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08/03/2021 07:09 CET | Actualizado 08/03/2021 07:09 CET

Educación en igualdad, palanca de transformación social

Todavía persiste un sesgo de género a la hora de elegir estudios.

Europa Press
Un grupo de alumnas de segundo de bachiller hacen selectividad en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

A pesar de los avances logrados a lo largo de la historia, y especialmente en lo que llevamos de siglo, los estereotipos de género siguen limitando el desarrollo del talento y de las habilidades naturales de las niñas y las mujeres, así como sus experiencias educativas y profesionales y sus oportunidades vitales. En consecuencia, siguen siendo un serio obstáculo para lograr la igualdad real y efectiva.

Los datos del informe Igualdad en cifras MEFP, que recoge los principales indicadores educativos en clave de género, lo reflejan con claridad. Las chicas obtienen mejores resultados académicos que los chicos, pero se mantiene el sesgo de género en la elección de estudios, con menor presencia en los ámbitos científicos y tecnológicos.

Las chicas obtienen mejores resultados académicos que los chicos, pero se mantiene el sesgo de género en la elección de estudios

Las chicas son menos también en formación profesional, aunque se observan llamativas diferencias según las familias profesionales. Por ejemplo y situándonos en los extremos, hay un 93,9% de alumnas en imagen personal y solo un 3,7% en transporte y mantenimiento de vehículos. Las mujeres tienen presencia mayoritaria en los estudios universitarios de educación y salud y servicios sociales y minoritaria en ingeniería, industria y construcción e informática. Como es natural, estos desequilibrios se reproducen en el mercado laboral. La tasa de empleo es menor entre las mujeres y los sueldos de los hombres siguen siendo más elevados.

Las estadísticas señalan que aún tenemos un largo camino por delante. Por eso, la educación en igualdad es una prioridad en la hoja de ruta del Gobierno. Nuestra apuesta por una educación inclusiva y de calidad es firme y decidida. Las bases del cambio que estamos impulsando son la coeducación y el eje igualdad-equidad-justicia social y se han concretado en la LOMLOE.

Esta ley refuerza el enfoque de igualdad en todas las etapas y, entre otros objetivos, fomenta actuaciones orientadas eliminar estereotipos sexistas, prevenir la violencia de género, introducir contenidos de igualdad y no discriminación en libros de texto y material educativo y formar al profesorado en igualdad. En este marco, y a fin de reducir los desequilibrios antes citados, el Ministerio está impulsando iniciativas concretas, como la Alianza STEAM por el talento femenino: niñas en pie de ciencia, que está suscitando un enorme interés en los ámbitos educativo y empresarial.

Educar en igualdad es un esfuerzo diario, constante e irrenunciable

Educar en igualdad es un esfuerzo diario, constante e irrenunciable, incluso en circunstancias adversas, como está siendo la pandemia de coronavirus. A pesar del impacto causado en el desarrollo de dos cursos lectivos, el conjunto de la comunidad educativa ha demostrado un alto sentido de la responsabilidad para garantizar la continuidad y el normal funcionamiento de los centros. Por eso, agradezco su trabajo y valoro, en especial, el esfuerzo demostrado por las docentes, personal administrativo y de servicios y, por supuesto, madres y alumnas.

Cada 8M recordamos los nombres de las mujeres que hicieron historia y componen la iconografía de la lucha por la igualdad. En esta ocasión quiero recordar a María Domínguez, la primera alcaldesa republicana, fusilada en la Guerra Civil y cuyos restos han sido recientemente localizados e identificados. Fue una mujer humilde, que quiso ser maestra, pero no pudo terminar sus estudios, una autodidacta que enseñaba las reglas de la aritmética a los niños del pueblo zaragozano de Gallur y cuyo buen sentido y “serenidad bondadosa, aunque recia” le capacitaban plenamente para el ejercicio de su cargo.

Entre sus prioridades figuraba —según las crónicas de entonces— “añadir una nave a las escuelas del pueblo”. Señalaba que la misión principal de las mujeres con responsabilidades públicas era procurar escuela y paz. Su espíritu, y el de las demás pioneras, sigue inspirándonos. Porque, frente a la desigualdad, la discriminación o la pobreza, la educación no puede ser neutral.

La invisibilidad histórica de las mujeres empezó a quebrarse cuando pudieron acceder a la educación

La invisibilidad histórica de las mujeres empezó a quebrarse cuando pudieron acceder a la educación, que siempre ha sido plataforma de emancipación para ganar autonomía e impulsar cambios en las relaciones de género. Sin embargo, y como he señalado al principio, queda aún mucho por hacer para desterrar las tradiciones culturales machistas y los mecanismos que relegan a niñas y mujeres a los espacios privados. Así como para minimizar el abandono escolar temprano, incorporar a las chicas a las carreras STEAM, reducir las dificultades de acceso al mercado laboral y acabar con la brecha salarial, los trabajos informales infravalorados o las dificultades de acceso a puestos de liderazgo. Como escribió Concepción Arenal, “la sociedad no puede, en justicia, prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano”.

La sociedad cambia a gran velocidad, pero la igualdad plena, real y efectiva es una asignatura pendiente. El 8M nos anima a seguir avanzando. Las mujeres somos fuerza de cambio y progreso social. Nuestro talento tiene un gran efecto transformador, imprescindible en el momento histórico que vivimos.

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