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10/10/2012 08:38 CEST | Actualizado 07/12/2017 04:01 CET

El noble arte de hacer el imbécil (3ª parte)

Como te iba diciendo... 20:37 h de un día cualquiera de octubre de 2011. Tras una agotadora jornada de paro obrero, Don Marcos Hervera (usease, el tercer Sabático) se enfunda su esquijama favorito y se dispone a disfrutar de ese oscuro acto de sadomasoquismo diario tan de moda entre la población española: cenar viendo el telediario.

Crisis por aquí, prima de riesgo por allá, inundaciones en Iowa y Lady Gaga desfilando con su nuevo traje de pimientos del piquillo... Lo que se dice un día de lo más normal oiga. Cuando de repente...

En ese mismo momento al otro lado de la ciudad, Pablo (usease yo) ajeno a los acontecimientos recibo la sorpresiva y no por ello menos sorprendente llamada de la gente de El Intermedio ofreciéndonos colaborar en su programa.

Como podréis imaginaros la decisión no fue nada fácil amigas. Por supuesto que queríamos dar el salto a la pequeña pantalla, pero siempre habíamos soñado con hacerlo de la mano de un gran profesional de la información como Juan y medio o Cristina Tárrega y no de un principiante como El Gran Wyoming. Aún así, tras una profunda y concienzuda reflexión de más de 5 segundos, aceptamos la propuesta.

Una vez dado el "sí, quiero", se nos planteaba la no menos difícil decisión de elegir destino. Después de haber grabado nuestra primera temporada en India, el sitio con más chiflaos por centímetro cuadrado del mundo mundial, necesitábamos encontrar un país a la altura para nuestra puesta de largo en el mundo de la televisión. Entonces fue cuando un señor de Albacete llamado Chiqui nos habló de un país donde entre otras manías tienen máquinas expendedoras de bragas usadas... Inmediatamente supimos que Japón era nuestro destino.

Nunca llegamos a encontrar las dichosas maquinitas, pero lo que sí vimos fueron señores de 200 kilos peleando en taparrabos, muchachas disfrazadas de muñecas manga, bares donde alquilan gatos por horas y teléfonos móviles de "ultimérrima" generación capaces de atrapar al Bosón de Higgs y enviártelo por WhatsApp. Ante un panorama tan surrealista la pregunta era: ¿Qué demonios podemos hacer nosotros para lograr sorprender a esta gente?

Y como la única manera de ganar a un tarao es estar más tarao que él, decidimos darles a probar de su propia medicina:

A ver, no quiero que me malinterpretéis, no todo el mundo en Tokio es un bicho raro. También hay gente de lo más normal; yesistas, panaderos, amas de casa e incluso científicos del más alto copete:

Cuando volvimos a España y enseñamos todo el material montado a los "Wyoming boys", lejos de abofetearnos se mostraron encantados con los vídeos hasta el punto de ofrecernos grabar una 3ª temporada. Y así fue como a golpe de hacer el imbécil nos plantamos en Brasil. Pero eso te lo contaré otro día.

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