El arte español es cosa de mujeres

"Con el cambio de milenio hasta hoy todo ha cambiado, pero lo esencial se mantiene. Otras mujeres toman el relevo y es en la crítica donde este hecho es más visible".
El arte español es cosa de mujeres.
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El arte español es cosa de mujeres.

En un mundo en el que el hombre es un dominador hereditario de una posición de dominio injusto, en España se ha dado un factor en los últimos 50 años que contradice esa lacerante realidad: las estructuras de poder artísticas han estado controladas por mujeres. La noticia es contrastable y manipulable a la vez, pero deja ver la posibilidad de que en un sector estratégico la primacía femenina sea viable y positiva. Para ello, hagamos un poco de historia apresurada.

En la España de la posguerra las galerías fueron islas de cultura en un escenario regresivo, donde el arte contemporáneo era ideológicamente conflictivo hasta la persecución, no olvidemos que la casi totalidad de artistas se habían alineado con el gobierno republicano.

Las mujeres artistas que no se exiliaron o crecieron ya en posguerra tuvieron escasísimas posibilidades de habitar un mundo reservado a hombres precavidos que rara vez se permitían licencias creativas demasiado avanzadas. En lo político y cultural la mujer fue casi inexistente hasta la llegada de la democracia, con escasísimas excepciones.

Con la apertura de los años 60 una serie de nuevas galerías crea la escena sobre la que se desarrolla el arte nuevo del grupo El Paso y Dau al Set. Nuevamente una única mujer, Juana Francés, está en la primera línea, pero otra señora, doña Juana Mordó, levanta la más importante galería española hasta entonces y que hoy continúa gracias al compromiso de Helga de Alvear, alguien necesario.

El proyecto es de una solidez tremenda y será el precedente de sucesivas generaciones, ya en los 70 y 80, en las que Elvira González, Fefa Séiquer, Soledad Lorenzo, Nieves Fernández y otras muchas desarrollarán proyectos galerísticos equiparables a los foráneos. En la década de los 80 podríamos concluir que el dominio del territorio del mercado del arte correspondía a las mujeres.

En ese contexto y en el mismo desarrollo el papel de Juana de Aizpuru se torna central como promotora de ARCO. La galerista, afincada en Sevilla, lee perfectamente los tiempos nuevos y lanza un órdago al mercado internacional que arranca como una iniciativa voluntarista en una España ansiosa de modernidad y consolida una alternativa a las grandes ferias, hasta el punto de que durante la década de los 2000 fue la segunda gran feria internacional.

Su paso a Madrid también define una tendencia a la focalización de estructuras artísticas en la capital que seguirá su inercia con la instalación allí de Nieves Fernández. La dirección de Juana es histórica y su sucesora, Rosina Gómez Baeza, cristaliza el proyecto implementando nuevas estructuras e iniciativas que serán rápidamente copiadas por la ferias de Nueva York, Basilea y luego Miami.

Aquí tenemos la coincidencia entre los 80 y los 90 de la dirección de ARCO en manos de Rosina, la del nuevo Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en María de Corral, y la del Centro Nacional de Exposiciones en las de Carmen Giménez, que en 1990 dejaba el cargo para ser conservadora del Guggenheim en Nueva York, después de haber sido la efectiva impulsora del MNCARS.

A este trío hemos de añadir la lista de grandes galeristas, como Oliva Arauna y luego Elba Benítez. En lo político debemos culminar con Carmen Alborch, ministra de Cultura desde 1993 y anteriormente directora del IVAM en Valencia. Son otras muchas mujeres las que en este tiempo demuestran una capacidad de gestión y una ambición fuera de toda duda cuando lo que hoy llamamos heteropatriarcado era una realidad bastante más asfixiante que hoy.

Contraste con menor presencia de mujeres artistas

Desde la crisis de los 90 se consolida este statu quo que deja una laguna, y es la menor presencia de mujeres artistas, algo que contrasta con la omnipresencia femenina en el resto de estructuras, no olvidemos que en la crítica y el comisariado, principalmente masculinos, las figuras de Rosa Olivares, Alicia Murria o Rosa Queralt son referenciales. Entre 1990 y 2000 son menos las mujeres que se programan en museos y galerías. Algunas, como Elena Asins o Soledad Sevilla, desde posiciones complejas, otras con proyectos volcados al exterior, como Cristina Iglesias, muchas dentro de una escena en la que estaban en clara minoría.

Con el cambio de milenio hasta hoy todo ha cambiado, pero lo esencial se mantiene. Otras mujeres toman el relevo y es en la crítica donde este hecho es más visible, como evidencian Elena Vozmediano, Paula Achiaga, Laura Revuelta, Bea Espejo, Luisa Espino etc. Que me perdonen las que comprenden el etc, sé que es muy injusto, pero esto son 900 caracteres.

Es cierto que ya no se dará el triunvirato de los 80, si bien es oportuno apuntar que hoy la directora de Arco es Maribel López, pero hay una conclusión en el análisis del contexto actual: no hay una situación tan grosera masculina de dominio, y eso es muy excepcional en casi todo el resto de sectores. De la misma forma que se suceden los directores del Reina Sofía, mayoritariamente hombres, tenemos mujeres que toman el control en estructuras prioritarias, como es el caso del MACBA, bajo la dirección de Elvira Dyangani Ose, el IVAM dirigido por Nuria Enguita, el Lázaro Galdiano dirigido por Begoña Torres, el o María Dolores Giménez-Blanco, directora general de Bellas Artes en el ámbito político.

Si pasamos a la nómina de artistas, en la cima encontraremos a Ángela de la Cruz y a Cristina Iglesias, este es el terreno en el que de manera más clara ha avanzado la mujer en el paisaje artístico español, en el primordial, si bien queda mucho por hacer. Muchísimo.

Este artículo es necesariamente incompleto, la lista de mujeres que han luchado por la igualdad en el sistema del arte español es mucho más larga, pero debemos empezar por un principio para reconocer este hecho, aunque quede tanto por hacer. Tal vez no fuese mala idea reconocer con el Princesa de Asturias a las Artes ex aqueo a la trayectoria de Juana de Aizpuru, Rosina Gómez Baeza, Elvira González, Helga de Alvear, Carmen Giménez, María Corral y Soledad Lorenzo. Sería un buen principio y, por supuesto, que cada uno componga su lista, en mi modestia las apoyaré todas y el sector debería valorar esta candidatura.