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26/08/2019 07:09 CEST | Actualizado 26/08/2019 07:09 CEST

El día que un amigo mío ganó el Premio Amazon de novela

Entrevista a Cristian Perfumo, autor de 'El coleccionista de flechas'.

Ya no recuerdo dónde leí que uno aspira a ganar el premio Nobel de Literatura, con el tiempo se conforma con el premio Planeta, un poco después con el Nadal y finalmente se puede dar con un canto en los dientes si le dan algún premio local. Quizás esto sea cierto para mí, aunque cambiaría la última parte: me alegraría sobremanera si un amigo mío obtuviera un premio literario. Y así ha sido, pero no uno local, sino el más importante que hay en autoedición: mi amigo Cristian ganó el Premio Amazon de novela en 2017 con El coleccionista de flechas. He decidido entrevistarle no porque él crea que yo le enseñé algo en los primeros compases de su carrera literaria (lo que sentaría muy bien a mi ego), sino porque me toca aprender de su laboriosidad e ingenio. Después de todo, sigo aspirando a ganar algún premio local, así que voy a ver qué consejos me da:

 

ANDRÉS LOMEÑA: Tarantino afirma que hará diez películas y lo deja. Tú llevas ya cinco novelas. ¿Te has fijado un número aproximado de lo que llegarás a producir?

CRISTIAN PERFUMO: De la misma manera que no me planteo vivir en un mismo lugar para siempre, sino mientras sea feliz allí, creo que seguiré escribiendo historias hasta que ya no tenga una que me motive lo suficiente como para pasarme con ella un año entero, que es lo que me lleva escribirla. Por el momento, me encanta, así que espero seguir durante mucho tiempo.

A.L.: ¿En qué momento supiste que querías escribir una novela y en qué momento te sentiste escritor? 

C.P.: En mi caso sí que hubo un momento muy puntual, casi epifánico: una persona me contó que cuando era adolescente había encontrado un barco que llevaba más de dos siglos hundido en la Patagonia. Cuando me explicó la historia, ese adolescente ya era un cincuentón dueño de un bar especializado en vinos. Me acuerdo que charlamos un buen rato, cada uno con una copa de malbec en la mano, y cuando salí de ahí le dije a mi esposa: “Alguien tiene que escribir sobre esto”. Poco tiempo después volví a Barcelona y vinieron esas charlas con vos en las que me enseñaste el ABC de la estructura narrativa. Mucho tiempo después, ese germen se convirtió en mi primera novela. Por cierto, aprovecho para repetir acá lo que puse hace ocho años en la sección de agradecimientos del libro: ¡Gracias por ser mi mentor!

A.L.: Siempre se dice que la musa te debe pillar trabajando, o que el noventa por ciento de la creación es trabajo y el diez por ciento es inspiración. Con tu modo de trabajar, ¿qué porcentajes representarían la planificación, la documentación, la improvisación, la ejecución, la revisión y la difusión de una novela?

C.P.: Teniendo en cuenta que últimamente publico una novela por año, te diría que tres meses son de documentación, planificación, etc., tres meses son para escribir el primer borrador (que suele ser horrible), cuatro meses para corregirlo, encargar el diseño de portada y otras tareas relacionadas con la autoedición, y dos meses para la difusión (mientras voy pensando en la siguiente historia). De todos modos, esto es una gran simplificación, porque hay muchas cosas que se solapan: voy investigando mientras escribo, o voy retocando la planificación a medida que se me ocurren mejores ideas que, normalmente, surgen a partir del primer borrador. 

A.L.: Hace más de diez años paseábamos por las calles de Barcelona y discutíamos sobre la estructura narrativa. ¿Qué has aprendido en los últimos años sobre lo que funciona en la ficción?

C.P.: Quiero creer que ahora soy mucho mejor escritor, aunque de vez en cuando alguien me diga que el primero de mis libros es su favorito y me destroce. Lo cierto es que mis últimos libros se han vendido mejor, algunos han ganado premios o quedado finalistas, entonces creo que, objetivamente, crecí bastante como narrador. ¿Qué cosas aprendí en todo este tiempo? A separar la paja del trigo. A kill your darlings como dice Stephen King refiriéndose a borrar esos párrafos que te parecen brillantes y de los que estás orgulloso, pero que no aportan nada a la historia. A entender que si tuve que pasar horas y horas leyendo textos aburridísimos para justificar algo de la trama es problema mío y no del lector. Él no tiene por qué padecer ese tedio. De todos modos, y esto lo digo sin falsa modestia, creo que me falta un montonazo. Cuando leo un best-seller muy bien escrito pienso: “Ojalá algún día yo haga algo así”.

A.L.: A mi madre le encantó Cazador de farsantes y prestó mi ejemplar antes de que yo pudiera hacerlo. ¿Qué crees que la cautivó y cuál le recomendarías en siguiente lugar?

C.P.: Tu mamá es una profesional de la salud, y ese libro se mete con el mundo de los curanderos, chamanes, brujos, tarotistas, y ese tipo de fauna. Creo que por eso le gustó. Yo te diría que le recomiendes que siga con Rescate Gris, porque en ese libro la salud también juega un papel muy importante.

A.L.: Sigo con mi madre: ella dice que no tiene hijos favoritos. ¿Los tienes tú? Alguna de tus novelas será tu ojito derecho…

C.P.: Sonará a cliché, pero ahí va: la siguiente. Siempre estoy enamorado de la siguiente.

Quiero creer que ahora soy mucho mejor escritor, aunque de vez en cuando alguien me diga que el primero de mis libros es su favorito y me destroce.

A.L.: Has firmado con la editorial Penguin Random House, así que vas a ser un novelista nacido en la autoedición que da el salto a las grandes editoriales. ¿Acojonado? A mí que un patagónico se vaya a una editorial que tiene como símbolo un pingüino me parece la evolución natural.

C.P.: Si se hubieran llamado de otra manera no firmo ni loco, evidentemente. Vengo de un pueblo en el que hay más pingüinos que personas, ¿cómo no aceptar una oferta de alguien con ese nombre?

Más que acojonado, siento mucha curiosidad. Es un salto importante, evidentemente, pero tengo bastante dominado eso de no preocuparme por las cosas que no puedo controlar. Cuando el libro salga a la venta en librerías, yo lo voy a dar todo con la promoción, como siempre, pero serán los lectores los que tendrán la última palabra.

A.L.: Aunque me avergüenza no haber pisado aún la Patagonia, me consta que la tierra donde creciste es un espacio espectacular para fabular. La novela negra nórdica también tiene muy presente su propia geografía. ¿Qué crees que proyectan tus novelas sobre esos lugares tan singulares de Argentina? 

C.P.: Tengo la suerte de haberme criado en un lugar que muchos consideran exótico, entonces emplazar mis historias ahí les da un componente extra. Si no fuera porque detesto la frase, te diría que “el paisaje es un personaje más”. Coincido en que hay mucho en común entre lo que yo hago y la novela negra nórdica. Por cierto, algún día me gustaría escribir algo ambientado en Grytviken y cerrar el círculo, porque sería una historia patagónica y nórdica al mismo tiempo.

Volviendo a tu pregunta, lo que hago es una especie acto de equilibrista en el que intento satisfacer a dos tipos de lectores muy diferentes: por un lado quiero que los que conocen o viven en la Patagonia identifiquen lugares, paisajes y referencias culturales, mientras que por el otro me gusta mostrarle esa parte del mundo a quien nunca estuvo ahí. Uno de mis sueños como escritor es que alguien me escriba un email diciendo: “A raíz de leer uno de tus libros, visité la Patagonia”.

A.L.: Cuantas más entrevistas hagas, menos espacio me quedará para preguntarte algo original, así que mi virtud tendrá que ser la machaconería para recordarle a los lectores lo que quizás ya hayas dicho en otras entrevistas. ¿Hay alguna pregunta que te haya incomodado o que estés un poco harto de responder?

C.P.: No, todavía me falta mucho para llegar a eso. Algo quizás en esa línea que sí me rompe el corazón es cuando me contactan adolescentes diciéndome que les gustó mucho mi libro, pero después me ponen algo que suele ser más o menos así: “Me gustaría hacerte unas preguntas 1) ¿Cuál fue tu primer libro?, 2) De qué trata Rescate gris, 3)...”. Resulta que en varios colegios de la Patagonia se usan mis libros, y dos o tres veces al año recibo mensajes de chicos para que les haga los deberes. Suelo responder que la profesora me lo tiene terminantemente prohibido.

A.L.: El piropo más estrafalario que me han hecho es que mis cuentos se leen muy bien cuando vas al baño [se sobreentiende para qué]. Déjate de falsa modestia y dime algún piropo de tus lectores.

C.P.: Hay uno que no me voy a olvidar nunca: una persona me dijo que mis libros le habían ayudado a que se le pasaran más rápido las sesiones de quimioterapia.

A.L.: El Ulysses de James Joyce es, según dicen, el libro más abandonado de la historia de la literatura. ¿Se te cayó de las manos alguna novela consagrada? ¿Y abandonaste la escritura de alguna obra o todas han llegado a buen término?

C.P.: Antes era de los que tenía que terminar un libro si lo empezaba, pero con el tiempo me di cuenta de que la vida es demasiado corta. Ni siquiera voy a llegar a leer todos los libros que me podrían llegar a gustar, así que ¿por qué leer los que no? Si hablamos de clásicos, me jacto de haber terminado El Quijote, pero no pude pasar de la tercera página de La Ilíada. A Shakespeare lo leí por primera vez este año (Macbeth) y estuve a punto de abandonarlo. Adelante, lector de esta entrevista, échate las manos a la cabeza y arráncate los pelos, no te vamos a juzgar. 

Si hablamos de novela contemporánea, también he abandonado mucho, pero prefiero no dar nombres porque no quiero herir a nadie. En cuanto a abandonar un proyecto de escritura, sí, hubo uno que dejé a medias porque se me ocurrió una idea mejor. De vez en cuando pienso en retomarlo. Es sobre un estudiante de doctorado que investiga arañas venenosas en Australia, que es un país donde viví muchos años.

Antes era de los que tenía que terminar un libro si lo empezaba, pero con el tiempo me di cuenta de que la vida es demasiado corta.

A.L.: ¿Cómo de difícil sería escribir sin un software como Scrivener? Es decir, ¿te resulta particularmente útil o es un esnobismo más de los escritores?

C.P.: Podría escribir en el bloc de notas si fuera necesario. Utilizo Scrivener porque tiene un montón de funciones a las que estoy acostumbrado y me facilitan mucho las cosas. Yo no lo veo un esnobismo para nada. Ojalá saquen pronto una nueva versión para Linux, aunque la de hace cuatro años no me da problemas.

A.L.: ¿Qué novela de género (policiaco, negro) es la que ha causado mayor impacto en ti?

C.P.: No voy a ser nada original, pero es la verdad: Estudio en escarlata de Conan Doyle.

A.L.: ¿Nos recomendarías alguna novela que te haya gustado y que esté totalmente alejada de lo que haces?

C.P.: Me encantó El nombre del viento y también El temor de un hombre sabio. A ver si Rothfuss se pone las pilas y saca la tercera (por cierto, antes me preguntabas sobre dejar novelas a medias, una que no pude terminar fue La música del silencio, esa especie de spin-off que hizo con el personaje de Auri). De ciencia-ficción me encantó Artemisa, de Andy Weir.

A.L.: Sé que has estado en negociaciones para adaptar una de tus obras a la gran pantalla. ¿A qué película te gustaría que se pareciera el resultado?

C.P.: Si vamos a soñar, soñemos a lo grande: me gustaría que se pareciera a una película de Christopher Nolan, que es mi director favorito.

A.L.: ¿Puedes anticipar algo de tu próximo proyecto?

C.P.: Dos cosas: la primera es que será, con mucha diferencia, el más largo de mis libros. La segunda es que sospecho que les gustará a los fans de La casa de papel.

A.L.: Ya para terminar, dame algún consejo para escribir, que en el terreno de la ficción tengo muchos más problemas de inspiración que para publicar esta entrevista.

C.P.: Mi consejo es que apartes al editor interno, ese que te dice: “Lo que estás escribiendo es una mierda, esa idea es una mierda, eso ya lo hicieron cien veces y mucho mejor de lo que lo podés hacer vos”. Date permiso para escribir un mamarracho, porque es imposible mejorar algo que no existe. Cualquier pieza de alfarería empezó como un pedazo de barro informe.

 

 

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