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04/07/2020 09:57 CEST | Actualizado 04/07/2020 09:57 CEST

El Orgullo de Madrid

Es normal que este año todo sea distinto, pero lo que no es tan normal es que no haya banderas en la fachada ni en ningún espacio institucional de Cibeles.

NurPhoto via Getty Images
Participantes en una marcha con motivo de la celebración del Orgullo en Madrid, el 28 de junio. 

La primera manifestación del Orgullo en nuestra ciudad fue organizada por el Frente de Liberación Homosexual de Castilla en 1978; un año antes había tenido lugar la de Barcelona. La cita madrileña reunió a 7.000 manifestantes que coreaban consignas contra la Ley de Peligrosidad Social, y fue nuestro compañero Ramón Linaza quien “prestó” su firma para registrar esta protesta ante el Gobierno Civil, toda una heroicidad en esa época. 

Después, y desde un punto de vista histórico y social, de forma bastante rápida e implacable, esa manifestación fue creciendo y creciendo y, en torno a ella, y con base fundamental en Chueca, se desarrollaron otras muchas actividades que la acompañaban. El avance de los derechos LGTBI+ es imparable, aunque no ha eliminado aún las violencias y las desigualdades que siguen sufriendo las personas del colectivo LGTBI, especialmente las personas trans.

No me voy a extender mucho más en lo que el Orgullo ha cambiado desde entonces a nuestros días en los que es un referente internacional, pero es obvio que su incontestable poderío ha contribuido enormemente a la gran transformación social producido en nuestro país sobre los derechos LGTBI. Y ha dado forma a nuestra ciudad, y nuestra ciudad al Orgullo, como si ambos espacio de necesitaran, se retroalimentaran, se condicionaran. Madrid le debe mucho a Orgullo y el Orgullo a Madrid. 

Es normal que este año todo sea distinto, pero lo que no es tan normal es que no haya banderas en la fachada ni en ningún espacio institucional de Cibeles.

Este año todo es distinto. Tanto la manifestación como el resto de actividades y eventos festivos que lo acompañan no podrán tener lugar de forma presencial. De hecho, las entidades organizadoras de este evento fueron rápidas y muy conscientes desde el principio de la gravedad de la situación y rápidamente suspendieron la celebración en las calles; no en vano siempre ha sido un movimiento responsable y cuidador de la ciudad que lo aloja. 

Es normal, pues, que este año todo sea distinto, pero lo que no es tan normal es que no haya bandera en la fachada ni en ningún espacio institucional de Cibeles o los edificios municipales, no haya declaración institucional, que el mini acto institucional no cuente con la presencia del alcalde o que la campaña del Ayuntamiento no tenga mensaje reivindicativo y se limite a una sucesión de colores chillones. Y eso a pesar de que los colectivos han hecho su trabajo y han dedicado este Orgullo a “Sororidad y feminismo para TRANSformar. ¡Mujeres lesbianas, trans y bisexuales en acción! ¡Por las más vulnerables!”. Reivindicación que el Ayuntamiento de la capital ha preferido no tener en cuenta. (Invisibilizando a la mujeres y no escuchando las reivindicaciones de los colectivos Trans sobre que el Orgullo no sólo se trata de amar, si no de identidad, haciendo una especial mención a esas revueltas como consecuencia de los disturbios de Stonewall. Donde mujeres racializadas y pertenecientes al colectivo trans han sido las referentes del movimiento y las eternas invisibilizadas.)

En fin, son ya muchos gestos, que comenzaron a notarse el año pasado a pesar de que dejamos todo cerrado, que denotan que el Ayuntamiento quiere que el Orgullo pase rápido y casi sin darnos cuenta. No ama su Orgullo y eso se nota. Y es muy grave. No va a renunciar al evento porque deja grandes beneficios económicos para la ciudad pero se ponen de perfil. Es grave y triste, sí, y significa que no se ha entendido para nada lo que es  el Orgullo para esta ciudad y lo importante que es el Orgullo madrileño. 

Es incomprensible, e incluso puede que muy dañino a medio y largo plazo, que una institución como el Ayuntamiento no cuide este regalo para nuestra ciudad.

Lo vimos claro en 2017, cuando la celebración del World Pride dejó boquiabierto a buena parte del mundo, que alucina con su carácter masivo y transversal. Por eso es un espejo en el que se miran muchos orgullos del mundo porque es distinto, involucra a TODA la ciudadanía y es un imán para personas de muchas partes del mundo vengan a nuestra ciudad esos días, no solo a divertirse, sino a ser ellas mismas con la complicidad y el abrazo de Madrid. 

Es incomprensible, e incluso puede que muy dañino a medio y largo plazo, que una institución como el Ayuntamiento no cuide este regalo para nuestra ciudad. Solo se puede entender desde la intransigencia, el sectarismo, la falta de valentía. Desde el peso de los votos de la extrema derecha, sin los cuales el alcalde no sería alcalde. Justo lo contrario a los atributos del Orgullo. 

Equidad, libertad, diversidad en las calles de Madrid. ¿Podemos contar con el Ayuntamiento para eso?

Rita Maestre es madrileña. Portavoz de medios de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital.