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12/08/2019 16:56 CEST | Actualizado 12/08/2019 16:56 CEST

El cumplimiento de los Derechos Humanos (#YoExijo)

OIJ

Es importante tomar conciencia de las injusticias que nos rodean, de todo lo que queda por hacer y por pelear. Los Derechos Humanos no son un destino, son un horizonte, un marco común y compartido sobre el que poder construir una humanidad más solidaria, más nítidamente humana. 

Es por eso tiempo de exigir a los estados y a los gobernantes el cumplimiento de los derechos que nos pertenecen, sin más dilación ni más excusas. Europa está sumida en un adormecimiento que asusta, Estados Unidos directamente ha pasado a la ofensiva contra los Derechos Fundamentales, buena parte de Latinoamérica está en postulados que atentan gravemente contra las libertades, Asia debe poner en marcha urgentemente reformas que le permitan asegurar los derechos de todos los ciudadanos, y África sigue esperando, como siempre, a que la comunidad internacional se percate de que es un continente que no necesita intermediarios para ser interpretado o interpelado.

Exijo un cumplimiento más estricto por parte de los estados en materia de Derechos Humanos y exijo también un cumplimiento más diligente por parte de los gobernantes de los países en materia de Derechos Fundamentales. Los estados deben garantizar y promover los derechos, son ellos los que tienen el poder para hacer de las sociedades democracias plenas en las que poder desarrollarnos como ciudadanos libres e iguales. Y son los gobernantes democráticos los que tienen que dar ejemplo de ciudadanía, de amor a la política y de justicia social. 

... me niego a olvidar que Canadá, Estados Unidos o Cuba también cerraron sus puertos al Sant Louis, navío cargado de refugiados europeos, en su mayoría judíos, allá por 1939 y que su destino fue volver a Europa y morir en campos de concentración.

Exijo el derecho a movernos libremente, y exijo también ese derecho para las personas migrantes. Exijo también esa libertad fundamental para los refugiados, que merecen especial atención. La inmigración no es un acto criminal, por eso condeno a los países que señalan a las personas migrantes como el enemigo. Trump, Salvini o tantos otros se dedican a alimentar a la bestia de los egoísmos nacionales, y no parece importarles que Europa ya vivió hace casi 100 años la peor de las caras que podía ofrecer la humanidad. Me niego a repetir la historia, me niego a cerrar puertos a refugiados, me niego a olvidar que Canadá, Estados Unidos o Cuba también cerraron sus puertos al Sant Louis, navío cargado de refugiados europeos, en su mayoría judíos, allá por 1939 y que su destino fue volver a Europa y morir en campos de concentración. Me niego a que la sociedad sea incapaz de reaccionar ante este despropósito.

Exijo el derecho al trabajo. Trabajo digno por un salario digno y justo. Y solicito también a los estados que presten especial atención en esta materia a los colectivos más vulnerables: mujeres y jóvenes. Parece olvidársele a los estados que el derecho al trabajo es un derecho fundamental e irrenunciable, y que su ausencia está condenando a los ciudadanos, en espacial a las ciudadanas, a condiciones de miseria. 

Exijo respeto a todos los modelos de familia, independientemente de su conformación o cualquier otra cuestión: identidad de género, adopción, gestación subrogada, orientación sexual, etc. Todas las familias merecen el mismo respeto por parte de la sociedad. Un país que se permite el lujo de discriminar en su legislación a un modelo de familia no puede calificarse como un país decente y un gobernante que señala públicamente a un modelo de familia no merece ostentar el poder. 

Debemos encontrar el justo equilibrio entre las libertades de todos los ciudadanos y seguir así la máxima de “tu libertad termina donde empieza la del otro” y la que se deriva de ésta, “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”.

Exijo el derecho a expresar la propia opinión y a no ser molestado por ello. El acoso, la violencia y el insulto no caben en democracia y deben ser condenados por ella. La libertad de expresión debe ser protegida y promovida, pero no es un derecho absoluto que permita el linchamiento o el daño a la integridad moral de un ciudadano. Debemos encontrar el justo equilibrio entre las libertades de todos los ciudadanos y seguir así la máxima de “tu libertad termina donde empieza la del otro” y la que se deriva de ésta, “no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti”.

Tenemos motivos de sobra para no quedarnos de brazos cruzados. Es por esto  que acepté ser Portavoz de Derechos para el Organismo Internacional de Juventud en su reciente campaña ¿Qué exiges tú?: necesitamos alzar la voz contra todo aquello que cercene nuestra libertad. Defender los Derechos Humanos es patrimonio de todos y todas, por eso os animo a hacer de esta lucha vuestra lucha, de hacer de la defensa de los derechos de todos y todas vuestra bandera. Y, por supuesto, de uniros a esta campaña intergeneracional cargada de lucha y reivindicación.

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El Organismo Internacional de Juventud es una institución que congrega a los ministerios de juventud de los países miembros y es el único organismo internacional público en materia de juventud.