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08/11/2019 07:33 CET | Actualizado 08/11/2019 07:33 CET

Drogas en la bebida

El 16,8% de las chicas que habían sido drogadas afirmó que habían tenido “sexo no deseado”.

PeopleImages via Getty Images

El fenómeno de añadir subrepticiamente drogas en la bebida de otra persona no es un rumor infundado ni ninguna leyenda urbana. Preocupa a muchos países y en nuestro país.

Os invito a buscar la investigación de Suzanne C. Swan (profesora de Psicología y Estudios de Género de la Universidad de Carolina del Sur) y colaboradores, y a que le deis un vistazo. Os quedaréis de piedra picada. De los 6.000 estudiantes encuestados de diferentes universidades de los EEUU, 462 (casi un 8%) dijeron que habían pasado por la experiencia de haber sido drogados con Rohypnol y otras sustancias. El 16,8% de las chicas que habían sido drogadas afirmó que habían tenido “sexo no deseado”. Un torpe eufemismo para no decir que habían sido agredidas sexualmente, o directamente violadas. También la mayoría dijeron que el brebaje lo llevan los chicos y que lo vierten en las copas de las chicas cuando éstas no quieren irse a la cama con ellos. “Yo y la otra chica con la que había salido fuimos drogadas. Nos despertamos medio atontadas rodeadas de tres hombres en un patio que había detrás del bar; sólo recuerdo que uno me dijo: ’Esta noche me voy a meter en tus bragas”. Las arrastraron inconscientes en un lugar apartado del local y las violaron. Y no había ninguna señal de violencia porque, claro, no habían sido forzadas. Y lo que es más grave es que no podían recordar lo que había sucedido. Estas drogas, además de potenciar los efectos del alcohol, anulan la voluntad de las víctimas y producen amnesia. El organismo las absorbe y las elimina muy rápidamente (pasadas seis horas desaparecen sin dejar rastro; Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses).

Si a una chica la drogan, la emborrachan y la violan, no es violación, es tan sólo abuso sexual.

Pero la historia no termina aquí. Los jóvenes, que no las jóvenes, son mucho más proclives a drogarse unos a otros como una especie de broma; dijeron que lo hacían como una manera de hacer jarana, para hacer una inocentada o una mala pasada. Y yo añadiría por indolencia y búsqueda de estímulos. Para las chicas no era un fenómeno menor ni ninguna trivialidad que no pida acciones urgentes para protegerlas. No en vano las consecuencias pueden ser de importancia vital. Mira por donde la brecha de género también aparece en los fenómenos más insospechados; en la manera en que los estudiantes piensan sobre la aberración de drogar a los demás en las fiestas o encuentros casuales. Como digo, muchos chicos sólo lo hacen para divertirse, para animar la fiesta. Y, por tanto, independientemente de lo que yo piense de esta manera de pasarlo bien, he de suponer que muchos no actúan con mala fe sino para solamente comportarse cómo unos estúpidos. De acuerdo, la mayoría no tienen intención de hacer daño a nadie ni de violar a las chicas, pero tampoco saben qué pueden hacer otras personas, aprovechando que (bajo el efecto de la droga) la víctima ha perdido la voluntad. Me parece claro que de la misma manera que las personas no tienen ningún derecho a tener ningún tipo de relación sexual con otra persona sin su consentimiento, tampoco lo tienen para poner sustancias en el cuerpo de otra persona sin su permiso. Bien al contrario, es un delito y, como tal, creo que debería ser sancionado.

Seamos claros: si alguien es intencionadamente drogado y le roban, es un robo. Y, por tanto, la persona que droga a otra y la roba es penalizada. Pero si a una chica la drogan, la emborrachan y la violan, no es violación, es tan sólo abuso sexual. La sentencia que se dio a conocer el pasado jueves por la violación, el año 2016, de una chica en Manresa (Barcelona) es ignominiosa. Vergonzante. La borrachera de ella ha significado el atenuante de abuso sexual para los cinco violadores. Y lo que es más repulsivo es que todo hace sospechar que fue drogada con premeditación. Pero desgraciadamente, como que presentó la denuncia dos días después, esta prueba y otras se han perdido. En todo caso, ¿es o no es una violación, como defiende ahora la Fiscalía? Esta es la pregunta del millón. No existe ningún tipo de rebaja que se pueda argumentar.

 

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