El incierto futuro de Lenín Moreno en Ecuador

El incierto futuro de Lenín Moreno en Ecuador

Sobreviva o no el Gobierno ecuatoriano, el gran ganador de esta coyuntura es el expresidente Rafael Correa.

Protestas en Ecuador. Agencia Press South via Getty Images

Por Carlos de la Torre, director del Centro de Estudios Latinoamericanos, University of Florida:

Sobreviva o no el Gobierno ecuatoriano de Lenín Moreno, el gran ganador de esta coyuntura es el expresidente Rafael Correa.

El Gobierno de Moreno heredó una crisis económica provocada por el despilfarro de 10 años de correísmo (2007-2017). Pese a usar una retórica tecnocrática que prometía que Ecuador llegaría a la hipermodernidad de la nanotecnología, el Gobierno de Correa despilfarró recursos. La lista de obras públicas, o elefantes blancos inconclusos, son una refinería que no se construyó, otra que no se reparó e hidroeléctricas a medio terminar.

Después de tratar de aplicar políticas neokeynesianas y de no dar un “paquetazo”, Lenín terminó en las manos del Fondo Monetario Internacional. Para dar nuevos créditos, los tecnócratas del fondo sugirieron terminar con los subsidios a la gasolina y al diésel, reducir el tamaño del Estado e implementar la flexibilización laboral.

Sus modelos econométricos calcularon que el costo no sería muy alto para los sectores populares, olvidándose de que un incremento mínimo en el gasto de los más vulnerables puede significar no comer un día o reducir el número de comidas.

Además, al igual que los ministros de Moreno, olvidaron que los sectores populares consideran desde los años 70 del pasado siglo que el deber del Estado es dar gasolina barata, pues el petróleo es propiedad de todos los ecuatorianos.

La ruptura de este compromiso moral entre el Estado y el pueblo ha provocado una gran indignación. Indígenas, estudiantes, sectores de clase media de izquierda han salido a protestar en masa. Y lo hacen como siempre se ha protestado en Ecuador: forjando barricadas, lanzando cócteles molotov a la policía y cercando las ciudades desde el campo.

La respuesta de Lenín ha sido la represión, el diálogo con los transportistas, que fue exitoso, pues estos abandonaron la protesta a cambio de incrementar los costos del transporte, y tratar de calmar las aguas moviendo temporalmente el gobierno a Guayaquil.

La derecha y las clases medias respondieron a la crisis convocando marchas por la democracia y la paz. Palabras que suenan muy bien si no fuesen acompañadas de expresiones racistas en contra de los indígenas, que son estigmatizados cómo vándalos, zánganos y personas no preparadas para la democracia.

El futuro de Lenín es incierto. Por lo pronto goza del apoyo de las fuerzas armadas, de los empresarios y de algunos, pero no de todos, los políticos de derecha. Pero su suerte puede cambiar, dado que los militares ecuatorianos no tienen un historial de masacrar al pueblo.

La alianza pro Lenín se sustenta en el odio y el miedo a Rafael Correa. Hay que recordar que Correa puso a Lenín en la presidencia en 2017, esperando que le cubriera las espaldas de las denuncias de corrupción para regresar triunfal en 2021. Sin embargo, Lenín y varios de sus acólitos le traicionaron y permitieron que la justicia ponga al vicepresidente Jorge Glass y a varios exministros en la cárcel.

Correa también afronta juicios por casos de soborno, al usar fondos de Odebrecht para su campaña, y tiene una orden de prisión por ser el artífice del fallido intento de secuestro de un político de la oposición en Colombia. El proyecto de Lenín fue reinstitucionalizar la democracia y “descorreísar” el Estado.

Sin embargo, el gobierno de Moreno usó instrumentalmente las leyes para depurar las instituciones de control y rendición de cuentas de afines a Correa. Así, fueron destituidos el Fiscal, el Defensor del Pueblo, el Consejo Electoral y la Corte Constitucional. Estos cambios se lograron por la alianza en contra del legado del ex presidente. Pero al no basarse en la ley sino en los poderes excepcionales que otorgó un referéndum popular existe el peligro de que la reforma sólo dure mientras la coyuntura política favorezca a Lenín en contra de Correa.

A Correa le ha beneficiado que la protesta se produzca justo cuando debería empezar un juicio en su contra. Pero lo que más le ha beneficiado es el caos y la represión para reconstruir su imagen de redentor. En un vídeo publicado esta semana en TwitterCorrea recuerda que nunca dio un “paquetazo”, se presenta como víctima de la persecución de Moreno y pide adelantar las elecciones.

De este modo, frente a los tanques y el toque de queda de Moreno, Correa se erige como el gran demócrata y como el único que puede traer paz y tranquilidad al Ecuador.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original. 

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