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05/09/2020 13:17 CEST | Actualizado 05/09/2020 13:17 CEST

Educación política

Me saca de quicio que un vicepresidente del Gobierno acuda al Consejo de Ministros sin corbata.

Europa Press News via Getty Images
El vicepresidente Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados. 

Los dirigentes de los partidos nos tratan con una educación indigna. Es normal que tras el cómputo de votos en las elecciones se dirijan a los militantes de sus respectivas organizaciones de tú. Defienden las mismas ideas. Sin embargo, suelen tutear al respetable, en los medios, a cualquier hora, como si fuésemos sus amiguitos del alma. El tuteo muestra unos pésimos modales cuando los políticos saben que las buenas maneras resultan imprescindibles para la convivencia. En la casa de todos nosotros, el Parlamento, sus señorías están obligados a vestir con decoro. Hasta un diputado de mi partido, el Sr. Elorza, carece de corbata, un clásico de los podemitas. Me saca de quicio que un vicepresidente del Gobierno, el Sr. Iglesias, acuda al Consejo de Ministros sin corbata. Lo de la coleta está bien. Forma parte de sus derechos individuales. 

A los oficinistas sus jefes, despiadados a veces, les censuran la vestimenta. En lo público provoca vergüenza ajena la falta de educación porque ustedes, señorías y dirigentes, trabajan para nosotros y nos deben el mínimo respeto. Se llama contrato social.

Soy de los que creen en la auctoritas, la sabiduría en la antigua Roma. En consecuencia, considero oportuno que los alumnos de primaria y secundaria se levanten en silencio cuando entre el profesor en el aula. Así somos los socialdemócratas, no los socialistas democráticos, entre los cuales, aunque parezca que hay una fina divisoria, puede existir un abismo.

El tuteo pretende una aproximación sentimental al votante y que la cercanía provoque en éste una simpatía recíproca. Los consejeros áulicos de los dirigentes se equivocan. Dicen que se escoge, en gran parte, la papeleta desde las emociones. Va a ser que nuestros dirigentes no se enteran. Tras casi una década de crisis, sumada la nueva, cada votante se repiensa la papeleta una y mil veces. Antes de introducirla en la urna, la única emoción que le invade es la desidia hacia los políticos y sus casos de corrupción, incluidos los partidos de no tan nuevo cuño. Los españoles estamos muy por encima de nuestros representantes. Pese a ellos, seguimos acudiendo a las urnas y manteniendo a la nación en marcha. Solo hemos caminado de la mano con la generación política de la Constitución.

Me saca de quicio que un vicepresidente del Gobierno acuda al Consejo de Ministros sin corbata.

He escuchado en boca de algunos políticos profesionales que el que no vota ha perdido el derecho a opinar. La majadería me ha dejado boquiabierto y con la mano en la daga. Los españoles, voten o no, tienen el derecho a la libertad de expresión.

El tuteo resbala desde lo alto de la pirámide del poder por una pendiente impertinente. Es imposible, o casi, encontrar a una persona menor de treinta años que se dirija a uno de usted. 

Hay una excepción. En los pueblos el tuteo deriva en norma. Ustedes hablan mucho de la España rural, pero no existe ley fiable que la defienda. 

Los constitucionalistas nos declaramos feministas, algunos siempre que se utilice con propiedad la lengua de Quevedo. Señorías, no se salten la gramática y transformen en femenino oficios que únicamente admiten el masculino. Se están cargando nuestro idioma. Ustedes redactan las leyes, permitan que la Real Academia de la Lengua regule el español.

Émile Zola, en Literatura y Dinero, Trama editorial, afirma: “Hay hombres que trafican vergonzosamente con su pluma”.

Los dirigentes podemitas cojean demasiado en el conocimiento de las bellas artes. Son unos culturetas de manual.

El mayor sinvergüenza es el Sr. Monedero. Él mismo confirmó que había cobrado 425.000 euros por idear una moneda bolivariana, ejemplo del escritor de política. Y eso que la economía no entra en su campo. Charlamos en la terraza de una noche cordobesa de 2017. Era y es de una verborrea que fastidia a su interlocutor. A lo mejor encuentra el equilibrio visionando la película Cuentos de Tokio, del maestro Ozu. Dudo que la conozca. Los dirigentes de Podemos se atribuyen, y se les atribuye, haber acumulado unas lecturas descomunales. En el estudio de las ideologías y las nuevas tecnologías seguro, como tantos. Los dirigentes podemitas cojean demasiado en el conocimiento de las bellas artes. Son unos culturetas de manual.

No hay mayor falta de respeto que el escrache, en castellano acoso, a una casa particular. Los hijos de los atacados no tienen que ver con las profesiones de sus padres.

Condeno los acosos fascistas a la vivienda del Sr. Iglesias. Tampoco olvido que el Sr. Iglesias fue el primero en promoverlos.