POLÍTICA
11/12/2020 21:33 CET

El error de pedir a la gente que no vuelva a casa por Navidad

Seamos realistas: casi 5 millones de personas viven solas en España. No sólo los estudiantes viajarán para pasar estas fechas con su familia.

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Probablemente la época navideña es la que más quebraderos de cabeza está dando a las autoridades desde que comenzó la pandemia. Decidir sobre la posibilidad de que la población pueda o no viajar y establecer cuántas personas pueden reunirse en unos encuentros tan significativos no es tarea fácil. 

Si en verano se abrió la mano al turismo por el peso de la economía, en navidad se permitirán las celebraciones por el peso de lo social. El Gobierno central y las comunidades autónomas acordaron hace unos días que las reuniones no superarán los diez asistentes, que sólo se permitirá viajar a familiares y allegados para encontrarse con sus respectivos y que habrá toque de queda a partir de la 1:30. 

El Ministerio de Sanidad utilizó el lema ′Me quedo en casa′ para presentar estas medidas, y apeló a “la no movilidad” de la población para frenar el virus y “poder seguir celebrando muchas navidades más”

Queda claro que lo único que disminuye a cero el riesgo es no reunirse. Pero no reunirse tampoco significa cuidar a alguien

El epidemiólogo social Pedro Gullón, coautor de Epidemiocracia, reconoce que, en todos los mensajes políticos que está habiendo sobre la Navidad, echa en falta “que se imaginen alternativas diferentes para las celebraciones”. “Quizás no es el momento de pedir a la población que se quede sola en casa después de un año tan difícil, sino de pensar en alternativas”, sostiene. “En lugar de reunirse para cenar en Nochebuena, se puede proponer que la familia quede para dar un paseo, o para hacer un picnic si el clima de la zona lo permite, o juntarse en dos sitios distintos y hacer Zoom un rato”, sugiere. “Es muy importante recrear este tipo de imágenes para que la gente vea que se pueden hacer las cosas de forma diferente”, recalca.

La importancia de “preparar el escenario”

Tampoco es del todo razonable pedir a la gente que sólo se reúna con convivientes cuando hay al menos 4,7 millones de personas en España que viven solas, de las cuales un tercio son mujeres mayores de 65 años, según datos del INE.

“A veces se olvidan de eso”, lamenta Javier Padilla, médico de familia y también autor de Epidemiocracia. “Queda claro que lo único que disminuye a cero el riesgo es no reunirse. Pero no reunirse tampoco significa cuidar a alguien”, matiza. “Es más razonable decir: ‘Si vas a reunirte con alguien, los diez días antes procura reducir al máximo tus contactos sociales’”, propone. “Y cuando vayas a casa de tus padres, o similar, usa mascarilla en el entorno más cerrado y cercano los primeros días”, recomienda. 

Defender un escenario de riesgo cero es casi como promulgar la abstinencia para evitar el contagio de VIH

En una encuesta informal realizada entre una decena de conocidos residentes en Madrid pero procedentes de otras comunidades, no hay ninguno que vaya a quedarse en la capital esta Navidad. La posibilidad de encontrarse con su familia después de meses sin verla, y de pasar reunidos estas fechas —cumpliendo con las normas establecidas—, ha pesado más que la idea inicial de pasar las navidades en Madrid, lejos de casa y de forma improvisada. 

Ni siquiera los políticos lo harán. La mayoría de los diputados del Congreso viajará hasta su lugar de origen estas navidades, entre ellos Adriana Lastra a Asturias, Cuca Gamarra a La Rioja o Laura Borràs a Cataluña. Sólo Pablo Echenique ha preferido quedarse en Madrid y no visitar a su familia en Zaragoza por la pandemia, según informaciones de Efe. 

Para Javier Padilla, “defender un escenario de riesgo cero es casi como promulgar la abstinencia para evitar el contagio de VIH”. “De acuerdo, es una estrategia, pero, siendo realistas, no es efectiva”, dice Padilla . En su opinión, de cara a los encuentros navideños (admitiendo que los habrá, aunque reducidos), “se trata de preparar el escenario limitando los riesgos, y sabiendo que el riesgo cero no existe”, resume.

La “peligrosa” dicotomía de celebrar o no celebrar

Gullón considera “peligroso” que las navidades se presenten como “una dicotomía” entre celebrar y no celebrar, porque “dejar a la gente sola tampoco es lo ideal”, recuerda. “Se trata más bien de ofrecer alternativas y, si se decide celebrar en familia, poner todas las barreras posibles para evitar contagios, desde ventilación hasta mascarilla”, apunta el epidemiólogo. 

Esta semana se hizo viral un discurso de la canciller alemana, Angela Merkel, cuando, visiblemente emocionada, hizo un llamamiento especial a sus conciudadanos desde el Bundestag. “Si ahora tenemos demasiados contactos y luego resulta que esta fue la última Navidad con los abuelos, será que tal vez algo hicimos mal”, afirmó la líder alemana durante el debate sobre los presupuestos del Estado el mismo día que Alemania registraba su récord de muertes por coronavirus: 590 en 24 horas.

 

En el mensaje de Merkel había un detalle interesante. Lo primero que hace la canciller es pedir que se limiten los contactos antes de las fiestas navideñas para tener más garantías de llegar ‘limpios’ a las celebraciones. 

A los expertos en salud pública les parece eso más realista que azuzar con el “no os reunáis, porque si te reúnes, matas al abuelo”, señala Javier Padilla, que recuerda la polémica surgida hace unas semanas cuando la Comunidad de Madrid decidió empapelar las estaciones de Metro con mensajes como ‘esa ronda de chupitos la paga tu abuelo’ o ‘si vas de fiesta, la próxima estación puede ser el tanatorio’. 

“En general, se están utilizando dos estrategias de comunicación”, explica Padilla. “Una es: ‘No os reunáis, porque si te reúnes, matas al abuelo’. Pero ese mensaje de ‘todo o nada’ no cala, y entonces se puede optar por la estrategia de reducción de daños, pidiendo a la gente que, si va a reunirse con sus familiares, limite sus contactos en los 10 días anteriores a esos encuentros”, apunta.

Conjugar el deseo de ver a la familia con el miedo a contagiar

Padilla se inclina, sin duda, por esa segunda estrategia. “La gente no actúa desde la racionalidad pura; la gente tiene deseos y voluntades que tiene que conjugar con la idea racional del cuidado”, sostiene. “Pero el cuidado no es sólo racional, sino que se guía sobre todo por los afectos. Y los afectos son los que se mueven en esa duda de ‘tengo ganas de ver a mi abuelo pero no quiero contagiarle’”, aclara. 

“Si una persona pensaba ir a ver a su abuelo y el mensaje que le llega es: ‘No vayas a ver a tu abuelo’, no va a cambiar de opinión. Por eso creo que la comunicación tiene que ir dirigida a explicar cuáles son las formas seguras de ver a tu abuelo”, argumenta Padilla.

Gullón coincide con su colega. “Obviamente, no todo el mundo se lo puede permitir, pero si uno puede hacer cuarentena siete o diez días antes de ver a su familia, sería lo ideal”, apunta. “Mucho mejor que hacerse un test de antígenos el día 23, porque el 24 ya puedes estar contagiando”, añade.  

Si uno puede hacer cuarentena siete o diez días antes de ver a su familia, sería lo ideal. Mucho mejor que hacerse un test de antígenos el día 23

De algún modo, el epidemiólogo lamenta que haya habido una especie de “triunfo de lo tecnológico sobre lo biológico”. “Mucha gente ha dicho que va a hacerse un test de antígenos antes de las fiestas, pero pocos han dicho que van a hacer cuarentena antes de juntarse con su familia”, señala. 

En el mismo documento en el que se establecían las normas y restricciones aprobadas para las fiestas, el Ministerio de Sanidad incluía una serie de recomendaciones, entre ellas una especialmente dirigida “a los estudiantes”. “Se recomienda a los estudiantes que regresan a casa para las vacaciones que limiten las interacciones sociales y extremen las medidas de prevención los 10 días antes. Además, deberán atenerse a las medidas preventivas aplicables en cada comunidad y ciudad autónoma. Y, una vez en casa, deben limitar los contactos, respetar su burbuja de convivencia e interactuar sobre todo al aire libre, en lugar de en el interior”, reza la guía. 

Teniendo en cuenta que no hace falta ser estudiante para vivir lejos de casa y querer volver por Navidad, probablemente es esa la recomendación que más conviene interiorizar de todas, al margen de si estudias o trabajas. Es factible, realista y efectiva. 

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