BLOGS
22/12/2020 07:02 CET | Actualizado 22/12/2020 15:52 CET

El macabro juego de la ruleta de los muertos

Quienes abominaban del divorcio, se divorcian; quienes abominaban de la despenalización del aborto, abortan...

Juan Medina / Reuters
Una mujer apoya la Ley de la Eutanasia, junto al Congreso. 

Lo ha vuelto a probar, más allá de toda duda razonable y de los límites de la decencia, el debate en el Congreso sobre la Ley de la Eutanasia. Como dice un refrán gomero, según me recuerda con frecuencia un amigo periodista, “cada cochino encuentra su chiquero”.  

Cada vez que tienen la más mínima ocasión, o por línea recta o por arabesco, las derechas –hasta hace bien poco, en singular– sacan los muertos en procesión política. Le tienen una devoción especial a la puesta en valor ideológico de los ataúdes. A la geometría de las lápidas y las cruces en los cementerios como mercancía política o como ballesta contra un enemigo que en realidad es solo un adversario. Un contrincante. 

Unas veces, como pasó con los cadáveres de los militares españoles caídos cuando se estrelló en una helada meseta turca el Yakolev en el que volvían a casa, con una total y absoluta falta de respeto. La chapucera identificación sí que era a lo Frankenstein; tuvo que cambiar el Gobierno y que José Bono sustituyera a Trillo para hacer las cosas como Dios manda, sea quien sea el dios que corresponda en cada caso. 

Luego está otro ejemplo de lo que puede llegar a hacer la indecencia política, cuando de lo que se trata es de ganar el poder como sea. Cuando Aznar ya sabía que el atentado del 11-M en Madrid era obra de unos yihadistas islámicos, siguió sosteniendo que había sido ETA. La explicación era tan sencilla como indigna, y hacía trizas las reglas del juego: si fueran los etarras, ganaba el PP, sostenían los brujos de la tribu de la gaviota; pero si eran los radicales islamistas, la cosa cambiaría: Zapatero tendría más posibilidades por la indignación nacional contra la guerra de Irak y la foto de las Azores. Lo que se olvida es que ya el candidato socialista avanzaba a toda vela y con buen viento en las encuestas. 

¿Fue venganza o reconcomio de Rajoy cuando en un pleno del Congreso acusó a ZP de ‘traicionar’ a los muertos por estar negociando con la banda un alto el fuego y el abandono de las armas? Hay que insistir en que Aznar no sólo lo había  hecho, sino que elevó a los asesinos a “Movimiento Nacional de Liberación Vasco”, les prometió por pago anticipado que el Estado sabría ser generoso y que no habría ni vencedores ni vencidos, y como prueba de buena voluntad comenzó a acercar presos al País Vasco. 

El PP presume orgullosamente de su condición reaccionaria: ha estado ‘valientemente’ en contra de todas las leyes de progreso social

Durante todo el tiempo, se ha soplado la llama del amor a Dios y el odio eterno al contrario. Hasta que la mismísima Asociación de Víctimas del Terrorismo ha dicho ‘basta ya’. Fue hace poco, cuando por Juana o por su hermana, Santiago Abascal leyó la lista de los casi 1.000 asesinados por ETA, como munición de la ‘oposición Francostein’ contra el ‘Gobierno Frankenstein’ por estar en tratos presupuestarios con Arnaldo Otegi y Bildu. No son ciertamente compañías recomendables para los demócratas, como tampoco las de los ‘cuasi’ golpistas catalanes, pertenezcan al  grupo, subgrupo o especie del catálogo al que estén adscritos.

Pero Sánchez ha hecho de la necesidad, a la que le condujo la avaricia y la torpeza estratégica de Albert Rivera y la cerrazón mental de Pablo Casado, virtud para la supervivencia. Dicen las abuelas a sus nietos mataperros –al menos en la era predigital– “niño, no acoses al animal en un callejón sin salida, porque se revira y te muerde”. 

Esta historia de la necrofilia conservadora estaría incompleta sin el vergonzoso episodio del infame acoso promovido por Esperanza Aguirre y el consejero Lamela con el inestimable apoyo en las tertulias del exportavoz aznarista Miguel Ángel Rodríguez contra el doctor Montes, un destacado especialista en cuidados paliativos a quien se acusó junto a todo su equipo de colaboradores, sin ningún fundamento que no fuera el odio sarraceno, de ‘eutanasiar’ a ancianos y enfermos terminales. Eso lo decían, no por casualidad, los mismos responsables de la gran mortandad por la covid-19 en las residencias de mayores de la Comunidad de Madrid.

El doctor Montes fue exonerado finalmente por los tribunales de justicia de todas las acusaciones. Sin embargo sus denunciantes, que demostraron unas dosis venenosas de maldad, aún siguen siendo factótums en el PP. El famoso y condenado MAR, incluso, es ahora asesor jefe y rasputinito de Isabel Díaz Ayuso, gran personaje para un Club de la TragiComedia.

Quienes abominaban del divorcio, se divorcian; quienes abominaban de la despenalización del aborto, abortan...

Dijo J.M. Keynes en su famosa conferencia en la Escuela de Verano del Partido Liberal en Cambridge en agosto de 1925 que “el Partido Conservador siempre será un hogar para los reaccionarios”. Esto se puede ver claramente en varios casos actuales: en el propio Reino Unido, en Estados Unidos… y en España con la deriva del Partido Popular. Sea por su componente franquista que ha vivido en su interior y que sigue ¡presente! incluso tras la escisión de Vox, o por el mero hecho de llevar la contraria hasta cuando los demás tienen razón, sólo por joder y atontar a su feligresía cortopensadora, o por marcar un territorio de oposición ‘valiente y sin complejos’… lo cierto es que el PP presume orgullosamente de su condición reaccionaria: ha estado ‘valientemente’ en contra de todas las leyes de progreso social. Se opuso al divorcio, al aborto, al matrimonio homosexual, vació presupuestariamente cuanto pudo al Servicio Nacional de Salud y a las leyes de la dependencia, que votó a regañadientes para no quedar aislado. 

Pero ya vemos cómo ha actuado en Madrid. La tragedia en las residencias de mayores no se puede ocultar a pesar de las densas columnas de humo que lanzan los estrategas del despiste y el cinismo. 

Un obispo dijo, cuando la persecución a los especialistas en paliativos, que morir con dolor era como un derecho de los cristianos; era un martirio, como el de Jesús en la cruz. Directos al cielo. ¿Se puede ser más cruel? 

Yerra Casado, como erró Rajoy y antes Aznar, en esta táctica de tierra quemada y corazón frío. Es escalón tras escalón subiendo al mayor de los ridículos. A pesar de sus aspavientos y golpes de pecho, la verdad los ha hecho presos y no libres como en el evangelio de San Juan. Presos de sus juramentos en falso. Quienes abominaban del divorcio, se divorcian; quienes abominaban de la despenalización condicionada del aborto, abortan, quienes abominaban del matrimonio homosexual se matrimonian gracias a Zapatero…. 

También estas dos derechas, PP y Vox, se equivocan con su tremendismo contra las leyes de eutanasia; unas leyes con muchos controles de seguridad, muy garantista, y que responde no únicamente a una amplia demanda social contrastada, sino a las crecientes necesidades del futuro. La mayor esperanza de vida, gracias a la química, a las vacunas y a los tratamientos médicos, preventivos –detección temprana de tumores, cardiopatías, diabetes… y mejores hábitos saludables– o quirúrgicos, trae consigo un paralelo crecimiento del mal de Alzheimer y las demencias seniles, o de enfermedades irreversibles que, todas ellas, suelen acabar convirtiendo a las personas en vegetales.

A pesar de las astracanadas que se dijeron en el hemiciclo, se ha aprobado otra ley que nos hace más libres y más dueños de nuestro destino

Casi todos hemos tenido cerca dramáticas experiencias. Hoy es domingo, y he estado hablando con el hijo de un buen amigo; a pesar de los años que me lleva, que desde que empezó a notar los síntomas planteó a su familia sus deseos de morir con dignidad. Me lo ha confesado muchas veces. “Ángel, así no vale la pena seguir viviendo”. No es un donnadie. Es un ilustre jurista, hombre de intachable conducta, sabio y cordial. Hace un par de meses me confiaba, aún con un vaso de whisky en la mano, que esperaba que se aprobara “pronto” la eutanasia. 

En medio de la pandemia, y a pesar de las astracanadas que se dijeron en el hemiciclo, aquello de la ‘fábrica de la muerte’ y otras desmesuras más en la senda de la subnormalidad que en la de la dialéctica fundada en la razón, se ha aprobado otra de las leyes de sustantividad progresista que nos hace más libres y más dueños de nuestro destino. Poco a poco será una nueva normalidad. Como lo han sido las que la han precedido. 

La verdadera tragedia española y la mayor vergüenza nacional actual es que aún queden civiles republicanos asesinados por el franco-falangismo de la posguerra en fosas y cunetas. Y, encima, que algunos malnacidos quieran más cunetas. Esos muertos también están en la ruleta de los tahúres que trampean la historia con cartas marcadas.