POLÍTICA
27/05/2019 03:18 CEST | Actualizado 27/05/2019 11:01 CEST

Dolor y gloria del PSOE

Los socialistas viven una noche triunfal en las autonómicas, pero no se hacen con el poder en Madrid tras haberlo rozado.

GTRES

Ganar ya no basta. La estrella del PSOE es ascendente y a la victoria del 28-A le ha seguido el éxito del 26-M en las autonomías. Las candidaturas socialistas han sido las más votadas en todas las comunidades autónomas que han celebrado elecciones este domingo, pero en el nuevo tiempo político no cabe la gloria sin dolor. Lo ocurrido en Madrid, clavado como una estaca en el corazón de las ilusiones socialistas, será el recordatorio de esa verdad durante los próximos cuatro años.

En votos, el PSOE ha quebrado 24 años de dominio del Partido Popular, pero son los azules quienes tienen todas las papeletas para gobernar, a través de un pacto con Ciudadanos y Vox. “Las sumas son muy claras”, ha dicho un Pablo Casado exultante y consciente de que salvar los muebles en Madrid deja por el momento quietas las arenas bajo sus pies. Perder Madrid era una guillotina para su continuidad y los 68 diputados de la derecha blindan su pescuezo político. 


Donde el PP suspira aliviado por la pesadilla evadida (aunque con 18 diputados menos que en 2015), el PSOE llora por el sueño incumplido en mitad de una noche casi perfecta. Durante buena parte del escrutinio, a Ángel Gabilondo se le pusieron hechuras de presidente de la Comunidad gracias a una mayoría absoluta holgada del bloque de izquierdas, PSOE, Más Madrid y Podemos. Después fueron cayendo los votos y fueron cayendo también las esperanzas. 64 diputados no serán suficientes.

La frustración de Madrid es un resumen del dolor y la gloria que las aritméticas han impuesto al PSOE en otras comunidades autónomas. Lo ocurrido en Castilla y León también tiene sabor a triunfo incompleto. Los socialistas han ganado por primera vez en 32 años al PP, con 35 escaños, pero no podrán gobernar debido al posible pacto entre PP (30) y Ciudadanos (12).

Más éxitos con hiel para el PSOE. En Canarias, ha sido la fuerza más votada y ha conseguido 8 escaños más que en los últimos comicios, pero la suma de izquierdas no alcanza la mayoría absoluta. Algo parecido ocurre en Murcia, donde el PSOE se ha impuesto en numero de votos y escaños, pero no logrará desalojar del gobierno al PP, que cuenta con el apoyo de Ciudadanos y Vox.

También en Aragón el juego de sumas ha sido áspero con los socialistas. Javier Lambán ha logrado materializar el “sorpasso” al PP, pero todo apunta que no le será suficiente para seguir gobernando. Por solo un escaño, los populares, con el apoyo de Ciudadanos, Vox y el PAR están más cerca del poder que los vencedores de las elecciones de este domingo.

¿Dónde está el brillo de la noche socialista, si todo hasta ahora es el relato de victorias agridulces? Ha adoptado tres formas: la satisfacción de crecer y ayudar a gobernar a ententes de izquierdas; la alegría de poder gobernar con estabilidad y el éxtasis, cada vez más inhabitual, de las mayorías absolutas.

En Cantabria y en Navarra, los votos sí se traducirán en mando. En la primera, el PSOE (7 escaños) adoptará la forma de muleta para el partido de Miguel Ángel Revilla (14 escaños), quien ha logrado convertir a su partido en el más votado y, de paso arrebatarle el triunfo a los conservadores, abonados a él desde 1991. En Navarra, los socialistas también pueden ser llave para el gobierno de Navarra Suma, que ha vencido con claridad.

Asturias, Baleares y La Rioja son triunfos sin doble lectura. ​​En la primera demarcación, el PSOE ha conseguido una victoria holgada con 20 diputados y podrá gobernar con el apoyo de Podemos, pues la derecha no suma. Lo mismo ocurre en Baleares, donde Francina Armengol​ ​ha conseguido su primera victoria en unas elecciones autonómicas y podrá reeditar el pacto de izquierdas, pese al desplome de Podemos y MES​.​ Otro pacto de izquierdas necesitará Concha Andreu para gobernar en La Rioja, después de arrebatarle el poder al PP y pasar de 10 a 15 escaños.

Gloria sin espinas es la que saborean ​tras el 26-M Guillermo Fernández Vara en Extremadura y Emiliano García Page en Castilla La Mancha. La mayoría absoluta, situación política en peligro de extinción, los aleja a ambos de la pena del triunfo que no sirve de mucho.

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