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26/02/2020 13:47 CET | Actualizado 26/02/2020 14:28 CET

El coronavirus entra en el Congreso

Si alguien tenía la esperanza de que el coronavirus no vaya a convertirse en arma arrojadiza entre los políticos, mejor que las vaya perdiendo.

EFE
Sesión de Control al Gobierno este miércoles

Ya está aquí. Si alguien tenía la esperanza de que el coronavirus no vaya a convertirse en arma arrojadiza entre los políticos, mejor que las vaya perdiendo. Santiago Abascal (Vox) ha sido el primero en utilizar el virus que acongoja al mundo, abriendo la veda que parecía existir hasta ahora. “Aún ni se toma la temperatura a los viajeros procedentes de China o Italia. Están tan empeñados en derribar fronteras que ni siquiera se ponen medidas mínimas que dicta el sentido común”, ha escrito en un tuit, aperitivo de lo que nos espera. Sigue los pasos de Matteo Salvini (Italia) y Marine Le Pen (Francia).

Ante el riesgo de contagio entre partidos y para que la tribuna no se acabe convirtiendo en un campo de batalla con el tema de actualidad que más búsquedas provoca en Google, planteamos la posibilidad de llegar a un acuerdo entre grupos parlamentarios para la no utilización ni política ni económica de un asunto tan sensible. Y comienzan a surgir los reproches, no vayan a comprometerse a mantener a salvo a la población de burdos debates echándose en cara la culpa de la proliferación del virus.

Cayetana Álvarez de Toledo evade la respuesta diciendo que “cada grupo se retratará como es, aún no lo hemos evaluado”. Resulta curioso que un tema tan candente no haya merecido un debate en el PP hasta ahora. Aunque en el partido enseguida salen a relucir crisis pasadas como el Ébola o el Prestige, durante los momentos en que ellos gobernaban .

“Con el Ébola, el PSOE se portó mal con Rajoy”, dice Guillermo Mariscal, portavoz adjunto del equipo que pilota Álvarez de Toledo. Y añade: “el Gobierno debe ser transparente, coordinarse con las comunidades y tomar medidas preventivas”. Isabel García Tejerina, ex ministra de Agricultura y Pesca del PP, lo tiene claro: cree que sí debe haber un acuerdo para no utilizar un asunto que angustia a los ciudadanos, pero enseguida recuerda la “utilización que hicieron los socialistas de la crisis del Prestige. El Nunca Máis lo utilizaron de forma vergonzosa. Una cosa es el análisis del riesgo y otra la gestión del riesgo y al Gobierno hay que estudiarle en la gestión. Con el Prestige no tuvimos tiempo para prepararnos, pero con el coronavirus, este Gobierno ha podido organizarse”. Más rotundo con el sí al acuerdo, sin condiciones previas o posteriores, ha sido Mario Garcés, el diputado del PP que fue secretario de Estado de Servicios Sociales, quien no ha dudo en asegurar que “sin duda alguna” tiene que haber un acuerdo sobre la no utilización política ni económica de un tema grave, “seremos exigentes, pero leales” ha proclamado.

Por ahora se guardan las formas, pero se intuye que si se complica la situación, la venganza—que es un plato que se sirve frío— se paseará por los escaños. Solo el hecho de que la Sanidad está cedida a las Comunidades Autónomas y que los ayuntamientos también van a tener que mojarse, hacen pensar que algunos se atarán la lengua antes de echarse al ruedo. Pero ese no es el caso de Vox, que por asuntos como esté—tener las manos libres para entrar a matar con todo lo que puedan— prefieren no formar parte de muchos gobiernos.

Esta mañana en los pasillos del Congreso, el ex popular ahora de Vox, Ignacio Gil Lázaro, ha dado un sí pero no, a si debe de cerrar un acuerdo tácito sobre un tema tan delicado. “Hay asuntos que son de sentido común y no deberían usarse, pero una cosa es decir que por qué no se hacen controles en los aeropuertos (lo que ha hecho Abascal en un tuit) y otra intentar sobredimensionar la situación. Pero si se hacen los controles fuera y los ciudadanos lo ven por televisión, es normal pedirlo. Con todo, no creo que nadie vaya a salir diciéndote lo que tienes que hacer”. Vamos, la ambigüedad como respuesta. A lo que Gabriel Rufían añade: “Que hablen los expertos y no los ‘cuñaos’ de extrema derecha”.

Que hablen los expertos y no los ‘cuñaos’ de extrema derechaGabriel Rufián

Ha sido la diputada canaria, Ana Oramas, quizá la señoría más independiente del Congreso de los Diputados, quien mejor ha centrado el asunto. Lo tiene muy vivo, porque Tenerife se ha convertido en el foco más grande de la gripe y el asunto está en carne viva. La diputada de Coalición Canaria, tiene “clarísimo” que ese acuerdo, explícito o tácito, debería de existir. “En temas como incendios o emergencias sanitarias se debe actuar con sensatez. Las criticas, para cuando haya acabado la situación de crisis. Pero mientras esta transcurre es necesario el cierre de filas. Al final, hacer balance y ver que cosas se han hecho mal, hay que ver que errores se pueden subsanar. El Gobierno lo que tiene que hacer es informar exactamente de lo que sucede. No es tanto un pacto en sí, como que cualquier catástrofe o emergencia sanitaria no debe utilizarse. La gente está muy angustiada con esos temas”.

El Gobierno y su socio, prudentes

Jaume Asens, el portavoz de Unidas Podemos en la Cámara, se queda unos segundos meditando lo del acuerdo, para responder luego con seguridad que “sí, debería haber tal acuerdo. A Asens, que ya había visto anoche el tuit de Abascal, le preocupa “la instrumentalización en clave política del coronavirus. Es una mezquindad utilizarlo. Se trata de una cuestión de Estado”.

Es una mezquindad usar el coronavirus. Se trata de una cuestión de EstadoJaume Asens, portavoz de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados

Más tímida ha sido la ministra de Política Territorial y Función Pública, Carolina Darias. “Yo lo que creo es que debemos esperar a ver cómo se desarrolla la situación, pero hay que tener confianza en el sistema sanitario y en nuestras instituciones”. Y en línea igualmente prudente ha respondido Adriana Lastra, quien apela “a la responsabilidad de todos los partidos, no tanto a pedirles un acuerdo sino a la actuación con responsabilidad. Va de suyo”. Su colega de Trabajo, insiste en que “con eso no se juega” y desea que no se utilice para atacar al contrario. La ministra de Hacienda, Mª Jesús Montero, considera que si el virus se extiende en el tiempo “puede tener derivas económicas, aunque la OMS no ha prohibido el tráfico de mercancías con los países más afectados”.

El ejemplo más cercano lo tenemos en la cancelación del Mobile World Congress en Barcelona que se debía haber celebrado esta misma semana, quizá más por intereses económicos y políticos más que de salud. Laura Borrás, portavoz de Junts per Catalunya, es de las que espera que no se haga ‘sangre’ con el coronavirus, con el recuerdo reciente del MWC, aunque no cree que se anulase la cita “por un problema de salud, sino por precaución de varias empresas por proteger a sus empleados”. Hay que recordar que esas mismas empresas enviaron posteriormente a sus trabajadores a otras citas internacionales. Joan Baldoví, diputado de Compromis, considera que se “actúo con precipitación—en el caso de la feria mundial que se celebraba en Barcelona— sin haber una alarma. El turismo, además, se puede ver muy afectado. Hay que ser muy cautelosos”.

Es obvio que hoy, todavía, el coronavirus no estaba en la primera línea de batalla entre los políticos, a pesar de que en la calle es monotema. La mesa de Cataluña copa el interés en los pasillos, pero cabe ir pensando que mucho antes de la próxima sesión de control, por estos pasillos o los del Senado, e incluso desde la tribuna, alguno utilice la mascarilla como arma vírica contra el Gobierno.