INTERNACIONAL
19/12/2019 02:33 CET | Actualizado 19/12/2019 10:12 CET

El Congreso estadounidense aprueba el 'impeachment' contra Donald Trump

La Cámara baja de EEUU decide someter a un juicio político al presidente por abuso de poder y obstrucción a la labor del Congreso.

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Imagen de archivo del presidente de EEUU, Donald Trump

La palabra ‘impeachment’ ha acompañado a la presidencia de Donald Trump desde el mismísimo momento en el que ganó las elecciones aquel 8 de noviembre de 2016. Ahora, 3 años, 1 mes, y 11 días después, el juicio político contra el magnate republicano es una realidad. El Congreso estadounidense ha aprobado los dos cargos de la acusación contra el presidente: “abuso de poder”, por 229 votos a favor y 195 en contra, y “obstrucción a la labor del Congreso”, con 218 apoyos y 156 en contra. Trump es, desde este jueves, el tercer presidente de la historia de EEUU que se enfrenta a un juicio de estas dimensiones.

Ahora que la Cámara baja ha aprobado ambas acusaciones, es el Senado el que tomará las riendas del juicio político, probablemente en enero. Eso sí, la mayoría republicana en la Cámara alta hace de una destitución del mandatario un resultado altamente improbable, lo que no quita para que el paso dado por los demócratas este miércoles sea un punto de inflexión para Trump. No sólo para lo que le queda en el cargo, sino para su reelección en 2020. Consciente de ello, Trump lleva meses tratando de desviar la atención y tildando de “caza de brujas” la investigación demócrata que ha culminado en la apertura del ‘impeachment’. Su estrategia es clara: ya que no puede hacer nada para evitar el juicio, mejor hacerse con el apoyo de la sociedad (su reacción a la decisión de la Cámara de Representantes ha sido un tuit con la frase: “En realidad no van a por mí, van a por ti. Yo solo estoy en medio”). El problema es que, obviamente, los demócratas, también con la mirada puesta en las elecciones de 2020 quieren exactamente lo mismo.

De hecho, conocedora como pocas de los entresijos de la política estadounidense, la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, contuvo durante mucho tiempo los llamados para abrir un procedimiento de destitución contra Trump. Sabía los riesgos en clave electoral que tenía dar dicho paso. Finalmente lanzó la investigación a finales de septiembre, tras conocerse la denuncia de un funcionario no identificado sobre la presunta conducta inapropiada del presidente durante una llamada telefónica el 25 de julio con su homólogo ucraniano, Volodimir Zelenski. Varios testigos confirmaron ante el Comité Judicial de la Cámara baja las presiones para obligar a Kiev a anunciar la apertura de una investigación por corrupción contra el exvicepresidente Joe Biden -posible rival de Trump en 2020- y de su hijo Hunter. 

Así que los hechos estaban ahí y, posteriormente, las declaraciones de los testigos dieron la base legal que tanto ansiaba el Partido Demócrata. Pero el éxito no está, ni de lejos, garantizado. Esto es así porque los dos bandos saben que lo que la historia ya ha demostrado es que si algo hace un ‘impeachment’ es dividir -sí, aún más- a la sociedad estadounidense.

Los datos actuales hablan por sí solos: el juicio político divide a la población: el 45% quiere que salga adelante (77% entre los votantes demócratas) mientras un 47% se opone, según un sondeo de la CNN-SSR. En ciudades como Nueva York, Boston, Nueva Orleans y Los Angeles, manifestantes a favor del juicio político han salido este martes a las calles con carteles en los que se leían mensajes como “Protejan nuestra Democracia” o “Feliz Impeachment”.

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Manifestación a favor del 'impeachment' de Trump

Pero hay algo en lo que la historia está del lado del actual líder estadounidense:  los expresidentes Bill Clinton (1993-2001) y Andrew Johnson (1865-1869) fueron finalmente absueltos por la Cámara alta tras ser sometidos a un proceso de destitución. Ahora en el caso de Trump es más que probable que pase lo mismo dado el control republicano en el Senado. “No tengo dudas de que el pueblo estadounidense le responsabilizará, junto con los demócratas, en las elecciones de 2020”, ha declarado el presidente.

Por eso los rompecabezas de asesores de ambos partidos se centran en dilucidar los posibles efectos del juicio político de cara a las elecciones.

Los demócratas, además, tiene todavía mucho que resolver: no tienen un candidato que despunte y que pueda ser un rival fuerte para Trump. Y eso, al menos por el momento, beneficia al republicano. “Los demócratas no saben si aspirantes muy progresistas como los senadores Bernie Sanders o Elizabeth Warren conectarían con una mayoría de votantes o si un moderado, como el exvicepresidente Joe Biden o el alcalde de South Bend (Indiana), Pete Buttigieg, podrían ser ganadores”, explica a la agencia Efe el profesor emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de California Gary Jacobson.

Los demócratas no saben si aspirantes muy progresistas como los senadores Bernie Sanders o Elizabeth Warren conectarían con una mayoría de votantes

Y a todo esto hay que sumarle un factor clave en todo país: la economía. En este campo se puede tirar, de nuevo, de la hemeroteca: a finales de 1998 y comienzos de 1999, cuando el demócrata Bill Clinton afrontó su juicio político, había ganado la reelección en 1996 y ya se encontraba en su segundo y último mandato. Trump, sin embargo, lo encarará el año en el que busca su reelección.

Pero en ambos casos, en la economía soplan vientos favorables con un crecimiento sostenido y bajo desempleo. “Clinton agachó la cabeza y fue encantador durante el resto de su mandato, aunque su proceso de destitución no se produjo en un año electoral. Gran diferencia. La economía estaba también muy fuerte cuando se produjo el juicio político y eso ayuda a moldear a la opinión pública”, ha explicado a la agencia Efe Schimdt.