, robado hace días en el museo Singer de Laren, Holanda.
Ya no podéis ver la discusión porque la ha borrado de su muro, pero ha transcurrido así:

- Cornelis, pero este cuadro es robado.
- Sí, le encargué el robo a unos profesionales, sabes que no me gustan las chapuzas, Nacho.
- Pero hacer eso es de mala persona.
- Claro, Nacho, soy holandés.

Cuando tiene razón la tiene, pero entonces le he argumentado que el cuadro es muy malo. Los Van Gogh malos son terriblemente malos y este es de los peores que he visto. Él no se había dado cuenta, le pasa a algunos que, aunque compran arte, no ven lo que ocurre en la obra, solo compran objetos caros por razones que nada tienen que ver con el arte. Después de una conferencia de cuatro horas en zoom sobre postimpresionismo lo ha entendido. Le he propuesto devolverlo pero él ahora era un purista del arte y ha decido destruirlo, invitándome a participar en la ceremonia purificadora. He aceptado, claro, no todos los días se puede quemar un Van Gogh, así que he ido a su casa de vacaciones en La Manga, donde estaba el cuadro y hemos ido a quemarlo juntos pero por el camino nos ha parado la Guardia Civil. Al explicarle lo que íbamos a hacer, el agente ha respondido.

- ¿El que van a quemar es Jardín primaveral? Es una obra muy deficiente de 1884, uno de esos momentos de indecisión de un todavía titubeante Van Gogh. Creo que lo que van a hacer está totalmente justificado, pero háganlo en una zona aislada y con precaución.

Una vez ha ardido el cuadro, Cornelis me ha regalado lo que quedaba y ahora lo tenemos en el salón y he entendido, como si fuese una epifanía, de donde surgía la inspiración en Alberto Burri, de la cantidad de malos cuadros que cuelgan de los museos cuando deberían ser quemados en una playa.

Y así va pasando la mañana.

 

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