INTERNACIONAL
19/07/2019 12:28 CEST

El bochornoso episodio de Trump con la Nobel de la Paz Nadia Murad

"¿Y por qué te dieron el premio, entonces?" 🙈🙈🙈

Donald Trump ha vuelto a dar un bochornoso ejemplo de dos de sus males más evidentes: su falta de empatía y su desconocimiento de los principales conflictos internacionales. Eso sí, el presidente de EEUU, como el que oye llover. Sin inmutarse. 

Nos vamos a su Despacho Oval, en la Casa Blanca. El magnate recibió el miércoles a diferentes personas supervivientes de casos de persecución religiosa en todo el mundo. Sentado en su sillón, se dejó rodear por estas víctimas. Entre los distintos visitantes había miembros de la minoría yazidí, que profesan una fe preislámica heredera del zoroastrismo, cuyas raíces se remontan 2.000 años antes de Cristo. A la cabeza, Nadia Murad, Nobel de la Paz en 2018, la mujer que ha desvelado al mundo cómo los miembros del Estado Islámico han violado, torturado y asesinado a los miembros de su comunidad. 

La activista, que en el ataque a su villa fue torturada y violada repetidamente por los yihadistas y que ha perdido a 18 miembros de su familia, trataba de pedir ayuda al republicano para que medie entre las autoridades kurdas y las iraquíes, que son las que ahora se pelean en su tierra, una vez que se ha dado por vencido al ISIS. Hasta que esa batalla no termine, los yazidíes no tendrán un lugar seguro al que volver, insiste Murad a un Trump que ni la mira a la cara. Esta es la conversación completa: 

Murad insiste: su pueblo no es grande, apenas medio millón, y tiene el derecho de regresar a su casa. Ahora vive la diáspora, 95.000 miembros sólo en Alemania. “No puedo ir a mi casa y vivir en un lugar seguro, que me devuelvan mi dignidad, y no es sólo por el ISIS”, enfatiza, pidiendo a Trump su mediación. Le recuerda que no quieren ser refugiados, pero que no se atreven a volver sin garantías tras lo sufrido. “Mataron a mi madre, a mis seis hermanos...”. Primer patinazo de Trump: ”¿Dónde están ahora?”, pregunta. Una anonadada Murad responde: “Los mataron”. Sabe que tiene una oportunidad excepcional y ahonda en su caso -aunque siempre es parca en palabras al hablar de su odisea personal-: “Están en una fosa común en Sinjar y yo estoy aún luchando para vivir de forma segura”, insiste.

Tras su “por favor, haga algo”, recibe de réplica del presidente un “yo conozco muy bien la zona” y una promesa de mirar con calma el asunto. Murad le da las gracias y, queda claro, no está preparada para la pregunta que viene a continuación: ”¿Y tú tienes un Nobel?”. Sí, obviamente. “Es increíble. ¿Y por qué te dieron el Nobel, entonces?”. Ante un señor que claramente no conoce su problema ni se ha enterado de quién es y qué le ha pasado, la joven le explica que nadie hasta que ella habló pudo contar lo que hacía el ISIS y poner a los yazidíes en el mapa. Trump le suelta un “así que escapaste” que casi suena más a sospecha sobre la superviviente. Con gesto de angustia, Murad insiste en su relato: no saben, por ejemplo, dónde están 3.000 mujeres y niños de su comunidad. “Déjame verlo, vamos a verlo”,  concluye la conversación. 

No es el único mal gesto que tuvo del presidente de EEUU en esa audiencia. Como se ve en el vídeo que abre esta noticia, también recibió a un portavoz de la comunidad rohingya, aproximadamente un millón de personas que profesan el Islam en mitad de la mayoritariamente budista Birmania, perseguidos hasta la muerte y el éxodo por su gobierno. Cuando un refugiado rohingya le preguntó directamente sobre el plan para ayudar a su gente, Trump respondió: ”¿Dónde está eso exactamente?”. 

El estadista, de nuevo, haciendo de las suyas. 

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