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13/12/2020 10:04 CET | Actualizado 13/12/2020 10:04 CET

El modelo de partido

Los números no salen. La crisis económica/social/emocional derribará al PSOE.

Pablo Blazquez Dominguez via Getty Images
El presidente, Pedro Sánchez. 

En cuanto ZP ganó la Secretaría General (SG) del PSOE estudió a un politólogo italiano que defendía una serie de postulados con los que alcanzar el Gobierno. Explicaba que con una una campaña de publicidad perpetua en la oposición y un líder sólido se conquistaba el Gobierno. Añadía el susodicho que los partidos debían periclitar sus aparatos y centros de reunión y poner lo poco que restase al servicio del líder. Al tiempo se ahorrarían recursos que serían utilizados a través de los medios, la publicidad y más adelante las redes sociales en ensalzar al cabeza de partido. ZP aplicó el cuento, empezando a finiquitar la libertad de expresión dentro del PSOE. Se intuía su deriva a la ultra izquierda en la que se ha asentado, declarando por ejemplo que las pasadas elecciones en Venezuela serían democráticas, lo que no ha ocurrido. Luego pidió que se reconociese el resultado. Guaidó le acusó tras la bufonada electoral de “ser cómplice de la violación de derechos humanos”. ZP ha insultado a la mayoría del pueblo venezolano y a toda la oposición. Reconozco que ZP aprobó dos leyes sustanciales socialdemócratas, la de igualdad y la de dependencia. No obstante, a día de hoy hay una legión de antiguos zapateristas que lo han abandonado.

Recuerdo que en sus legislaturas, en nuestras casas del pueblo, al igual que ahora, se cercenaba el debate. Asistí a una charla informativa en la que militaba, no las había de otro tipo. Entonces alcé la voz a fin de contraargumentar al ponente. Me negaron la palabra y contesté que no éramos un partido trotskista, con lo logré que se entablase un dialogo entre compañer@s. Con lo que no contaba ZP es que nuestras casas del pueblo eran lugares de reunión y discusión, con un componente lúdico. Había incluso bares en las casas del pueblo donde los militantes se dedicaban a la fraternidad charlando de cuestiones personales. Esa fraternidad socialista se la cargó ZP de un testarazo, la fraternidad que formó parte de nuestras señas de identidad desde la época de nuestro fundador.

Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Valenciano intentaron revertirlo, pero no les dio tiempo.

Los números no salen. La crisis económica/social/emocional derribará al PSOE

Ahora Sánchez ha multiplicado exponencialmente la práctica de ZP. Viajando por las federaciones del partido, éste no existe, y menos la discusión intramuros. Las casas del pueblo de España abren apenas dos veces a la semana, cuando antes lo hacían todos los días, fomentando un ambiente de cívico fervor socialista que dinamizaba la sociedad. La generación de la vaca sagrada y referente político del socialismo español, Felipe González, y la de su referente moral, Alfonso Guerra, sabían que desde las casas del pueblo se estimulaba a la sociedad, pues siempre hemos sido una ciudadanía que vive y disfruta de cara a las calles. González, Guerra, mi padre y los refundadores del PSOE observaron y aplicaron la inserción en el tejido social, que tan magníficos resultados obtuvo al conservar el Gobierno 14 años. Se trataba de permear todos los estratos, de estar y convencer desde la seducción y luego la persuasión (tesis que defiende Aristóteles en su libro Retórica, en otro contexto), que el socialismo era el autentico vertebrador de la justicia social desde el centro progresista. Estábamos presentes en oficinas privadas y publicas, centros educativos, fábricas, un largo etc. Ya no lo estamos. La idea y la praxis nos la copió con acierto el PP, una organización que lleva 40 años buscando el centro sin encontrarlo. La demostración es que el PP tiene 840.000 militantes, pagando cuota, y nosotros solo 180.000. El PP ahora realiza con su fuerza numérica la inserción en el tejido social.

Sánchez, además de dinamitar nuestra organización, no convoca al comité federal, el máximo órgano entre congresos. El SG que suceda a Sánchez defenderá la gestión social comunista de Sánchez –extravío de votos– y se encontrará con un partido laminado incapaz de dedicarse a la acción política, abocado a convertirse en un partido residual, como en Francia, Grecia, Italia y demás países.

Considero que España, pese al ascenso de la ultraderecha, sigue siendo un país de centro izquierda, esencia de nuestro partido. Esencia que lo era y no lo es. Lo de una sociedad de centro izquierda lo dice desde hace décadas por activa y pasiva Alfonso Guerra, y sigue teniendo razón. Se ha visto en la cantidad de años que el electorado ha depositado y sigue depositando su confianza en nosotros. Hasta que deje de hacerlo, dentro de poco. Tezanos es el único político que cocina torticeramente las encuestas del CIS. Me consta que no había ocurrido hasta ahora. Al menos ha proporcionado una información de realidad, que el 60% de los españoles está en contra del Gobierno, dato anterior a la aprobación de los PGE, con las componendas de Bildu y ERC. Eso nos ha restado el doble de base electoral. Tezanos no lo reflejará en el CIS. La última encuesta de Antena 3 corrobora que la suma de las fuerzas en la tensión de la ballesta parlamentaria están igualadas.

Entiendo necesario muscular nuestra organización. El PSOE es un instrumento para la participación democrática de los militantes en la política, respetando la libertad de conciencia y de expresión en su seno. Mejor descrito, lo fue hace años. A partir del pensamiento crítico se confrontan ideas que desembocan en premisas vigorosas. No ocurre. Felipe González  sometía a debate y votación de la Ejecutiva Federal las decisiones de calado. Nuestro partido era una unidad fuera del Gobierno pero leal a su presidente y secretario general, que trabaja mano a mano con el mismo. A Sánchez le es indiferente el PSOE. Sánchez es un César que desconoce uno de los axiomas de Julio César: “La relajación de las costumbres conduce a la barbarie”. La barbarie se resume en la política de ultra izquierda de Sánchez.

La jeringuilla de la moral brilla por su ausencia en el Parlamento, salvo en Ciudadanos, el único partido de centro reformista

Precisamos regresar a la inserción en el tejido social, aunque Sánchez no lo hará. Antes, en el recorrido, los secretarios de la Ejecutiva Federal, estando en concordancia con los ministros, son los que ampliaban y llevaban el mensaje del Gobierno a los rincones de nuestra geografía. Los secretarios de la EF del partido, al presente, son títeres. Y a través de nuestras casas del pueblo, permitiendo la confrontación desde la discrepancia constructiva, objetivable. No sucede. Encima, Sánchez ha eliminado por completo a nuestros cuadros, los que representaban el puente entre la militancia y los dirigentes, los que articulaban hechos y doctrina. Entre todos nos esforzábamos en hacer partido, vivificarlo a cada instante y apuntalarlo en lo cercano y lo remoto. Ya nadie hace partido.

Debemos adelantarnos a la velocidad de la pandemia. Son tiempos de medir menos los tiempos en política. Hasta que nos inyecten la vacuna y después. La inyección económica de la UE tardará en llegar y apenas paliará el desastre. Los números no salen. La crisis económica/social/emocional derribará al PSOE. La jeringuilla de la moral brilla por su ausencia en el Parlamento, salvo en Ciudadanos, el único partido de centro reformista.

O el PSOE vuelve a su ser o crearemos en meses un partido que se podría llamar PSDE (Partido Socialdemócrata Español), anclado en el radicalismo democrático y capaz de aglutinar todo el voto del centro progresista, un partido de gobierno.

¿Cómo? Hay ideas de multitud de personas en la mesa.