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17/09/2019 09:37 CEST | Actualizado 17/09/2019 13:08 CEST

La Fiscalía mantiene su petición de prisión permanente contra Ana Julia

Argumenta que acabó con la vida del pequeño Gabriel porque era un “obstáculo” para sus planes personales.

EFE
Ana Julia Quezada, única acusada por el asesinato del niño Gabriel Cruz, a su llegada este martes a la Audiencia Provincial de Almería.

La fiscal Elena María Fernández ha mantenido este martes su petición de prisión permanente revisable por el delito de asesinato para Ana Julia Quezada, la única acusada por la muerte de Gabriel Cruz, y ha asegurado que acabó con la vida del niño de 8 años porque era un “obstáculo” para sus planes personales.

La fiscal pide para Quezada prisión permanente revisable por el delito de asesinato y 10 años más por lesiones psíquicas a los padres del menor.

“Ha quedado acreditado el desapego afectivo que tenía Quezada con Gabriel, lo tenía ya con su propia hija Judith. Ha quedada acreditada una inquina y una aversión injusta totalmente hacia este niño que lleva a una intencionalidad perversa y consolidada en el tiempo”, ha dicho la fiscal durante la exposición de sus conclusiones definitivas en la séptima sesión del juicio.

El ministerio público ha mantenido que Gabriel “representaba un obstáculo” para la acusada, que asesinó al niño “primero para eliminar el vínculo afectivo entre el padre y el hijo, que incomodaba a sus planes de relación personal”, y sobre todo para “eliminar ese vínculo afectivo tan intenso que existía entre los padres, cuya prioridad era el interés de este niño, con dedicación y atención”.

Ha añadido que existía una “inquina y aversión” hacia Patricia Ramírez, la madre del menor, y que acabó con la vida del pequeño el 27 de marzo de 2018 cuando “se alinearon los astros” para ello, pero que podría haberlo hecho en cualquier momento.

“Acto único inmediato”

La fiscal Elena María Fernández ha sostenido este martes que el niño Gabriel murió en un “acto único inmediato, en una secuencia única sin interrupciones” asfixiado por Ana Julia, quien habría utilizado una “fuerza desproporcionada”, de forma “cruel y sangre fría”.

Durante la fase de conclusiones finales de la vista oral contra Quezada, ha asegurado que la acusada se llevó al niño el 27 de febrero del año pasado a la finca de Rodalquilar (Níjar, Almería), después de que éste accediera a acompañarla de forma “inocente”.

Una vez allí, cuando éste estaba “confiado, inocente, totalmente ajeno a la intencionalidad de Ana Julia, una persona de la que no se podía esperar ningún ataque, integrada en el entorno familiar”, la mujer con “absoluto desprecio, sangre fría y de manera repentina e inesperada”, lo proyectó contra una superficie plana.

En este punto, ha destacado la corpulencia y diferencia entre las estructuras corporales de la víctima y la acusada, que con lo anterior hizo que el pequeño no tuviera capacidad de defenderse por ser un ataque “repentino e imprevisible, por su propia complexión natural y el desvalimiento de un niño de 8 años que pesa 25 kilos”.

La fiscal ha asegurado que lo golpeó contra el suelo y le provocó un hematoma frontal de 2 centímetros, presentando otro en la zona parietal que se extiende tras la oreja derecha que sería compatible con los “golpes del propio mecanismo de sofocación, dada la fuerza desproporcionada sobre la boca y la nariz y la presión ejercida contra el suelo”.

En cualquier caso, ha reiterado que no se produjo una hemorragia “masiva” como defienden los peritos médicos de la acusación particular, subrayando que el niño, “sano, consciente”, se “resistió muchísimo” a Quezada mientras ésta lo asfixiaba.

Ha reiterado que no hubo “varias secuencias” como dice la acusación, ni una agonía de 45 o 60 minutos, recalcando que no se puede probar el ensañamiento ni existen síntomas de que hubiese sido “apaleado”.

“Una auténtica asesina”

Por su parte, el letrado Francisco Torres, que ejerce la acusación particular contra Ana Julia, ha subrayado este martes el presunto ensañamiento de la investigada a la hora de matar al pequeño, reiterando que lo dejó agonizar durante al menos 45 minutos antes de asfixiarlo.

“Estamos convencidos de que es una auténtica asesina. Mató haciendo sufrir al niño. Desconocemos si el móvil es sólo económico o es odio absoluto a la madre del niño o en el fondo es que simplemente le estorbaba en esa independencia” que buscaba, ha dicho durante sus conclusiones finales en la vista oral con jurado popular contra Quezada.

Ha aseverado que es una “sociopata auténtica” y ha pedido al jurado que “no le tiemble el pulso” porque hay que “apartarla de la sociedad porque con toda seguridad va a matar más niños”. “Estoy convencido de que Gabriel no es el primero al que mata”, ha apuntado en referencia a la muerte de la hija de Quezada en Burgos, tema sobre el que ya había hablado previamente.

Para Torres, que ha introducido “alguna modificación” en su relato pero mantiene todos los cargos contra ella, ha sostenido que la acusada se aseguró de que ningún familiar pudiera ir al “paraje desértico, apartado de todo” en el que estaba la finca en la que mató a Gabriel y que fomentó una coartada con otros miembros de la familia dentro de su “macabro plan”:

Así, dice que el 27 de febrero del año pasado, tras descargar las herramientas que iba a usar más tarde, de forma “inesperada” golpeó por la espalda al niño por detrás de la oreja con el palo de un hacha y lo dejó “agonizar”, recalcando que el pequeño no tenía ninguna posibilidad de defenderse, sobre todo por la confianza que tenía hacia ella al ser la pareja de su padre.

Ha realizado una defensa del informe pericial médico presentado frente a la autopsia y el informe de histopalogía oficiales, apuntando que incluso en éstos ya se recogen diversas lesiones que no se han tenido en cuenta porque los forenses “no han sabido integrar los diversos datos”

“No ven el proceso por el que una persona se va apagando hasta que muere, ven al muerto, pero no cómo acaba esa persona”; ha recalcado, tras lo que ha mostrado subrayado en verde los diferentes puntos del informe oficial en los que ya se recogen las heridas tenidas en cuentas por los doctores Nicasio Marín y Sergio Martínez a petición suya.

“En la comandancia lo primero que dijo la forense es que fue asfixia, porque aparecen petequias, puntitos rojos. En este país no rectifica nadie”, ha afirmado.

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