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08/01/2021 15:00 CET | Actualizado 08/01/2021 15:00 CET

El importante nombramiento que ha hecho Biden y que ha pasado desapercibido

El presidente electo nomina al juez Merrick Garland como fiscal general del Estado

JIM WATSON via Getty Images
Merrick Garland, con Joe Biden al fondo. 

Con los graves acontecimientos del día 6 de enero en el Capitolio, ha pasado casi desapercibida la noticia, publicada ese mismo día, de que Joe Biden pensaba nominar a Merrick Garland como fiscal general del Estado, puesto equivalente al de ministro de Justicia. El día 7 de enero, tras dar un discurso muy fuerte sobre los acontecimientos de la jornada anterior, Biden hizo oficial este nombramiento, así como los nombramientos de los principales miembros del equipo del nuevo fiscal general, cuyo puesto es siempre uno de los más importantes del Gobierno y, en las turbulentas circunstancias actuales, todavía más.

Hubo bastante presión por parte del ala progresista del partido demócrata para que Biden eligiera para el cargo de fiscal general a una persona de ideas liberales que, a poder ser, fuese miembro de las minorías étnicas. En lugar de eso, Biden ha escogido a un hombre blanco que destaca por su moderación y centrismo. Garland, juez del Tribunal de Apelaciones muy apreciado por su gran inteligencia e integridad, se hizo famoso en 2016 cuando Barack Obama lo propuso para el Tribunal Supremo y el Senado, controlado por los republicanos, en una maniobra irregular y sin precedentes, se negó a someter a voto su confirmación y dejó el puesto vacante.  

La disculpa dada fue que a Obama le quedaba menos de un año de mandato y debería ser el próximo presidente quien eligiera el candidato a este cargo. Se trata de un razonamiento absurdo, según se vio luego, cuando los republicanos dejaron que Trump eligiera un juez para el Tribunal Supremo en el último mes de su mandato. Esta ruptura con las normas establecidas fue uno de los hitos que llevaron a la actual crisis, que es el resultado de una serie de infracciones cometidas por los republicanos durante los últimos años, infracciones que han minado el sistema democrático.  

Biden recalcó mucho en su presentación que el fiscal general debía ser totalmente autónomo

La razón por la que el líder republicano del Senado no quiso presentar la candidatura de Garland a votación es que éste contaba con el apoyo no solamente de todos los demócratas, sino también de algunos republicanos, por lo que tenía más que suficientes votos para ser confirmado. Esta aceptación que tiene Garland entre algunos republicanos, así como sus buenas cualidades personales, pueden ser precisamente las razones que llevaron a Biden a elegirlo para el cargo. Si el fiscal general va a tener que tomar decisiones difíciles que afectan negativamente a los republicanos, es mejor que éste sea percibido por ellos como una persona neutral y ecuánime.   

Natural de Chicago y procedente de una familia de clase media, Garland es nieto de inmigrantes judíos rusos que fueron a los Estados Unidos a comienzos del siglo XX huyendo de los pogromos, persecuciones antisemitas. Estudiante brillante, hizo la carrera de Derecho en la Universidad de Harvard. Tras ser ayudante de un juez del Tribunal Supremo, Garland ocupó un cargo en el Ministerio de Justicia, trabajando luego durante un tiempo en un bufete privado.  Garland regresó al sector público para ejercer como fiscal y de ahí pasó otra vez al Ministerio de Justicia, donde estuvo un tiempo. Finalmente accedió a la judicatura, llegando a ser presidente del Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia, en Washington, posición que ocupa en la actualidad. Este distrito es el más prominente de los trece que hay en el país y sus jueces son superados en prestigio solamente por los del Tribunal Supremo. Así pues, Garland tiene mucha experiencia y excelentes credenciales.  

Biden ha nombrado no solamente a Garland, sino también a los principales miembros del equipo de éste

Los asuntos con los que tendrá que lidiar, si es confirmado por el Senado para el cargo de fiscal general, incluyen, entre otros, seguridad cibernética, derechos civiles y métodos policiales, así como las actividades delictivas de Trump y sus colaboradores. Biden ha nombrado no solamente a Garland, sino también a los principales miembros del equipo de éste, que son su lugarteniente, Lisa Monaco, la tercera de a bordo, Vanita Gupta, y la jefa de la sección de Derechos Civiles, Kristen Clarke. Gupta es de origen indio y Clarke es de origen jamaicano, así que se trata de un equipo muy diverso que destaca por el alto calibre intelectual de sus miembros. Sin duda van a necesitar todo su talento para sacar adelante este ministerio, tan deteriorado por la politización salvaje a la que se ha visto sometido durante la presidencia de Trump, bajo el mando del último fiscal general, William Barr, que ha actuado más como abogado personal de éste que como representante de la ley.  

Biden, que quiere reparar los daños causados por Trump y por Barr en este ministerio, recalcó mucho en su presentación que el fiscal general debía ser totalmente autónomo. Biden considera que una de las tareas más importante a realizar es precisamente restaurar la independencia de este ministerio y fortalecer el estado de derecho, muy debilitado tras los implacables asaltos que ha sufrido en los últimos cuatro años. Está claro que las tres prioridades más altas de Biden para su mandato son enfrentarse a la enfermedad de Covid-19, solucionar la crisis económica y fortalecer el funcionamiento de las instituciones democráticas, empezando por el sistema de justicia. Los discursos que dieron Biden, Garland, Monaco, Gupta y Clarke el día 7 de enero tenían un tono de sobria solemnidad. Está claro que todos perciben su trabajo como fundamental para el futuro de la democracia.             

 

Cristina González es catedrática emérita de la Universidad de California, Davis, donde ha impartido clases de Literatura y cultura hispánicas en el Departamento de Español y de Historia y situación actual de la universidad americana en la Facultad de Educación.