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30/05/2020 09:19 CEST | Actualizado 30/05/2020 09:19 CEST

El 5G al rescate

La clave para la transformación digital es prioritaria en este momento crítico de la salud y la economía.

SOPA Images via Getty Images

La vida antes del coronavirus y la vida post COVID-19. Así ha quedado ya dividida ―¿para muchos años, para siempre?― nuestra memoria histórica de 2020. Esta pandemia, que ha acelerado algunas tendencias y frenado otras, supone literalmente un antes y un después para prácticamente todos los aspectos de una sociedad que está teniendo que reaccionar, algunas veces como debe y otras como puede.

La tecnología está, sin duda, entre lo que se acelera. En el escenario actual, los avances tecnológicos son claves para dar respuesta a los retos globales. El salto a una vida más digital que nunca, tanto en el terreno personal y de ocio como en el laboral, y la importancia de los desarrollos tecnológicos para todos los sectores, especialmente aquellos cruciales como el de la salud, hacen obligatorio que un aspecto de la tecnología mejore: la conectividad

Y para este desafío, la respuesta es el 5G

Esta tecnología móvil, que promete aumentar la velocidad de conexión, reducir el tiempo de respuesta de la web y multiplicar drásticamente el número de dispositivos conectados, había empezado a dar el salto al gran escenario justo durante el año pasado. Tras el pistoletazo de salida en EEUU y Corea del Sur (el primer país en lanzar una red 5G de cobertura nacional), otros muchos se sumaron a lo largo de 2019 a distintos niveles: nacional, local o en zonas geográficas restringidas. España fue uno de los primeros en la Unión Europa, uno de los nueve países europeos junto a Reino Unido, Austria, Alemania, Irlanda, Italia, Rumanía, Finlandia y Estonia en ofrecer ciertos servicios de conectividad 5G. 

Desde entonces, empresas y operadores reclaman cada vez más esta tecnología, y los consumidores la piden en su teléfono móvil de última generación. Y hacen bien: todas las demás tecnologías se nutrirán del 5G y se apoyarán en él. Repercutirá en todos los sectores e industrias: manufactura, transporte y movilidad conectada, servicios públicos, servicios profesionales y financieros, entornos industriales con robots más conectados que nunca, máquinas inteligentes, datos a tiempo real y velocidad récord, inteligencia artificial aplicada a fábricas y logística.

Gracias a la súper velocidad del 5G, las cirugías a distancia en tiempo real serán posibles.

¿Qué tiene el 5G que lo hace tan atractivo para todos? ¿Por qué debemos querer dar el salto y mirar más allá del 4G?

En el ámbito de la salud, más que fundamental en este momento, el 5G impulsará los servicios de teleasistencia, el análisis de síntomas en remoto y quirófanos conectados con sensores e inteligencia artificial. Gracias a la súper velocidad del 5G, las cirugías a distancia en tiempo real serán posibles. Imaginemos el impacto que tiene esto para escenarios como desastres naturales, guerras y crisis sanitarias como la que nos concierne ahora.

Si pensamos en recuperación económica tras la crisis de la COVID-19, el 5G puede fomentar el turismo, con la oferta de servicios turísticos añadidos (como la realidad virtual, cuyo potencial se dispara) y el beneficio en sí de la propia conectividad para el turista. En la misma línea, impactará en el ocio (por ejemplo, en los videojuegos).

Esto hace que, en este momento crítico para la economía mundial, el 5G sea uno de los motores más firmes y con más potencia de la transformación digital y, por tanto, de la recuperación actual de las industrias. Su impacto económico será enorme en los próximos años: el 5G contribuirá con alrededor de 2,2 billones de dólares a la economía mundial en los próximos 15 años, según el informe The Mobile Economy 2020 elaborado por GSMA. Según el mismo estudio, para 2025 habrá en activo 1.800 millones de conexiones 5G.

¿A qué esperamos entonces para potenciarlo? 

El problema es que el impacto de la crisis de la COVID-19 también ha pulsado el botón de pausa en este capítulo. Varios países de la Unión Europea, como España, Francia y Austria, han decidido aplazar sus licitaciones de bandas de frecuencias para servicios 5G. El retraso de estas subastas por la situación excepcional de la pandemia retrasa todo: la fecha de liberación de banda, la inversión de los operadores en redes y los ingresos en las arcas públicas y el movimiento económico y tecnológico. 

Es la pescadilla que se muerde la cola: el mundo poscoronavirus necesita al 5G como parte de su recuperación económica, pero el 5G no puede ser desplegado por causa del coronavirus.

La mayoría de los beneficios de esta tecnología no se plasmarán hasta que no se haya extendido un servicio de 5G accesible para todo el mundo. El mayor reto que tenemos por delante a nivel europeo es sentar las bases para que esta tecnología deje de ser una promesa y se convierta por fin en realidad.

En este escenario entra otro factor clave: ¿Qué proveedor de 5G elige Europa? ¿Huawei desde China, Qualcomm desde Estados Unidos, Samsung desde Corea, Ericsson desde Suecia o Nokia desde Finlandia? El primero es el que domina el mercado europeo, el proveedor mejor posicionado que asciende como potencia tecnológica y, a la vez, el enemigo público del país norteamericano, del que recibió el famoso veto.

La decisión sobre el operador o los operadores que elijamos va a tener consecuencias muy importantes.

En este tablero de juego, Europa no cuenta con autonomía estratégica y cada país es soberano en cuanto a conectividad. Así, la geopolítica también cuenta en la tecnología, y se buscan oportunidades de crecimiento socioeconómico, a la par que tecnológico. En la carrera del 5G, cada jugador está eligiendo su caballo ganador. Cada país puede elegir proveedor. Las implicaciones a nivel político, económico y social son enormes. Por eso, hay que tener voluntad de acción conjunta. Es un asunto de primer orden: o Europa sienta las bases de su cohesión o vamos a un mercado fragmentado que no va a permitir la interoperabilidad. La decisión sobre el operador o los operadores que elijamos va a tener consecuencias muy importantes.

Más allá de la histórica competencia tecnológica y geopolítica entre China y Estados Unidos, debemos preguntarnos qué papel va a jugar la Unión Europea en todo esto y cómo lograr la unión adecuada para traerlo a nuestro terreno. Para ello, nuestra relación estratégica con China (socio comercial básico) será crucial, al mismo tiempo que no podemos perder de vista los lazos también comerciales y económicos y de seguridad que hay con un aliado como Estados Unidos. Para complicar aún más las cosas, tanto este aliado histórico como el socio comercial asiático no están en sus mejores momentos políticos: el autoritarismo y las decisiones unilaterales en ambos Gobiernos no ayudarán a centrar este debate. 

Hay muchos jugadores en un paisaje más conectado que nunca, y lleno de oportunidades y de desafíos. Decíamos al principio que nuestra historia vital se ha dividido probablemente para siempre entre antes y después del coronavirus. La historia de la tecnología y la de la economía también vivirán un enorme punto de inflexión cuando el 5G sea una realidad global y muestre todo su potencial

 

Susana Solís es eurodiputada de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.