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14/03/2020 11:58 CET | Actualizado 14/03/2020 11:58 CET

El coronavirus, marcando las diferencias para bien y para mal

El coronavirus va a cambiar la sociedad, y sería positivo que hubiera cambio permanente en la manera de trabajar.

Bonilla1879 via Getty Images

En muy pocos días hemos pasado de hacer chistes y gracietas sobre el coronavirus a tomarlo en serio, con la gravedad que ello implica.

Los que vivimos en el exterior tenemos esa vara de medir que en muchas ocasiones deja a nuestro país en mal lugar y para otras muchas cosas, nos hace sentir orgullosos.

El coronavirus ha llegado a todos, ricos y pobres, asiáticos, europeos, americanos… y la colonización del miedo llega en etapas parecidas con semanas o días de retraso, pero llega.

Este virus nos ha puesto en nuestro lugar y nos ha dejado muy claro que da igual el color político del que seas, o si eres de los que piden más recortes o no. Tendrás que depender y mucho del sector público para tu supervivencia y para minimizar los problemas que va a dejar detrás esta pandemia.

Todos, ahora en España y la semana que viene seguramente en Reino Unido, valoraremos mas la necesidad de esa escuela, esas actividades extraescolares, y esa red de apoyo (llámense abuelos) de los que depende nuestra flexibilidad laboral… mejor dicho, vuestra flexibilidad laboral, ya que los que vivimos como emigrantes no contamos con el lujo de familiares que nos ayuden.

Este virus hará que, si hay sentido común, no se ponga a riesgo a nuestros mayores, y quizás saquemos todos las castañas de nuestro fuego, sin ayudar a que nuestros hijos, que tan fácilmente cogen todos los virus posibles, se los pasen a nuestros ancianos. Ellos, en caso de contagio, dependerán de unos servicios médicos, también públicos, que están ya al borde del colapso, y solo mantenidos por la generosidad extrema de esas enfermeras, médicas, y personal sanitario que solo en momentos así, valoramos como han de valorarse.

En esta industria la diferencia se hace abismal entre una España en la que pueden reclutarse médicos y enfermeras a golpe de talonario, y un Reino Unido que no cuenta con esa suerte al no poder contar con unas universidades que produzcan el número necesarios de profesionales, y unas trabas con el Brexit actual que ha cortado de raíz el interés de muchos por emigrar a Reino Unido.

¿Lo que el mercado no logra, que lo solucione el coronavirus?

La sanidad española es séptima en el ranking de países con mejor sanidad del mundo (Healthcare rankings, OMS), con Reino Unido en un puesto dieciocho que se me antoja altísimo.

Las diferencias aparte de un puesto en el ranking más alto, son la calidad de las instalaciones y los servicios que para los que hemos usado ambos sistemas, nos parece se decanta y mucho por el sistema español.

El sector público y la red familiar nos educa y cuida a los niños y ahora los que nos curarán de este virus son unos hospitales con trabajadores que tendrán que cancelar vacaciones por decisión de los que mandan… que son los políticos esos que podían a veces decidir más rápido y mejor.

En España por lo menos hay decisiones ejecutivas tajantes, pero en Reino Unido, Boris sigue a lo suyo, y en ciertas de sus comparecencias parece más el líder de un país de esos de futuros distópicos, en los que dicen cosas como “you could take it on the chin, take it all in one go and allow the disease, as it were, to move through the population, without taking as many draconian measures”.

Esto en cristiano viene a decir que, en vez de tomar medidas draconianas, se podría aceptar el golpe, y permitir que el virus se mueva... que sea lo que dios o los druidas quieran. 

Boris hablaba de un balance entre una posición y la otra, un “ni chicha ni limoná”, ni viendo que el resto del mundo, menos su colega Trump, se lo toman en serio.

Podría entrar a valorar desde mi punto de vista como esta posición podría ser tomada como un capítulo más dentro de su carrera al liberalismo no solo en los mercados, pero incluyendo en la coctelera la sanidad y la ingeniería social. ¿Lo que el mercado no logra, que lo solucione el coronavirus?

Hasta ahora la diferencia sale en positivo para nuestro país, pero hay varios aspectos que pueden valorarse como áreas en los que deberíamos trabajar para lograr que nuestro sector productivo se modernice y copie en lo bueno a Reino Unido.

El trabajar desde casa, ese gran extraño en España y del que se desconfía, lo disfrutamos muchos emigrantes en el resto de Europa y creemos que debería estar ya establecido como una opción real, en aquellas ocasiones que los necesiten por problemas familiares, o simplemente por la no necesidad de desplazarte a una oficina para el único beneficio de que el jefe te vea la cara.

El coronavirus va a cambiar la sociedad, y sería positivo que hubiera cambio permanente en la manera de trabajar.

Este virus va a ser la puerta de entrada al trabajo desde casa a muchas empresas, que podrán ser beneficiadas por trabajadores más contentos y eficientes, sin necesidad de dudar de su compromiso.

España también podría copiar a Reino Unido en el recogimiento en sus casas, el no salir (total llueve y no hace sol), el no reunirte con primos y amigos todos los fines de semana. En España por unas semanas deberíamos pensar que es mejor estar en casa, y pretender que estamos en Sheffield y no en Castellón, y que las terrazas, que seguramente estén cerradas de todas maneras, no existen, y las cervezas en el salón de casa saben igual de buenas que en el bar a las 3 de la mañana.

Luego, cuando esto pase volveremos a convertirnos en animales sociales que necesitan contacto con amigos, y que además podemos hacerlo en la calle, con ambiente, y con la suerte de poder salir a cenar y tomar algo con nuestros pequeños… algo que en Reino Unido no sucede, y las salidas familiares no rebasan nunca las 8 de la noche, y no siempre se puede salir en familia al no ser los pubs, que si son muy bonitos, aptos en su mayoría para ir acompañado de tus hijos.

El coronavirus va a cambiar la sociedad, y sería positivo que hubiera cambio permanente en la manera de trabajar y en la manera de volver a colaborar entre nosotros. El coronavirus no nos pregunta la nacionalidad ni dónde vivimos, pero sí que tiene en cuenta si tenemos o no sentido común.