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23/10/2020 07:10 CEST | Actualizado 23/10/2020 12:50 CEST

El fracaso de los matones: cinco notas sobre una moción de censura

A Vox le han faltado los votos, pero lo que es más decisivo es que le han faltado también las ideas.

1. Una moción de censura es un instrumento constitucional para ofrecer y debatir en el Congreso una alternativa al Gobierno de España. La moción de censura de Vox ha sido derrotada por 52 votos a favor y 298 en contra. Ha sido la que ha obtenido menos apoyo de la historia de la democracia española, sin haber conseguido sumar un solo voto fuera del partido que la proponía. Con todo, esto no es lo más importante: algunas mociones de censura pueden perder en votos y ganar política o moralmente. Por ejemplo, sembrando la idea de que hay una alternativa amplia, confiable y al alcance. A la moción de censura de Vox le han faltado los votos, pero lo que es más decisivo es que le han faltado también las ideas. Abascal ha estado frente a una gran oportunidad de explicar su modelo de país y de confrontarlo con argumentos frente a los que pensamos distinto. No ha sido capaz de hacer ni lo uno ni lo otro: el candidato no ha explicado nada sobre cómo resolver el difícil encaje de los diferentes pueblos dentro de España, nada sobre cómo generar miles de empleos, nada sobre cómo hacer frente a los retos del cambio climático, nada sobre cómo hacer frente a la violencia machista o sobre cómo reducir los precios de los alquileres.

Lo que es más grave aún: no ha dicho nada sobre cómo enfrentar al Covid. Nada sobre reforzar la sanidad pública, contratar más rastreadores, invertir en ciencia para avanzar en la vacuna en España o garantizar la conciliación y el teletrabajo, fundamentales para no atrasar una década las conquistas de derechos de las mujeres. Nada. A Abascal la moción se le ha hecho larga y le ha quedado grande. Al final se le veía cansado, apesadumbrado e irascible. Ha insultado mucho y a muchos. Como le dije ayer, entró como un matón y se ha ido a casa como un bufón. 

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El líder de Vox, Santiago Abascal, durante la moción de censura presentada por su partido, en el Congreso. 

2. La moción de censura buscaba principalmente desgastar a Casado y al PP, que se ha revuelto marcando fuertes distancias discursivas con Vox. Pero, para que el discurso de Casado sea creíble tiene que renunciar a los pactos con Vox en Madrid o Andalucía. Por decirlo de forma rápida: si Casado hoy iba en serio, Ayuso no tiene cabida en el PP que hemos escuchado hoy. 

3. Aunque Vox quiere proyectar una imagen de rebeldía, no hay nada de rebelde en ser servil con los multimillonarios -no por casualidad es el partido con más financiación privada en España- y cruel con los de abajo. Quien sirve a los intereses de los privilegiados e intenta azuzar el odio del penúltimo contra el último, por muchas bravuconadas que suelte, es un cobarde. Es un error tratar a Vox como una fuerza “antisistema”, está deseando ser vista así. Las ideas del odio contra los diferentes o contra los vulnerables son minoría en España. La derecha tiene históricamente en España la funesta manía de creerse que el país es suyo y de erigirse en quienes dan los carnets de buenos y malos españoles. La patria como patrimonio y la libertad como privilegio. Para ellos la libertad es el derecho absoluto y sin límites del que más tiene. Para nosotros los demócratas sólo puede ser en común para ser igualmente libres. Estas concepciones estrechas y mezquinas de la libertad y la patria también han salido derrotadas en la moción. España le queda grande a Vox.

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Bancada de Vox en el Congreso.

4. Sin embargo, los reaccionarios, los que viven del odio entre los humildes, solo crecen en sociedades rotas por la desigualdad, por el miedo y por la desesperación. Ese es el caldo de cultivo en el que la gente se aleja de la política, la democracia se vacía de pueblo y ya sólo queda la ley del que más tiene, el despotismo de los que mandan sin presentarse a elecciones. Fue el neoliberalismo quien trajo a la extrema derecha: primero se fragmentaron nuestras comunidades, la vida se hizo insegura, precaria, incierta. Luego vino la preocupación, la ansiedad, la falta de sentimiento de pertenencia, la desconfianza hacia lo público y lo común. Las élites económicas, las oligarquías, llevan décadas destruyendo los lazos sociales y las instituciones de protección: los convenios colectivos, la justicia fiscal, los servicios públicos, la buena educación al alcance de todo el mundo, la igualdad de oportunidades, las pensiones públicas. En definitiva, la idea misma de que vivimos no en una jungla donde o pisas o te pisan, sino en una sociedad con normas iguales para todos, que cuida de los suyos y en la que el esfuerzo se recompensa con derecho a una existencia tranquila. Eso ha saltado por los aires. Mejor dicho, lo han volado en mil pedazos aquellos a los que les estorbaba para ganar aún más dinero. Y ahora estamos más solos, tenemos más ansiedad y más miedo al futuro: Ese es el terreno abonado para el fascismo. Transformar esa situación debería ser la prioridad para quienes creemos en la libertad y la justicia social. 

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El presidente, Pedro Sánchez, y el líder de Vox, Santiago Abascal, durante la moción de censura presentada por su partido, en el Congreso. 

5. La moción de censura de Vox ha sido derrotada, pero las condiciones que llevan a cientos de miles de españoles a la desesperación, a la angustia o al resentimiento con la política siguen ahí. El problema no es “la polarización entre los políticos”, es que en la calle el clima está enrarecido, encanallado, en proceso de pudrirse. La política -y las crónicas y noticias sobre ella- tiene que dejar de centrarse en los políticos y volver a ocuparse de la vida cotidiana. La gente no sabe si su ERTE se convertirá en ERE, si le renovarán el contrato, si podrá pagar el alquiler el mes que viene, si cobrará alguna vez el Ingreso Mínimo Vital, si su pequeño negocio volverá a abrir o si puede tener la tranquilidad de una vejez segura tras una vida de trabajo. El Gobierno no puede conformarse con las peleítas con Vox, por cómodas que estas le resulten. Vox es sólo el síntoma.

El objetivo debe ser terminar con las condiciones que hacen que cunda la desesperación y el hastío. Un gobierno “progresista” no es el que choca mucho con Vox, sino el que es capaz de mirar frente a frente a las oligarquías para garantizar el derecho a una vida tranquila a su pueblo. Y esto aún está por hacerse. El Gobierno no debe caer en la tentación de ser “antiVox” antes que “antineoliberal”, aunque sea más fácil y cómodo. Ninguna de las apelaciones a la transición, de las menciones al pasado o de las llamadas al “consenso” lo solucionarán. Si Vox sirve para colocarnos a la defensiva o para acabar glorificando a Merkel, habría cumplido ya su función de mantenimiento -e incluso refuerzo- del statu quo. Está bien ser firmes con el síntoma, pero hay que enfrentar la causa. Nuestro objetivo no es frenar a Vox, ni siquiera a “las derechas”. Es y sigue siendo mucho más ambicioso: construir un país donde cualquiera pueda emprender sus proyectos de vida independientemente de en qué barrio haya nacido, donde cuidar y proteger el planeta sea una prioridad. Un país más libre, más justo y más verde. Un país donde nadie viva con miedo.

 

Íñigo Errejón es líder de Más País y diputado en el Congreso. 

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