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02/04/2019 07:38 CEST | Actualizado 02/04/2019 07:38 CEST

El papa en Marruecos, el misterio de Argel, la guerra de Mali y la paz en España…

POOL New / Reuters

En política internacional las casualidades suelen ser el punto de encuentro de unas minuciosas estrategias. La visita de Su Santidad a la capital de Marruecos, donde fue recibido con todos los honores por Mohamed VI y su heredero, el sábado y domingo pasados, no es un ‘algo’ desconectado del conjunto de los problemas que se ciernen sobre el Magreb propiamente dicho, y parte del Sahel.

A su vez el mensaje del pontífice católico ha tenido claras ‘indirectas’ –en el lenguaje vaticano- que pueden ser válidas tanto para Marruecos y el conflicto de sus ‘provincias del sur’ (el enquistado problema del Frente Polisario y la cada vez más fantasmal RASD, enclavada en un trozo del territorio argelino), como para España y el caso catalán.

En la habitual rueda de prensa a bordo del avión papal, muy eficaces para copar primeras planas antes del programa oficial, el italiano Bergoglio –jesuita y franciscano, al fin y al cabo- respondió muy sibilinamente a la pregunta sobre cuándo visitaría España con un ¿maquiavélico o florentino? “cuando haya paz”.  Quizás esta respuesta no deba desgajarse de la parábola elegida para la lectura del Evangelio en Rabat: el hijo pródigo. Leída en perfecto español argentino por S.S., encerraba varias claves que podrían aplicarse tanto a la inmigración, una de las grandes preocupaciones de este pontificado, como a los conflictos de Marruecos con el Polisario y de España con el separatismo que ha dividido en dos a la sociedad catalana.

Esta visita de Bergoglio ha pasado demasiado desapercibida en España en medio de toda la actualidad de extrema fugacidad de una de las campañas electorales que, sin exageración, pueden considerarse históricas, que es una de las razones por la que cualquier tontería, ocurrencia o trola consigue titulares propios de los asuntos más serios.

El bipartidismo tradicional es dado por finiquitado, o por extenuado, en la mayor parte de las encuestas. Los dos grandes bloques desde la Transición, el PP y el PSOE y viceversa, pueden dar paso a un mosaico de extrema complejidad. El Partido Popular, nacido de la Alianza Popular creada por Manuel Fraga para aglutinar a todas las derechas, y profilácticamente a los herederos del franquismo también, se ha roto en tres: Ciudadanos, nacido ab initio para enfrentarse al secesionismo en las provincias catalanas, operación en la que cosechó un potente éxito que le convirtió en el partido más votado, y luego convertido, por este fortísimo impulso, en partido de ámbito nacional impulsado por su firme defensa del españolismo; Vox, el alma franquista, la nostalgia militante, que no oculta –con ciertos toques putinescos de machos alfa- su condición a pesar de que sus más moderados aliados de ‘las derechas’ intenten disimularla por el ‘qué dirán’ de los europeos; y, por fin, lo que queda del PP timoneado por Pablo Casado, a su vez, delfín con vocación de orca de José María Aznar.

En el campo de la izquierda Pedro Sánchez se ha encontrado de repente en el ámbito de la moderación ocupando el centro político. A un lado, ‘las tres derechas’ y al otro Podemos en caída libre. Eso produce una doble incógnita: si no hay frenada y marcha atrás, el derrumbe de Pablo Iglesias puede impedir una mayoría suficiente entre el PSOE y la formación morada; y aquí viene el misterio: ¿eso es bueno o malo para el sanchismo?

Puede ser malo si el PSOE se estanca en 110/120 diputados; pero puede ser bueno si a última hora se produce un ‘efecto Zapatero’ y el ‘renacido’ que explicó su triunfo en el Manual de supervivencia logra dar la sorpresa y raspa la mayoría absoluta con una horquilla de 130/140… o 150. De lo que al parecer no hay duda es que la táctica del Secretario General del PSOE de utilizar el BOE en forma de programa electoral, con un abanico de medidas sociales que benefician transversalmente a toda la gente y que ha sido la clave para el cambio de tendencia. Calificar a los viernes, día del Consejo de Ministros, como los ‘viernes sociales’, podrá ser una triquiñuela que bordee la ley electoral, es obvio, pero nada distinto a lo que han hecho sus antecesores; y al parecer por lo pronto de mucha efectividad en el universo fake

Si el nuevo régimen argelino es una ruptura con el partido único y su casta dirigente, dando pie a un sistema democrático similar al marroquí, el Frente Polisario puede tener sus meses, o pocos años, contados...

Cuando el pontífice habla en Rabat, en un polideportivo atestado con 60.000 personas, ¿se está dirigiendo indirectamente a España con la parábola del hijo pródigo? ¿Quién ejercería de hijo que se fue de su casa y que, al arruinarse en la emigración, volvió al hogar y fue recibido con alegría por su padre y con enfado por su hermano? ¿Es una llamada a los separatistas catalanes para que se dejen de tonterías y vuelvan al cobijo constitucional, y al Estado para que los vuelva a recibir alborozado y como si nada hubiera pasado? ¿A eso se refería en el avión que lo llevaba a Rabat cuando exigía ‘la paz’ para visitar España?

Claro que el Vaticano, que ve muy a lo lejos y a lo ancho, puede aludir por igual al conflicto del antiguo Sahara Español, ahora Sahara Occidental. ¿Es asimismo una llamada doble al rey de Marruecos y a la dirección del Frente Polisario para que lleguen a un acuerdo? Un acuerdo que sería absolutamente decisivo en estos momentos en que el fanatismo yihadista está poniendo a prueba los seculares equilibrios en una región que está conectada desde el desplome tribal de Libia, un estado fallido fabricante de terroristas y traficantes, con Mali, donde fuerzas internacionales, lideradas por Francia y España, que aportan los mayores contingentes militares, tratan de contener, de momento con éxito, las embestidas de las secuelas o franquicias de Al Qaeda y el ISIS…

Entre Marruecos, que aguanta la embestida islamista con una nueva Constitución con muchas similitudes con las occidentales, y unos planes de desarrollo que poco a poco comienzan a notarse (pero que siguen siendo insuficientes) y el infierno Libio, se encuentra Argelia. Y lo que ocurra en este país será decisivo para la estabilidad, o no, de todo este conjunto (Marruecos, Argelia, Mali…y más abajo, en la ribera atlántica: Mauritania, Senegal…). La sucesión de Buteflika, heredero de la doctrina de Bumedián (el apoyo a todos los movimientos de liberación, que incluía a grupos terroristas europeos que fueron desapareciendo en su origen) plantea un horizonte lleno de incógnitas.

Si lo que viene es un cambio de régimen, y ese nuevo régimen es una ruptura con el partido único y su casta dirigente, dando pie a un sistema democrático similar al marroquí, el Polisario puede tener sus meses, o pocos años, contados. La economía argelina necesita el mercado marroquí, tanto como Marruecos necesita el mercado argelino. La apertura de la frontera y la necesidad de Argel de controlar todo el territorio, sin grieta alguna, para controlar asimismo el posible flujo de yihadistas desde Libia o Mali, implicaría el ejercicio pleno de la soberanía policial y militar sobre los campamentos de Tinduf.

¿Están allí los otros ‘hijos pródigos? Fuentes marroquíes han sostenido en los últimos años que Mohamed VI ya los está recibiendo con los ‘brazos’ y los cargos abiertos. Muchos polisarios arrepentidos forman parte de la alta Administración marroquí, muchas veces con el enfado de los hermanos que se han quedado al lado del padre (el monarca alauita) y que se consideran injustamente preteridos.

La ‘oportunidad’ o la razón oficial del viaje de Francisco es el drama global de la emigración-inmigración, que tiene uno de sus focos principales en el Mediterráneo. Pero el éxodo que está teniendo lugar, no es producto solamente de la búsqueda de una vida mejor, sino de la corrupción, las tiranías, el hambre, las persecuciones religiosas…“Son tantas las circunstancias que pueden alimentar la división y la confrontación…”, dijo el pontífice.

Sin duda esta visita a Rabat de Su Santidad y jefe del Estado del Vaticano es otra hábil maniobra de Mohamed VI, sea quien sea el proponente. El papa de Roma ha estado en la capital del Reino de Marruecos, uno de los grandes líderes africanos, por otra parte un aliado preferente de Europa. No está en Europa, no limita con Francia o con Suiza o con Alemania. Está en África y limita con Argelia, Mali, Mauritania… en un periodo crítico para todos los mundos que se mueven y entrelazan estos dos continentes, como mínimo. 

 

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