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27/12/2020 13:17 CET | Actualizado 27/12/2020 13:17 CET

El anuncio que representa la triple jornada que sufrimos las mujeres

La excesiva carga de trabajo que recae sobre la mitad de las personas de todo el planeta, las mujeres, también tiene efectos nocivos para su bienestar y su salud.

Una imagen del anuncio. 

Si la semana pasada reflexionábamos sobre la carga de trabajo extra que suponen para la mayoría de las mujeres las fiestas navideñas (a lo que algunos hombres indignados respondían con un #notallmen o #puesenmicasacocinoyo como si su caso particular anulara la desigualdad universal) esta nos toca comprobar cómo aún hay marcas que, no solo no se han enterado de que existe un reparto injusto de las tareas domésticas, sino que lo refuerzan con estereotipos y lo incrementan con más tareas. Este año el premio a la publicidad rancia se lo lleva la cadena de supermercados Eroski, que ha realizado un spot protagonizado por mujeres blancas y de clase bien alta, que no solo son responsables de organizar la casa y de cocinar, sino también de frenar los contagios por COVID en todo el planeta. Lo de rebajar la deuda pública y frenar el cambio climático nos lo tienen reservado para la campaña de verano.

La campaña se titula “Mujeres que suman” y se basa en las declaraciones de seis mujeres que sentadas en unas mesas vacías y peripuestas, relatan con tristeza el enorme esfuerzo que van a hacer este año cocinando para menos personas, pero también cómo van a mantener alta la moral de toda la familia y a la vez protegerles de enfermar. En el anuncio, que parece un teaser del programa de Bertín Osborne en el que solo se ven casoplones con chimeneas, cocinas de diseño y botellas de cristal de bohemia, aparecen todas las mujeres hablando en masculino, mostrando su lado emocional, con planos muy cortos y reclamando sonrisas, besos y abrazos como recompensa a su enorme sacrificio. Ni un pelo fuera de su sitio, ni un cubierto sucio, ni un ojo sin maquillar. Todas ellas son reproducciones de la Virgen María: mujeres altruistas, abnegadas y entregadas, encargadas de cocinar, poner la mesa, proteger, cuidar de la familia y todo ello sin rechistar. Si en lugar de titularse “Mujeres que suman” se llamara “Mujeres que curran” estaría más cerca de la realidad. Este anuncio es el ejemplo perfecto de la triple jornada que sufrimos las mujeres en todo el mundo desarrollando al mismo tiempo un trabajo profesional (soy sanitaria, soy psicóloga…), el trabajo doméstico (poner la mesa, cocinar, limpiar…) y el trabajo emocional (cuidados familiares y mantenimiento de relaciones afectivas). Estas mujeres no llevan corpiños ajustados y escotazos como Wonder Woman, pero lo que se espera de ellas está a la altura de volar, lanzar rayos por los ojos, leer la mente y tener autoinmunidad.

La excesiva carga de trabajo que recae sobre la mitad de las personas de todo el planeta, las mujeres, también tiene efectos nocivos para su bienestar y su salud

La crisis del COVID es sin duda un hecho grave requiere la implicación de toda la sociedad (no solo de las mujeres), pero además existen otras crisis que no podemos obviar. La excesiva carga de trabajo que recae sobre la mitad de las personas de todo el planeta, las mujeres, también tiene efectos nocivos para su bienestar y su salud. La cantidad de horas invertidas en el cuidado de los demás impide que tengan tiempo para el autocuidado, el ocio y el desarrollo personal. El nivel de estrés causado por la sobrecarga de responsabilidades, la imposibilidad de tener tiempo para ellas, la falta de remuneración del trabajo doméstico y los cuidados, la falta de autonomía, la imposibilidad de llevar a cabo proyectos de realización personal, la falta de autoestima… Todo ello también requiere la implicación de todos los miembros de la familia. El anuncio de Eroski las presenta como únicas encargadas de todos los cuidados, y ya no solo de la familia, sino de toda la humanidad, al incluir el COVID entre los males por los que este año también se deben preocupar. La marca omite del relato la figura masculina, que no aparece y por lo tanto no es responsable ni de las tareas domésticas, ni de la salud ni de las relaciones afectivas. Es alarmante que en 2021 se proyecte una imagen tan caduca del papel femenino en nuestra sociedad y que las marcas no hagan el esfuerzo de integrar otros perfiles de mujeres y de hombres a sus relatos visuales. Si no tenemos otros referentes no podremos relacionarnos de otra forma y en esto la cultura tiene un papel primordial.

Según argumenta la agencia Shernan, encargada del anuncio, solo ha incluido mujeres porque “no cabe duda de que la importancia clave de la mujer se extiende a todos los ámbitos, incluido el familiar. Y en ese sentido, esta Navidad tan especial la marca ha querido hacer un reconocimiento a tantas mujeres que cuentan de este país”. Sería conveniente que la agencia realizara algún cursito en material de igualdad, porque queda claro que aquí ha patinado. Si Eroski quisiera hacer un spot que aportara al cambio social en él aparecerían hogares de todo tipo, algunos con mesas juntadas, otras con manteles de plástico y otras directamente sin adornos de Navidad. Los perfiles de mujeres serían mucho más diversos, no todas serían caucásicas, algunas aparecerían emperifolladas, otras en bata y otras sin maquillar. Las mujeres pedirían más tiempo para ellas mismas, admitirían sin pudor que les gustaría estar solas de vez en cuando, incluso en Nochevieja, pedirían que se remunerase debidamente el trabajo que hacen en casa y que los cuidados de los familiares no recayese solo sobre ellas. También agradecerían que alguien se preocupara por mantener su moral alta y preguntarles cómo están, que les dieran la cena preparada y, de paso, un masajito en la espalda. Desde luego no se sentirían responsables de detener la propagación de ningún virus ya que cada persona es responsable de sus actos y de seguir las pautas que dicte el Ministerio de Sanidad. Y después de desearnos felices fiestas con la mejor de sus sonrisas se marcarían un buen “Dracarys” a lo Khaleesi sin dejar un solo espumillón con vida… y sin mirar atrás. 

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