INTERNACIONAL
25/07/2021 20:55 CEST

El dilema de la tercera dosis: por qué no es momento de pensar en este refuerzo

Aún no hay evidencia científica que justifique esta necesidad, pero las farmacéuticas ya se frotan las manos con la idea de vender vacunas extra a los países ricos.

Alberto Ortega/Europa Press via Getty Images
Una sanitaria vacuna a un joven en el Hospital Zendal de Madrid, el 13 de julio de 2021.

En esta pandemia que parece no tener fin, casi cualquier aliciente vale para mantener un poco más la esperanza, pero no todos tienen justificación. El pasado 8 de julio, la compañía Pfizer anunció que pediría autorización a Estados Unidos para administrar una tercera dosis de su vacuna frente al covid como refuerzo.

La Unión Europea, que también evalúa esta posibilidad, ya ha suscrito contratos con Pfizer y con Moderna para ampliar sus suministros en 2022 y 2023. Este viernes, la ministra de Sanidad española, Carolina Darias, reconoció que ya cuentan con que habrá que poner “una tercera dosis de refuerzo”. “Lo que habrá que determinar es cuándo”, añadió. 

Lo que podría verse como una manera de proteger de forma adicional a la población está cosechando muchas críticas por parte de expertos y organismos internacionales, no tanto por que haya que pinchar dosis de refuerzo en el futuro, sino por el hecho de que se plantee el debate ahora, cuando todavía hay muchas incógnitas sobre la duración de la inmunidad, y cuando millones de personas vulnerables en el mundo no han recibido todavía una vacuna. 

En estos momentos no hay ninguna evidencia científica de que sea necesariaAmós García Rojas

La Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos ya emitieron un informe desfavorable sobre esa posible tercera dosis, y argumentaron que todavía se necesitaba más información al respecto. “En estos momentos no hay ninguna evidencia científica de que sea necesaria”, ratifica Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV). “Y ninguna es ninguna”, recalca.

Por falta de pruebas y por justicia global

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se sumó a esta negativa, y añadió una razón más: “Incrementa la desigualdad”. Si los países ricos empiezan a poner pinchazos de refuerzo en vez de donar dosis al resto del planeta subdesarrollado, “miraremos atrás con enfado y con vergüenza”, denunció Michael Ryan, jefe de emergencias de la OMS. 

Médicos Sin Fronteras (MSF) ha sido también muy tajante en este tema: “Sería inconcebible ofrecer a las personas ya totalmente vacunadas otra dosis antes de proteger a más personas con la primera”. La ONG advierte de un “dramático desequilibrio mundial” en el reparto de vacunas y de una “maniobra” —por parte de la UE en su negociación— que “representa un puro lucro para las corporaciones farmacéuticas”.

Javier Padilla, médico de familia especializado en Salud Pública, comparte esta postura. “No es razonable empezar a hablar de la tercera dosis antes siquiera de que una parte muy importante de la población mundial, principalmente países de rentas bajas, haya podido poner las primeras dosis”, señala. 

No es razonable empezar a hablar de la tercera dosis antes siquiera de que una parte muy importante de la población mundial haya podido poner las primeras dosisJavier Padilla

Según los datos recogidos por Our World in Data, el 27% de la población mundial ya ha recibido al menos una dosis frente al covid, pero en los países en desarrollo ese porcentaje se reduce al 1,1%. Frente a esto, países como Estados Unidos, Israel, Reino Unido o España rondan el 60% de su población con al menos una inyección. John McConnell, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet, indicó en una entrevista con BBC Brasil que hasta 2023 no habrá vacunas disponibles para todo el mundo si continúa el ritmo actual.

Ni García Rojas ni Padilla descartan que en un futuro sí haya que poner esta dosis de recuerdo, como apunta la ministra Darias, pero para Javier Padilla, antes de plantear esta posibilidad deberían cumplirse dos ítems: que haya estudios que demuestren su necesidad y que se haya vacunado a “toda la población de todo el mundo”. 

Si sigue habiendo contagios, más riesgo hay de que surjan nuevas variantes resistentes a las vacunas actualesAmós García Rojas

Incluso por motivos ‘egoístas’, a los países ricos les debería interesar que sus homólogos menos pudientes vacunen a su población. “Si sigue habiendo contagios, principalmente en países en vías de desarrollo, más riesgo hay de que surjan nuevas variantes, y más posibilidades de que estas nuevas variantes sean más resistentes a las vacunas actuales”, avisa García Rojas.

La incógnita: cuánto dura la inmunidad

Hay más razones para no correr tanto. Una de las principales incógnitas que debe desvelarse en esta cuestión tiene que ver con la duración de la inmunidad. Algunos datos preliminares indican que el nivel de anticuerpos decae pasados los primeros seis meses, pero los expertos advierten de que la respuesta inmunitaria del organismo va más allá, y engloba también la inmunidad celular, más potente que los anticuerpos.

Alberto Ortega/Europa Press via Getty Images
Vacunación de jóvenes en el Hospital Zendal de Madrid.

“De momento, los datos apuntan a que la inmunidad con la vacuna es razonablemente duradera”, celebra Padilla. Por tanto, habría que dejar pasar el tiempo y estudiar esta respuesta antes de decidir cuándo conviene poner una tercera dosis, si es que conviene. Quizás “después de un año o dos” —sugirió Soumya Swaminathan, científica titular de la Organización Mundial de la Salud—, pero no seis meses después de la primera dosis, para lo que no hay evidencia, aclaró. 

Además, habría que entender también si haber pasado el virus confiere algún tipo de inmunidad diferente a la que ofrece la vacuna, algo que aún se desconoce, añade Padilla. “Todavía falta mucho por andar”, repite el médico. 

En caso de que sí... ¿a quién revacunar?

Quien ya ha dado un paso al frente es (¡sorpresa!) Israel. Sus datos preliminares apuntan a que los contagios con la variante delta están siendo más frecuentes entre quienes fueron vacunados hace más de seis meses, y el país ya ha empezado a aplicar una tercera dosis de Pfizer a algunos pacientes con cáncer y receptores de trasplante de órganos, personas que a priori tienen un sistema inmunológico más debilitado.

A lo mejor sólo habría que revacunar a la población más vulnerable

Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología (SEI), no ve con malos ojos esta opción. “En algún caso de trasplante de órgano sólido se ha demostrado que la producción de anticuerpos cae [pasado un tiempo tras la vacuna]”, explica López Hoyos. El inmunólogo recomienda “hacer una valoración inmunológica” de cada paciente para ver si, pese a la bajada de anticuerpos, la inmunidad celular se mantiene, pero no descarta que haya que poner una tercera dosis a este sector en concreto. En cambio, “en la población general, a día de hoy hay una buena protección, así que no habría que planteárselo ahora”, matiza.

El presidente de la Asociación Española de Vacunología coincide en que “a lo mejor sólo habría que revacunar a la población más vulnerable”, aunque insiste en que todavía sólo es “otro elemento más de reflexión”, ya que “hoy no hay evidencia científica que justifique esto”, reitera García Rojas.  

El enfado de la OMS

No es la primera vez que las autoridades sanitarias dan un tirón de orejas a los países ricos en esta pandemia —la OMS ya les reprochó que estén vacunando a adolescentes cuando el resto de la población mundial no tiene dosis para los más vulnerables—, pero parece que esta vez han elevado el tono, señalando incluso a las grandes farmacéuticas.

Soumya Swaminathan fue muy clara a mediados de julio: las recomendaciones de la OMS sobre una tercera dosis de refuerzo estarán “basadas en la ciencia y en los datos, no en [lo que digan] empresas individuales”.

No puede ser que la decisión sobre una tercera dosis la vaya a tomar el CEO de Pfizer

Javier Padilla coincide con ella en todos los términos. “No puede ser que la decisión sobre una tercera dosis la vaya a tomar el CEO de Pfizer en lugar de las autoridades de salud pública”, señala. Padilla vuelve a incidir en la falta de datos y en la cuestión ética de justicia global, pero también reconoce una tercera pata en este dilema: “La relación de poder entre las autoridades de salud pública y quien vende la vacuna”. 

Se estima que Pfizer ingresará más de 21.000 millones de euros durante 2021 con su vacuna, y Moderna 12.300 millones. De momento, se han negado rotundamente a la liberación de patentes y, según los datos que recoge MSF, Pfizer/BioNTech sólo ha destinado el 11% de sus entregas a países de ingresos bajos y medios, ya sea directamente o a través de Covax; en el caso de Moderna, el porcentaje es aún menor, y apenas asciende al 0,3%.

Las negociaciones de España para la compra de dosis de refuerzo, de la mano de la UE, incluyen acuerdosde contratos de 1.800 millones de euros con Pfizer y 480 con Moderna.

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