INTERNACIONAL
22/03/2019 22:39 CET | Actualizado 22/03/2019 23:25 CET

EEUU contiene la respiración ante el informe que podría tumbar a Trump

Terremoto político en EEUU.

Quiere hacer ver que lo vive como uno de sus concursos televisados, con una actitud a caballo entre arrogante y de macho dominante, pero Donald Trump sabe que su futuro puede depender de un informe del que hasta ahora se desconoce casi todo: no se sabe ni la extensión, ni el contenido, ni cuándo se puede publicar. Sólo se sabe que su autor acaba de entregarlo. Bienvenidos al informe del fiscal especial Robert Mueller.

Se trata de una investigación federal tan sensible, que, tras dos años de pesquisas, ahora podría asestarle el golpe definitivo y echarle de la Casa Blanca. Washington ansía saber el contenido de informe Mueller, que atará los cabos sueltos de la llamada trama rusa y debería concretar si el presidente Donald Trump o sus socios intentaron obstruir a la justicia en el curso de la investigación. Pueden faltar horas o días para que se conozca el contenido del informe, pero a estas alturas nadie duda de que en esas páginas está escrito el cambio del curso de esta legislatura. 

La clave está en la conclusión de los hallazgos del fiscal Mueller. Deja por escrito si existe base para un enjuiciamiento o, por el contrario, para la absolución de los implicados en su investigación, entre ellos Trump. Debe determinar a quién hay que enjuiciar y procesar y a quién absolver. Y hay algo que asusta al presidente: varias de las personas que pertenecían a su círculo más íntimo están a estas alturas en la cárcel o en juicio por otros delitos que podrían estar relacionados con esta investigación. Es el caso del exdirector de la campaña presidencial, Paul Manafort, o del que era su abogado personal, Michael Cohen.

Pero se mire como se mire, lo que unos esperan y otros temen es que, en definitiva, el informe demuestre que Trump obstruyó la justicia o que hubo injerencia rusa su campaña. Esto, y esa es la clave, implicaría que hay delito. Este escenario es el que permite al Congreso, a través del impeachment, procesar a un presidente en el cargo. Esta es una de las tres opciones: también cabe la posibilidad de que Mueller concluya que no ha dado con ninguna prueba de que Trump haya delinquido. Y la tercera: que en el informe se revele la evidencia de mal comportamiento, algo que en todo caso sería insuficiente para imputarle. Es algo similar a lo que hizo en julio de 2016 el entonces director del FBI, James Comey, con Hillary Clinton. Las duras críticas que recibió entonces Comey hacen difícil que Mueller elija ahora esa tercera vía.

La expectación no ha declinado en los últimos días, pero el ex fiscal federal Renato Mariotti, un especialista en el tema de las investigaciones especiales, advierte de que hay que rebajar las expectativas sobre el texto que el fiscal especial ha entregado este viernes al Fiscal General de Estados Unidos: “Mueller decepcionará a casi todos, especialmente a los críticos del presidente Trump. Y no será culpa suya, así es el sistema”, escribió en Twitter.

Se refiere a una posibilidad real: la de que el fiscal no tenga suficientes pruebas para demostrar que Trump conocía las acciones de los hackers rusos que influyeron en la derrota electoral de Hillary Clinton en 2016.

De momento lo único que se sabe es que, antes de nacer, el informe Mueller es ya un superventas en Amazon. La expectación es tal que medios de la talla de The Washington Post se han asociado con editoriales para publicar las conclusiones en formato libro. Pero, ajustándose a la realidad pura y dura, todavía falta un tiempo para leer ese potencial bestseller, si es que en realidad puede llegar a convertirse en libro. De hecho, aún no está claro que llegue a serlo: que el informe sea público o no, dependerá de lo que decida el nuevo Fiscal General William Barr. Es a él a quien Mueller ha entregado este viernes el resultado de su investigación. Son las reglas del juego en EEUU. Y, aunque en teoría Barr tiene que trabajar de forma independiente, su lealtad está con quien lo nombró en ese puesto: Donald Trump.

Barr sólo tiene la obligación de notificar al Congreso que Mueller ha terminado su investigación, y ya lo ha hecho.

Más allá de eso, posee todas las facultades para decidir si da a conocer el informe completo, una parte, o nada. El riesgo está en que Trump le presione para que convierta el informe en un secreto. Barr ya ha dicho que cree que es importante que el Congreso y la sociedad conozcan los resultados de la investigación, pero ha matizado que solo revelaría lo que es “consistente con las regulaciones y la ley”.

Los objetivos demócratas

Por si Barr decidiera no hacerlo público, los demócratas, grandes interesados en que este informe suponga el principio del fin de Trump, ya se han cubierto las espaldas. Este mes la Cámara de Representantes ha votado a favor de una resolución que pedía al Fiscal General que el contenido del informe se haga público. 

La finalidad de los demócratas es dejar tocado, y casi hundido, al presidente de EEUU de cara a las presidenciales de 2020. Saben que es esencial que, si se confirma la versión que determina que delinquió, les allana el camino a la Casa Blanca.

Es más, saldrían reforzados después de dos años denunciando unos vínculos de Trump con Rusia que se remontan a mucho antes de las elecciones. A Mueller este dato no se le escapó, sumado a otras informaciones que supuestamente recibió de las agencias de inteligencia y que perjudicarían aún más al actual líder estadounidense.

Estados Unidos contiene la respiración ante un informe del que no sabe nada. Lo que viene puede ser un terremoto político… O una enorme decepción. Trump, sin duda, espera lo segundo. De paso le quedaría más que allanado su camino hacia la reelección en 2020.

ANEXO: ¿qué papel desempeña Mueller?

Es asesor o investigador especial (special counsel), una figura que está prevista en la legislación federal estadounidense para casos en los que exista conflicto de intereses, como en este en el que el Gobierno se investiga a sí mismo. Mueller depende formalmente del Departamento de Justicia, que podría cesarle, pero cuenta con los poderes de un fiscal: investiga los hechos sin tener que informar a sus superiores de sus hallazgos; puede promover la presentación de cargos criminales, así como solicitar medios adicionales.

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