POLÍTICA
01/12/2021 18:26 CET | Actualizado 01/12/2021 22:33 CET

El jurado declara culpables a los cuatro acusados de asesinar al concejal de IU Javier Ardines

La Fiscalía y la acusación popular piden penas de 25 años de prisión.

Europa Press News via Getty Images
La Guardia Civil investiga el domicilio de uno de los detenidos.

El jurado popular ha declarado culpables por unanimidad a los cuatro acusados del asesinato del concejal de IU en Llanes Javier Ardines en agosto de 2018. El fallo del tribunal incluye al supuesto inductor del crimen por celos tras descubrir que su mujer y el edil mantenían una relación, dos hombres que lo ejecutaron por dinero y la persona señalada como intermediario.

Tanto la Fiscalía como la acusación particular solicitan una pena de 25 años de prisión para Pedro Nieva, acusado como inductor, los ciudadanos argelinos Djilali Benatia y Maamar Kelii, presuntos sicarios, y Jesús Muguruza, señalado como intermediario. La sentencia queda ahora en manos de la Audiencia de Oviedo.

La deliberación del jurado comenzó el pasado lunes y ha sido esta tarde de miércoles cuando sus miembros han leído sus conclusiones en la Audiencia Provincial de Oviedo, donde se ha desarrollado la vista oral a lo largo de dieciocho sesiones y un mes de duración. En todo momento, los acusados han mantenido su inocencia y su petición de salir absueltos.

Las cuatro mujeres y los cinco hombres que conformaban el jurado han considerado probado por unanimidad que Pedro Nieva decidió acabar con la vida de Ardines movido por los celos.

Así, durante el fallo judicial se leyeron mensajes de móvil en los que se demostraba que Nieva hacía un seguimiento estrecho de su mujer por celos.

El relato de los hechos, según el tribunal

La “frustración” por la infidelidad supuso un “punto de inflexión” en el comportamiento de Pedro N.A, que comenzó a visitar páginas web sobre espionaje para buscar formas de controlar a su mujer o de test de paternidad. Los mensajes que intercambió durante meses con su mujer, a los que los investigadores accedieron tras volcar el contenido de su móvil, reflejaban “pena y rencor” pese a que ambos siguieron conviviendo en su casa de Amorebieta (Vizcaya), según el jurado.

Ya en julio de 2018, Nieva era conocedor de que su mujer iba a ir a pasar las vacaciones de verano a la casa familiar que tenían en Belomente de Pría, a pocos metros de la de Ardines, “aumentando aún más su frustración y desesperación” y también el “odio y rencor” hacia el edil. Según el jurado, contactó entonces con su amigo Jesús Muguruza, quien se prestó a intermediar con uno de los dos sicarios para pactar un precio.

“En su rol de inductor”, Pedro N.A. sólo se comunicaba con Jesús M., y éste en su “rol de intermediario”, lo hacía con Djilali B., quien, a su vez, lo hacía con su compatriota Maamar K., que también accedió a participar en el plan.

Unas semanas antes del asesinato, los tres primeros viajaron a Belmonte de Pría para reconocer el terreno y aportar información que facilitara la ejecución del crimen, según el jurado, quien ha hecho referencia a las geolocalizaciones de los teléfonos móviles y al reconocimiento del vehículo en las imágenes de varias cámaras de la autovía.

El día del asesinato, Djilali B. recogió a Maamar K. sobre las tres de la madrugada para viajar desde el País Vasco hasta la localidad llanisca, donde prepararon la emboscada de acuerdo al plan establecido. En el camino vecinal cercano a la vivienda de su víctima, colocaron tres vallas de obra para cortar el paso de Ardines, que solía salir de sobre las seis de la mañana para salir a pescar con su embarcación.

Ardines se vio obligado a bajarse del coche para retirar las vallas, momento en el que los dos sicarios salieron de su escondite para atacarle, primero con un espray de pimienta y después golpeándole la cabeza con un objeto sin aristas con tanta contundencia que le causó una fractura de cráneo, para finalmente estrangularle ya en el suelo, según ha concluido el jurado.

El jurado también ha recogido el hecho de que, pocos días antes del crimen, Pedro N.A. envió a la mujer y a la hija de Ardines la grabación de la conversación entre su esposa y el concejal con la que había confirmado meses antes la infidelidad, ignorando la posibilidad de que luego le pudiera señalar como posible responsable.